
Siempre he pensado que las convicciones firmes son importantes en la vida para alcanzar los sueños y objetivos que una tiene para vivirla a plenitud. Pero ahora repienso todo, con el espanto que provoca el descubrir que hasta la firmeza en las convicciones puede ser más mortífera que benéfica, según qué sentimientos e ideales las alientan. Lo digo no sólo por el terrible ejemplo dado por el fanático Anders Breivik, autor de una matanza en Noruega, sino por muchos otros fanáticos que pululan en el mundo grande y en nuestro mundo chico, Bolivia.
¿Se trata sólo de tener convicciones y que sean firmes, o deberíamos preocuparnos más bien de aclarar qué tipo de convicciones tenemos y qué es lo que las alienta? Lo digo pensando, otra vez, en Breivik y lo que dijo tras ser arrestado. “Una persona con convicción (con fe) es igual a 100 mil que solo tienen intereses”. Tomada como frase suelta, hasta tiene sentido. ¿No se ajusta acaso a lo que ocurre en Bolivia, donde abundan las quejas de la gente que les reclama a los actores políticos y empresariales el que los guíen solo intereses y no ideales?
Es más. Se dice de manera insistente que una de las fuerzas que tiene el MAS para imponer sus medidas, cada vez más absurdas y contradictorias, es la “convicción firme” en “ideales” o “creencias” construidos en torno a la figura del “indígena presidente”. Y ya vemos, o mejor dicho padecemos el impacto y las secuelas de esos “ideales” o “creencias” que alientan otros “breivikis” criollos que, si bien no andan por ahí con metralletas matando al trochimochi a cuanto opositor se le cruce en el camino (aunque a algunos, sí), igual provocan espanto.
Una realidad que también espanta. Cómo no. Espanta sobre todo porque goza del aliento de unos líderes a los que no les mueven convicciones firmes para “vivir bien”, sino simplemente intereses, con la yapa perversa de que son ellos mismos los que alimentan una lógica similar a la que guió a Breivik para sembrar el terror. Y esa lógica está claramente expuesta en otra frase del matador noruego: “Una vez que has empezado a golpear, es mejor pasarse que quedarse corto, si no se corre el riesgo de reducir el deseado impacto ideológico del golpe”.
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¿Acaso no es esa la lógica visible en las arremetidas persistentes de quienes representan al MAS y conducen hoy los destinos (con desatinos) de Bolivia? Hay que revisar los escritos y las declaraciones del Vicepresidente, del Presidente, de muchos de sus “hombres fuertes”, para descubrir las similitudes. Más de una arenga en ese sentido ha sido dicha a gritos en mítines políticos por los portavoces del MAS. ¿Quién no recuerda a Quintana jactándose de mandar “a lo más profundo de la tierra”, al infierno mismo, al ex prefecto pandino Fernández?
Se trata, sin duda, de esa lógica perversa aplicada ya por muchos precursores de Breivikis, entre los que se me ocurre recordar a Stalin y unos métodos heredados por muchos que van por la vida pasándose de golpes, para asegurarse el impacto ideológico deseado. No en pro de unas convicciones nobles de justicia y paz para todos, sino todo lo contrario: a favor de unos intereses personalísimos o de banda, como los que exhiben sin hartazgo los ‘moralitos’ de hoy. Intereses que apuntan a la toma del poder total: mejor pasarse que quedarse corto.
Y en ese pasarse antes que quedarse corto, los seguidores locales de la lógica que alentó al matador noruego no dudan en arriesgarse a ‘innovar’, por decirlo de alguna manera. Es que en el caso de Bolivia, ya no se trata apenas de imponer “convicciones” a la fuerza, usando la brutalidad de las armas, de los golpes, de la persecución y cárcel, para lo cual el MAS cuenta a su favor con policías, fiscales y administradores de Justicia doblegados, amén de los ‘barras bravas’ y matones a sueldo. Se trata también del y uso y abuso de otras armas innobles.
Entre esas otras armas está el bombardeo permanente con mensajes falsos, dobles discursos y chistecitos que provocan más llantos que risas. ¿O acaso no es esta reacción la que acaba de provocar el Presidente Morales entre las mujeres indígenas, indignadas hoy ante la voz de quien hasta hace poco les arrancaba solo aplausos? “Jóvenes –dijo Morales a sus bases campesinas- tienen instrucciones del presidente de conquistar a las compañeras yuracarés trinitarias para que no opongan a la construcción de la carretera”. O sea, ¿cree Morales que la convicción de las indígenas que las alienta a defender su Territorio acaba en la cama?
¡Qué falta de respeto, qué atropello a la razón!, dan ganas de gritar, parafraseando lo dicho antes por Discépolo en su Cambalache siglo XX, problemático y febril… Pero vamos cerrando este desahogo, antes que acabe en libro. Digo yo: la única manera de cortar por lo sano esta peste de “convicciones” falsas, de chantajes “moralitos”, de imposturas políticas impuestas a nombre de un mentiroso “proceso de cambio”, es recuperar el coraje y la capacidad de hablar desde la razón, actuando en consecuencia. Por ahora, frente a tres situaciones: 1) respaldando la movilización en defensa del TIPNIS; 2) pidiendo a Morales que elija entre la Presidencia de Bolivia o la de las seis federaciones de productores de coca; y, 3) alentando el voto nulo en las elecciones judiciales de octubre.
Fuente: www.hoybolivia.com