“Evo, Goni la misma porquería”

susana-selemeSusana Seleme Antelo

Era la consigna que los marchistas de La Paz coreaban para denunciar que la represión, los gases y los chorros de agua de la policía son iguales en tiempos de Goni y Evo. Es decir, la misma violencia en tiempos neoliberales que en ‘tiempos de cambio’. La misma tozudez política frente los reclamos de asalariados que nunca cambian sus demandas de toda la vida: mejores salarios. Aunque esta vez hay una diferencia: el gobierno de Goni solo tenía deudas, y el de Evo se vanagloria de tener más de 10 mil millones de dólares de reservas.

No tardaron los hombres del MAS en descalificar a los trabajadores, pero el estribillo quedó instalado: a la hora de reprimir, es igual ser un confeso neoliberal sin complejos, como Sánchez de Losada, que un autocalificado defensor de los pobres, que dice “gobernar obedeciendo al pueblo”, se confiesa socialista-marxista-leninista, como Morales Ayma, pero que no dialoga con quienes le dieron tantas victorias electorales.

El ‘Vice’ ya ha dicho que “los dirigentes del magisterio sólo piden salario y salario” ¿Qué más podrían pedir, si con el que reciben apenas reproducen su fuerza de trabajo, que es lo único que tienen, según terminología marxista? “No puede ser… si todo el dinero del Gobierno lo llevamos a los salarios ¿dónde queda la industrialización? El compromiso de este Gobierno es industrializar el país” añadió. Que sepamos, en cinco años lo único que han industrializado es la maquinaria de fabricar guillotinas judiciales y procesos contra adversarios políticos, pero no han creado empleos productivos estables, con salarios justos y dignos que ofrezcan cobertura social.

Los masistas atribuyen las demandas de la COB a ‘personales intereses políticos’, ante su próxima elección interna, mientras una oficialista senadora afirma que “los asalariados son una minoría”. No dice nada nuevo, pues lo señalan todos los estudios laborales: 75% de la población económicamente activa en Bolivia vive de vender chucherías en calles. Lejos de ser un pretexto para descalificar a los asalariados, debiera ser motivo de crítica y autocrítica: en Bolivia no existe desarrollo productivo con ocupación intensiva de mano de obra. En ‘tiempos de cambio’ también existe otra minoría, la cocalera, que ejerce una violenta dictadura sindical.

Antes del ‘gasolinazo’, 1 bs. eran cinco panes, hoy, apenas a dos. Antes, un kilo de azúcar costaba 4.30 bs. hoy, 8.70 bs. y ahora el pueblo hace colas que antes no hacía. Los populistas del MAS tras cinco años de invocar al pueblo, lo reprimen cuando exige los frutos del cambio, negándole un incremento salarial acorde al costo de vida. Por eso, la vinculación afectiva entre el líder populista y las masas se resquebraja: las consignas ideológicas sin estructura económica productiva no dan de comer.

Se podría decir que el MAS ya es un gobierno de minoría pues lo aprueban solo 32%-38% de la población, que toma la calles exigiendo un aumento salarial para ‘vivir bien’. Frente a la creciente protesta y conflictividad social, el gobierno se atrinchera en la demanda marítima como tabla de salvación que activa y manipula arraigados sentimientos nacionalistas. A ello se prestan algunos ex presidentes con procesos judiciales abiertos por el complaciente poder Judicial manejado por el Ejecutivo, y se ponen a órdenes del verdugo. La misma porquería.