
Las dos medidas tomadas por el Gobierno para eliminar la corrupción policial, que consisten en transferir las funciones de identificación personal y la emisión de licencias de conducir a organismos civiles, han sido medidas efectivas y de plena aceptación por parte de la ciudadanía.
Lo cierto es que todos estábamos cansados del trato humillante que daban los policías a los civiles que teníamos que obtener un carnet de identidad. Era penoso el desorden, la desidia y el poco profesionalismo y la mentalidad de cuartel con el que uno se enfrentaba en estos procesos. Además del mal servicio, la corrupción era notoria, se podía estar horas en la fila, pero sorprendentemente sin esperar su turno, algún ciudadano acompañado de un cabo pasaba al primer lugar y terminaba el trámite antes que los que habían esperado durante horas. Cosa parecida sucedía en las dependencias de Tránsito, en la que se podía obtener licencias sin prueba alguna, siempre que se pague a cambio.
A nuestro criterio, falta un tercer paso que ayudará a eliminar la corrupción policial, nos referimos a las famosas “trancas” de “control policial” en las carreteras. Estas trancas en las que el conductor tiene que bajarse a presentar su licencia de conducir, a declarar cuántos pasajeros lleva y a hacer sellar su peaje, no tiene ningún justificativo.
Como en la edad media, con una soga, se bloquea la carretera, y en tramos de alto tráfico se producen verdaderas aglomeraciones que hacen lento el tránsito. El conductor tiene que dirigirse a la caseta policial, en donde como un señor feudal, el policía, autoriza o no el paso del vehículo. En muchos casos con fines de extorsión se pregunta si se tienen los implementos, accesorios, hoja de ruta, botiquín, extinguidores, triángulos, copia del Código de Tránsito y otras exigencias “del reglamento”, para, en caso de no contar con alguno de ellos, recurrir entonces a la coima.
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Las carreteras de Bolivia son peligrosas, no sólo por lo difícil de la geografía, la mala señalización, sino porque un buen número de conductores consume alcohol; por las altas velocidades y, como en muchos casos se ha comprobado, los vehículos no tienen los faroles, guiñadores y demás accesorios. Esta es la mejor prueba de que las “trancas” no funcionan.
No es que esté mal el control en las carreteras, lo que está mal es cómo se lo hace. En otros países, el control es móvil, y se colocan retenes muebles que detienen circunstancialmente a los automotores que tengan indicios de no cumplir las reglas, y en esos casos el conductor no se baja del vehículo, es el policía quien se acerca al conductor.
Este control, que es más efectivo, genera más seguridad a la población y menos molestias al conductor.
Fuente: www.la-razon.com