El alimento, fuente de poder


Por Agustín Saavedra Weise

La séptima parte de la población mundial soporta hambrunas o problemas de desnutrición. El alimento siempre ha sido fuente de poder. Quien tiene el control de la alimentación domina al resto. Resulta vital el ser capaz de producir alimentos en abundancia, almacenando o exportando excedentes. Mientras un pueblo se autoabastezca y coma bien, nunca será débil y nunca tendrá niños condenados al raquitismo o al retardo mental por falta de nutrientes.

En Bolivia, esto no se lo entiende adecuadamente. Si bien se ha manipulado demagógicamente el tema de la seguridad alimentaria, al mismo tiempo se hizo toda clase de intentos para perjudicar al sector agropecuario cruceño, gran fuente nacional productora de alimentos. Diversos tipos de acciones se generaron, desde reversión de tierras hasta prohibiciones diversas y falta de acceso al crédito. Ahora que el mundo despierta ante una nueva geopolítica del hambre, el Gobierno intenta articular diversas formulaciones, las que estarán condenadas al fracaso, tal como sucedió con las reformas de Stalin en 1932. La represión de los “kulacs” (agricultores) sumada a la colectivización de la agricultura solamente trajeron hambrunas y muerte en la entonces Unión Soviética, extinguida desde 1991 por la falla colosal del malhadado experimento comunista.



De 2009 a 2011, el precio de los alimentos se ha disparado por encima del 35%. Por una elemental ley del mercado, a mayor oferta bajará el precio. Por tanto, el mundo debe producir más alimentos para superar los problemas del presente. Muchas naciones generan estímulos especiales para sus grandes productores agropecuarios. En Bolivia continúa la creación demagógica de nuevas e ineficaces empresas estatales mientras disminuye la cantidad neta producida de alimentos. Sumemos un tercio de desnutrición infantil. Eso implica, con crudo realismo, que el 33% de los bolivianos del futuro estará discapacitado física o mentalmente por no haberse alimentado bien durante su infancia.El alimento es poder, pero hay que usarlo como poder inteligente. En Bolivia, hoy por hoy, vemos el lado opuesto: el poder tonto, el superficial poder de rimbombantes palabras sobre alimentación y nutrición pero sin fondo ni contenido.

Fuente: www.laprensa.com.bo

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