El avispero alborotado


Marcelo Ostria Trigo

MarceloOstriaTrigo_thumb1 Hay problemas personales y problemas que afectan a las naciones. Cuando estos últimos amenazan la seguridad de los ciudadanos o son causa de serias dificultades económicas, es que se ha desatado una crisis. Frecuentemente con estas se pone a prueba la capacidad de los gobernantes.

Ahora, en algunos países afloran las tentaciones de cambiarlo todo y se generaliza un sentimiento similar al que predominó en una pasada crisis argentina, cuando los ciudadanos pedían “que se vayan todos”. También, ahora, hay demandas de libertades democráticas, como sucede en varios países del Cercano Oriente; demandas que están latentes en algunos países de nuestra región. Pero hay otra crisis que inquieta por los efectos que se extienden, castigando a los ciudadanos con inflación y desempleo.



Era de esperar que en los países afectados por la crisis, como Grecia y España, surgieran las primeras protestas en Europa; en el primer caso por las duras medidas de ajuste y, en el segundo, por la frustración de sus ciudadanos que, por varias décadas, se acostumbraron a una España con creciente bienestar e influencia. No debió, entonces, sorprender que surgieran los ‘indignados’, minoritarios, sin objetivos concretos, pero bulliciosos y que, por ello, captaron la atención pública.

Y esto no es todo. Se sospecha que los recientes disturbios violentos en el Reino Unido quizá tengan una misma raíz: la crisis económica, que ya va siendo global. En un editorial de El País de Montevideo, Uruguay (14/08/2011), se afirma con razón que “no se tiene idea cierta de dónde va ir a parar” la “formidable crisis que golpea a EEUU y la Unión Europea”. “Es un partido –continúa– que deberán jugar cada uno (de los países), con muy pocas chances de ayuda externa”. Los temblores de la crisis tendrán su réplica en todas partes y sus efectos dependerán de cómo se haya preparado cada uno para capear lo que se viene”. Además, incentiva otras demandas, como la de los estudiantes chilenos, aumentando la desazón predominante. ¿A quién le tocará el turno?

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En efecto, no se sabe adónde irá a parar la crisis, pero lo cierto es que todos vamos a sentir sus embates; unos con mayor severidad que otros. Sin embargo, a nosotros también nos llegan mensajes para tranquilizarnos: el país está ‘blindado’ y bien preparado por las políticas del oficialismo para sortear esa ‘formidable crisis’ que pasará de largo sin llegar a afectarnos. Este mal de las aseveraciones oficiales peligrosamente optimistas desnuda también en Bolivia las imprevisiones.

Siguiendo una frase popular, se fueron vendiendo las ‘joyas de la abuelita’, quizá con la esperanza de que la época de las vacas gordas nunca terminara y se las repondría. Pero “hay quienes pierden en unos días todo lo que han acumulado, con tesón, esfuerzo, y mucho gasto, en años” (Carlos Báez Evertsz, politólogo dominicano). Esto, añadido a lo que el mismo Báez Evertsz menciona como el hábito llamado ‘adanismo’ que ya se percibe en el país y que se manifiesta en la idea de los gobernantes de que ellos lo han comenzado todo “como si nadie la hubiera realizado antes, que es de los que siempre parten de cero”. Y esto representa la inexperiencia y el desconocimiento de la verdadera naturaleza de las cosas y que en economía puede resultar fatal. Cuando vayan disminuyendo –ojalá que esto no suceda– los recursos ya no valdrán esas afirmaciones irresponsables de que estamos blindados y prontos para enfrentar esta crisis formidable.

El Deber – Santa Cruz