Corte Suprema de Justicia. Presidenta en ejercicio: «Las cortes se quedan sin jueces»


Beatriz Sandoval de Capobianco informa que están trabajando en lo que será la transición de la Corte Suprema al Tribunal Supremo Judicial.

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Sucre. Beatriz Sandoval habla de los desafíos para los nuevos magistrados

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Cecilia Dorado N. El Deber

– ¿Cómo ve los últimos días del actual sistema de justicia?

– Estamos viendo esta etapa de transición como una tarea de mucha responsabilidad para quienes nos ha tocado estar en este momento en los cargos, primero porque tenemos que trabajar en lo que será la transición de la Corte Suprema al Tribunal Supremo Judicial. Esto implica, incluso, la adecuación de los ambientes para los 18 magistrados, en lugar de los 11 que habían. Asimismo, la creación de ítems, la habilitación de un mayor número de personal de apoyo para los magistrados y el traspaso de la estructura financiera del Consejo de la Judicatura a la Corte Suprema.

También estamos trabajando con las comisiones codificadoras, en coordinación con el Viceministerio de Justicia y el Legislativo, para la transición, se está elaborando una ley para que las normas antiguas se adecuen a las nuevas.

– ¿Cuántas acefalías existen en el Poder Judicial?

– En todo el país son muchas. Recibimos a los representantes de la Corte Superior de La Paz y quedamos muy preocupados, porque de 20 vocales solo existen 10 y tienen unas 70 acefalías de funcionarios judiciales.

En la Corte Superior de Chuquisaca les falta muchos funcionarios y solo tienen dos jueces cautelares, lo cual está colapsando el despacho de causas. Esto se debe, en gran parte, a la falta de creación de ítems. El Consejo de la Judicatura no llena estas acefalías, pese a que las cortes de Santa Cruz, Cochabamba, Chuquisaca y La Paz permanentemente han estado pidiendo.

También tenemos el problema del Tribunal Agrario Nacional, porque los cuatro miembros que quedan no hacen sala plena por falta de cuórum y su mandato fenece el 22 de agosto.

– ¿Hay causas acumuladas?

– La mora procesal viene de mucho tiempo atrás, pero ahora el problema es peor, porque hay mayor número de acefalías. Hay cortes que no tienen el cuórum mínimo y aún así no se convoca, no se designa y no se envían las listas de los jueces a los distritos para que de una vez se hagan las designaciones.

– ¿Quién es responsable de la falta de ítems?

– El Consejo de la Judicatura es el encargado de la parte administrativa y tiene que solicitar al Ministerio de Hacienda la creación de ítems. Con el problema de que el Consejo quiere actuar solo, al margen de la Suprema, la situación es más grave todavía. Incluso tenemos que presentar al Ministerio de Hacienda el POA 2012 con los gastos de cada corte, pero eso necesariamente requiere que la autoridad máxima del Poder Judicial firme y, en este caso, por el problema que hay con el Consejo, irá sin la firma de la presidenta en ejercicio de la Corte Suprema. El Ministerio de Hacienda no da curso si no está con la firma del presidente de la Corte Suprema que a la vez, por ley, es presidente del Consejo de la Judicatura.

– El fiscal general del Estado, Mario Uribe, asegura que el órgano judicial ha colapsado ¿qué piensa usted?

– La responsabilidad no es solo de un órgano como el fiscal trata de hacer ver, de que son los jueces quienes tardan semanas o meses, también hay que hacer una autocrítica sobre la actuación del Ministerio Público. Muchas veces la etapa investigativa tarda semanas, meses y hasta años, a veces los casos cuando llegan a la Corte Suprema están a punto de cumplir los tres años de duración máxima de un proceso.

Se debe hacer una evaluación de la responsabilidad de cada uno de los órganos, porque no se puede atribuir la retardación de justicia a los jueces o a uno de los operadores del aparato judicial. Si cada quien pondría de su parte, la justicia sería más rápida.

– Se dice que el narcotráfico ha penetrado la justicia

– El narcotráfico es un tema muy delicado, muy grave, pero no tengo datos para decir si hay jueces o fiscales implicados, eso corresponde a las investigaciones que debe hacer el Ministerio Público.

– ¿Pero le preocupa?

– Es muy preocupante, porque cuando uno lleva años dedicados al servicio de la justicia es muy duro ver cómo hemos llegado a un punto donde la justicia está muy llevada a menos, pese a que hemos trabajado mucho.

Por ejemplo, cuando se cambió el sistema procesal penal hace 10 años (en 1999 con la creación del Nuevo Código de Procedimiento Penal) trabajamos mucho para que después de tanto tiempo hagamos una evaluación y veamos que no se logró lo que se quería, pese al empeño, esfuerzo, capacitación y la cooperación internacional.

Esperamos que esta nueva justicia que va a comenzar tenga una mejor evaluación, porque recién después de varios años uno puede decir si los cambios fueron positivos o negativos.

– ¿Por qué no dio resultado?

– Hace dos años yo propuse en la Cumbre de Poderes en La Paz que se haga una auditoría de los procesos para ver dónde están las fallas. Creo que hubo muchas fallas, por ejemplo, la aplicación de las salidas alternativas al proceso, el Ministerio Público no las usa como debería. Hace dos semanas, en el Ministerio de Justicia vimos que en las nuevas modificaciones al procedimiento penal estas ‘salidas’ ya no deberían ser alternativas, sino obligatorias para evitar la acumulación innecesaria de casos.

– ¿Cuáles son los males que se arrastran en la justicia?

– Los males de años por los cuales incluso se trató de cambiar el sistema procesal penal fueron la retardación de justicia, el hacinamiento en las cárceles que en lugar de mejorar ya llegado al 80% de reos sin sentencia y, lógicamente, la corrupción.

La retardación siempre ha tenido como motivo la falta de jueces y de funcionarios que puedan atender la totalidad de las causas. Según el informe del expresidente de la Suprema, Jorge von Borries, hoy tenemos 754 jueces en el país para atender 591.000 causas (un promedio de 784 causas por juez), entonces esas cifras nos muestran que es imprescindible aumentar el número de jueces, mucho más cuando la inseguridad ciudadana incrementó el número de delitos. Aunque un juez trabajase día y noche, nunca podría atender semejante número de casos.

– ¿Cree que los nuevos magistrados podrán cambiar el sistema judicial?

– Es muy difícil hablar de resultados cuando se está empezando un proceso de cambio, recién los podremos evaluar de aquí a unos años.

– ¿Cuáles son los principales desafíos de las autoridades que serán electas?

– Los desafíos son los de siempre. Mejorar la administración de justicia, que sea independiente, que se recupere la credibilidad en la justicia, que haya mayor seguridad jurídica en el país, que cuando un ciudadano llegue a un juzgado a buscar justicia, realmente sepa que se va a actuar de acuerdo a ley y a dar a cada uno lo que le corresponde.

– Bolivia no solo está cambiando su poder judicial, sino también todo un marco legal.

– Se está trabajando en algunas modificaciones, por ejemplo, en el Código de Procedimiento Penal, pero hay comisiones que lo harán desde el 15 de agosto. Los cambios aún los desconozco.

– ¿Hacia dónde cree que está yendo el país con todo esto?

– Es una pregunta muy difícil, nos hace pensar y reflexionar sobre qué le espera al país con la nueva justicia. Es la primera vez en el mundo entero que se da esta elección por voto popular y directo del pueblo, entonces creo que las expectativas, los ojos de todos los ciudadanos y de la comunidad internacional van a estar puestos en Bolivia para ver qué resultados hay de esta experiencia que se va a tener.

– ¿Cree que se debe procesar a quienes hagan campaña por el voto nulo?

Como magistrada no puedo dar mi opinión al respecto, porque es un tema más de tipo político, lo único que puedo decir es que el ciudadano tiene la obligación, el deber y el derecho de ir a votar a las urnas de acuerdo a las formas que la Constitución Política del Estado prevé.

– ¿Cómo se siente al cerrar este ciclo en la historia de la justicia boliviana?

Es un momento de la historia de Bolivia, que quienes hemos formado parte de la justicia que está cerrando esta etapa lo vemos con tristeza y dolor, porque dimos gran parte de nuestra vida por esto. Es como cuando uno tiene un hijo, lo cría, lo cuida y al final tiene que asistir a su sepelio.