Diálogo interrumpido: ¿quién tiene la culpa?


Por Fernando Salazar Paredes, abogado internacionalista

 La Santa Inquisición, instrumento de dominación política, parece haber dejado una huella indeleble en nuestro accionar cotidiano; la búsqueda de culpables se refleja a diario. Basta abrir las páginas de cualquier medio para constatar que siempre se está buscando culpables para todo: la mala construcción de un camino, la falta de gasolina, la derrota en un partido de fútbol, etc.

La búsqueda de culpables ha permeado a todo y a todos. Personalmente, no me he podido sustraer a esta vocación inquisidora de nuestro contexto. De ahí que me pregunto: ¿quién tiene la culpa para la ruptura del diálogo entre Bolivia y Chile?



El que Bolivia haya anunciado que acudirá a tribunales internacionales es consecuencia de la ruptura del diálogo; no es la ruptura per se. El diálogo no necesita de anuncio formal para que se rompa; puede quebrarse con una actitud de las partes, separada o conjuntamente. Puede manifestarse de diversas formas, incluyendo una subyacente falta de voluntad real para progresar.

El presidente Morales tuvo una buena disposición de avanzar. Cuando se hizo cargo de la nave del Estado, dijo algo muy oportuno: “Soy muy optimista, pero del tema del mar no se habla, se hace. Y lo haremos con perfil bajo para satisfacer los deseos, esas ansias de justicia que piden nuestros pueblos y que también está en Chile”.

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Seis años después, sus palabras reflejaban frustración y desengaño: “Se ha construido un clima de mutuo diálogo y hemos sostenido reuniones a todo nivel con autoridades de Chile para acelerar propuestas concretas, útiles y factibles. No obstante, a pesar de 132 años de diálogo y esfuerzos, Bolivia no tiene una salida soberana al Pacífico”.

A la inquietud que se plantea se puede responder con razones atribuibles tanto a Chile como a Bolivia; ambas dieron como resultado la situación prevaleciente.

Bolivia inició esta última etapa del diálogo sin preconceptos. Posteriormente se perdió la brújula. La construcción de confianza mutua acaparó el interés boliviano, alimentado por la lisonja chilena que aprovechó de la falta de idoneidad y la candidez de los subsiguientes dos negociadores bolivianos. A ello se añadió la falta de definición sobre lo que se buscaba: enclave, enclave con soberanía, una franja territorial; en fin, dependiendo del momento y las circunstancias, los negociadores improvisaban cualquier posibilidad.

A la parte chilena le fue fácil, frente a este panorama, apartarse del conjunto de aspectos que estaban en mesa de discusión, incluyendo rescatar todo lo positivo de anteriores negociaciones. A fines del Gobierno de Bachelet, cuando los negociadores chilenos parecían ya no tener el interés inicial, ya se podía prever un resultado negativo.

La gran lección que podemos rescatar es que es posible una apertura por parte de Chile; hay que aprovecharla; sin embargo, oportunamente y en su justo alcance. Desde un inicio Chile, antes y después de Piñera, manifestó que el aspecto de soberanía no estaba en discusión, aunque, aparentemente, se podría considerarlo a futuro, dentro de un gradualismo hacia esa meta.

Bolivia no supo tener una lectura adecuada y se durmió en sus laureles, pensando que con la eterna confianza mutua se podía llegar a buen puerto. La buena fe del presidente Morales fue manipulada por los operadores de la negociación, sin olvidarnos de que el asesoramiento fue equivocado cuando se tomó la decisión de anunciar públicamente la posible demanda ante tribunales internacionales.

Bolivia tiene razones históricas y políticas que avalan su búsqueda de retorno al pacífico. Lamentablemente, tenemos al derecho internacional en nuestra contra.

“Un paso adelante, dos pasos atrás” es el ensayo en el que Lenin planteaba que, pese a las adversidades, se debía redoblar esfuerzos para consolidar el rumbo revolucionario.

Hay que volver al diálogo con Chile aunque ello implique dar dos pasos tras; a la larga estaremos dando, como en el inicio del gobierno del Presidente Morales, un paso para adelante. Esta vez, eso sí, actuemos seria y planificadamente, con una estrategia definida y con negociadores competentes.

Fuente: www.paginasiete.bo