El viceministro de coordinación con los movimientos sociales, César Navarro, ha adelantado que el discurso presidencial del 6 de agosto incluirá un autoelogio sobre el aumento de las Reservas Internacionales Netas (RIN), atribuido por Evo Morales al “buen manejo de la economía y a la nacionalización de los hidrocarburos”.
Más allá de este cuestionable punto -el aumento en las reservas es producto de los altos precios internacionales de los hidrocarburos-, es interesante hacer una proyección de los aspectos que tocará el discurso del primer mandatario en la efeméride, así como los temas que debería incluir.
Presumiblemente, la alocución presidencial contendrá algún tipo de justificación a la construcción del tramo carretero Villa Tunari-San Ignacio de Moxos que pasará por el núcleo del Territorio Indígena del Parque Isiboro Sécure (TIPNIS), quizás con ciertos dardos contra las ONGs ambientalistas, ex aliadas del bloque oficialista y hoy caídas en desgracia por oponerse al “desarrollismo” cocalero.
Otro punto de fácil adelanto sería una probable apología de la supuesta “lucha antidroga” llevada a cabo por el gobierno, con algún giro defensivo en el caso Sanabria, apuntando a la denuncia de una “conjura imperialista” como estrategia para cubrirse ante eventuales declaraciones del narco-general que puedan implicar a otros funcionarios de la actual administración.
En consonancia con lo adelantado por Navarro, el discurso destacará las bondades de la Evonomics, obviando seguramente el astronómico crecimiento de la deuda pública, que ya bordea los 12.000 millones de dólares sumando sus componentes externos e internos.
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La exposición sobre el estado de las finanzas públicas podría contener, además, una argumentación en favor de la eliminación del subsidio al precio interno de los combustibles, preparando el camino a un segundo intento de “gasolinazo”, más gradual o selectivo que el primero.
Por supuesto, el mensaje del primer mandatario sería difundido en cadena nacional, trasmitida de forma “obligatoria y gratuita” por todos los medios de comunicación, públicos y privados.
Muy distinta sería la selección de tópicos que el discurso presidencial del 6 de agosto debería incluir: en primer lugar, un sinceramiento fiscal que muestre la verdadera cara de las finanzas estatales, requisito ineludible si se quiere acometer un cambio de política en materia de subsidio a los combustibles. No es coherente ni consistente plantear una revisión a la medida mientras se festejan supuestos éxitos macroeconómicos. O una cosa o la otra.
En segundo término, sería deseable un balance realista en el rubro antinarcóticos, como punto de partida a un golpe de timón que sustituya el fallido “control social” cocalero por una nueva política de Estado, que abra las puertas a la cooperación internacional en ese campo.
Por último, una alocución a la altura de la investidura presidencial debería contener importantes señales de reconciliación nacional, tendiendo puentes tanto a la oposición como a la prensa, a regiones olvidadas por el gobierno central y a sectores sociales en disidencia.
Pero, conociendo los antecedentes oratorios del presidente Morales, lo más probable es que el 6 de agosto sea simplemente un nuevo capítulo destinado a engrosar el creciente volumen de las “evadas”…