Mario Vargas Llosa en Buenos Aires

Sergio P. Luís

varguitas Hace pocos días critiqué en una nota (“La Otra Cara de Mario Vargas Llosa”) el anuncio del laureado escritor –ciertamente un liberal que defiende la libertad– de que votaría por Ollanta Humala, el seguidor del socialismo del Siglo XXI y socio político de Hugo Chávez, de Evo Morales, de Rafael Correa y del impresentable Ortega y amigo de los Castro.

Pero también dejé constancia –y sigo pensando así– que “Mario Vargas Llosa, sigue siendo, para mí y para muchos, un ilustre escritor y un paradigma de la libertad”. Es, por esto, que compartí la indignación de muchos, cuando unos “intelectuales” del peronismo kirchnerista pretendieron que se le “desinvitara” a inaugurar la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires; indignación que se transformó en una pizca de aliento cuando la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, desautorizó a esos corifeos y se ratificó la invitación al escritor peruano. El escritor, asistió e inauguró la Feria y, en una parte de su discurso, dijo: “Agradezco a los organizadores de este certamen haber resistido las presiones de algunos colegas y adversarios de mis ideas políticas para desinvitarme”.



El diario La Nación de Buenos Aires, abre su edición de hoy, 22 de abril de 2011, con el título “Vargas Llosa reivindicó el derecho a la crítica”. “Fueron apenas 10 minutos dedicados a la Argentina –informó el diario-, pero con la contundencia suficiente para dejarles en claro a los intelectuales afines al kirchnerismo que sus cuestionamientos sobre la política local seguirán”.

Ante un público que desbordaba el Salón “Jorge Luís Borges” de la Feria, Vargas Llosa, dijo que hablaba "de la Argentina desde el cariño. No hay hostilidad de mi parte y voy a seguir criticando aunque a algunos les moleste. Yo he criticado ciertas políticas en la Argentina que me parecen equivocadas porque soy un hombre libre". Lamentó, “con énfasis la decadencia argentina” destacando lo que reafirmó el escritor: "A principios del siglo XX, el modelo educativo de la Argentina era el más avanzado del mundo; las tres cuartas parte de Europa eran del tercer mundo. ¿Qué pasó? Hoy tendría que tener el mismo nivel de Suecia. ¿Por qué está la Argentina con esta crispación política casi permanente?". (La Nación)

En un muy lúcido comentario, el columnista argentino Joaquín Morales Solá de La Nación de Buenos Aires, afirmó que Mario Vargas Llosa en la inauguración estuvo “profundo, irónico y gentil”. “La platea –relata Morales Solá- vibró de risas y aplausos…” y, en lo fundamental, dijo que Vargas Llosa “no concibe un sistema político en el que el poder no pueda ser criticado. Esta es su diferencia fundamental con el kirchnerismo argentino, que logró, al final de cuentas, lo que logra todo censurador: hacer del censurado una víctima ovacionada por una multitud. Eso sucedió ayer cuando caía la noche en Buenos Aires”.

Pero vino la grosería; la que resulta de la prepotencia y la vulgaridad. El jefe de gabinete de la presidente argentina, Aníbal Fernández, conocido por su insultante verborrea, se lanzó a los agravios –no le alcanza su escasa formación para el argumento serio- no sólo contra Mario Vargas Llosa, sino contra el filósofo español Fernando Savater, pues ambos son críticos del peronismo. Este tosco político kirchnerista espetó: "Dicen estupideces"; hacen "sentir vergüenza ajena". Es el cargo “genial” que formula, pues “Fernández cree que ambos intelectuales no tienen derecho ni libertad de opinar -¡esta sí que es una estupidez!- sobre la política argentina” (La Nación).

“¿Qué opinan de la Argentina? preguntaba Aníbal Fernández. “¿Qué tienen que opinar del peronismo?” Y a Fernando Savater, este patotero le dijo, en el mejor estilo arrabalero: "Cerrá el pico, papi. Metete en lo tuyo y andá a opinar a España". Culto este Fernández, ¿no?

Lo que acaba de suceder en la Feria del libro de Buenos Aires, es un mensaje compartido por los sectores democráticos argentinos. Es de repulsa a los autoritarios que se pusieron en evidencia. Pero se duda que la experiencia pueda ser descifrada por los populistas encumbrados en América Latina.