¿Quién es un indio con plata?


Por Julieta Paredes, feminista comunitaria

Cuando se inició el proceso de cambio en Bolivia, siendo parte de una tradición de resistencia ancestral en contra de las formas de dominación, mujeres y hombres de nuestros pueblos sabíamos lo que no queríamos; empero, lo que queremos sigue siendo una incógnita por resolver, a través de las propuestas creativas que vamos construyendo.

Para nosotras, feministas comunitarias, la participación de las organizaciones sociales como parte del Gobierno no nos pareció la mejor de las estrategias, al contrario, nos pareció la más facilona y, por lo tanto, la más débil, en cuanto a posibilidades de revolucionarlo todo, que era el sentimiento de nuestro pueblo al insurreccionarse en octubre del 2003. Hoy, esas debilidades se ven reflejadas en la cantidad de contradicciones, errores garrafales y traiciones que se explicitan desde el Gobierno y desde el manejo del Estado.



No es que esté mal que los indios y las indias manejen las instituciones, lo criticable es que hasta hoy no haya una propuesta, o al menos espacios de construcción de propuestas sobre, ¿cómo hacer realidad nuestras utopías revolucionarias?, ¿qué hacer con la institucionalidad colonial, k’ara, burguesa y neoliberal heredada?, ¿qué país queremos?, ¿cómo construirlo?

Los devaneos posmodernos y neoliberales de Álvaro García trancan las reflexiones y son explicativos de la dependencia, que hoy todavía mantienen ciertos sectores de los movimientos sociales, respecto a los llamados intelectuales. No entiendo por qué sólo nosotras le enrostramos a este caballerito su falta de ética, de migrar de su “Capitalismo andino” a su oportunista “Socialismo comunitario”. O sea, saltar de un adornar y maquillar el capitalismo con las formas de producción andinas, a manera de folklore económico, a adornar la clase con la comunidad, reduciendo la comunidad a la común – unidad.

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Retornando a mis hermanos y hermanas indígenas, como yo, considero que si hoy están en las oficinas, si tienen acceso a la información, si manejan platita en sus bolsillos y hasta algunos productores de coca tienen autos últimos modelos y mucha platita en los bolsillos, eso en sí no está mal, estará mal para racistas que consideraban esas tenencias y esas presencias como un privilegio de los blanquitos, lo que da gravedad a estos hechos es que no hay una reflexión al respecto, es decir; no está mal que estén ahí sentados en los ministerios, que tengan plata, pero la forma que están empleando de usar los espacios como los bienes es la misma que las de los k’aras neoliberales usaron, ésa es la falta de propuesta; y ese sistema ahoga las esperanzas. Es imprescindible generar reflexiones en el presente. ¿Quién es un indio con plata, en qué se convierte? ¿Quién es una india con cargo, por ejemplo ministra, en qué se convierte? ¿Qué hacemos con la plata cuando la tenemos? ¿Qué hacemos con el poder cuando se nos delega? ¿Qué hacemos con la institucionalidad heredada?

Hace pocos días hemos hecho una serie de grafiteadas por los barrios de La Paz a propósito de las efemérides de la ciudad, uno de éstos decía: “Que el presente que construimos se parezca al futuro que soñamos”. Esta grafiteada sintetiza las formas cómo queremos ir construyendo la vida, el vivir bien de nuestras comunidades barrios, de nuestras comunidades ciudades, de nuestras comunidades regiones y departamentos. Para ir esbozando la Comunidad de las comunidades, que es la propuesta de sociedad del feminismo comunitario, ¡basta de institucionalidades patriarcales! Herencia nefasta de las impotencias de nuestros hermanos en el camino de revolucionar nuestras vidas y nuestros espacios. Desde nosotras hoy, hay propuestas para todas nuestras comunidades, propuestas de mujeres donde también esbozamos el vivir bien de nosotras, nuestras wawas y nuestros hermanos varones.

Fuente: www.la-razon.com