El milagro de Urkupiña


Carlos Cordero Carrafa

CORDERO El milagro es un hecho no explicable por las leyes naturales y que se atribuye a la intervención divina. La asunción de la Virgen es la creencia de que el cuerpo y alma de la Virgen María fueron llevados al cielo después de terminar sus días en la tierra. La peregrinación multitudinaria, las ceremonias religiosas que se realizan anualmente en miles de ciudades e iglesias católicas en el mundo son un conjunto de actos por los cuales rememoramos la ascensión del cuerpo y alma de la Madre de nuestro Redentor a los cielos.

Por tanto, el milagro de Urkupiña no es la conversión de las piedras en dinero contante ni el retorno de nuestros gobernantes a la fe. Aunque no debemos ser taxativos al respecto. Quién sabe si hubo intervención divina para que el señor Presidente asistiera a la misa dominical y se diera un fraternal abrazo con monseñor Tito Solari, el mismo obispo a quien sindicatos cocaleros querían expulsar del país por extranjero y por supuestas ofensas a la niñez y juventud.



La Agencia Boliviana de Información nos proporcionó la siguiente sorprendente noticia: “El presidente Evo Morales ratificó este lunes su fe católica y pidió ayuda a la Virgen de Urkupiña para continuar con el trabajo por la unidad, la dignidad y la igualdad entre los bolivianos…”. Quién sabe si estaba pidiendo de manera sincera un milagro a la generosa Virgen o simplemente fue uno más de sus sorpresivos giros y pretexto para reincorporarse espectacularmente a sus funciones públicas luego de un agotador viaje, en un momento verdaderamente difícil para el Gobierno. El malestar acumulado en los pueblos indígenas, campesinos y ciudadanos del país, por los compromisos incumplidos y la ineficiencia estatal, amenaza con generar días de conflicto y pérdida de credibilidad para el Presidente. Sólo un milagro o gobernar retrocediendo y el apoyo de la Iglesia Católica podrían frenar escenarios de violencia que se ciernen sobre la sociedad y el Estado.

Según la misma agencia, el Mandatario también habría dicho, a propósito de las ceremonias interreligiosas convocadas por la Cancillería: “Lamento mucho que la Iglesia Católica se resiste a orar de manera conjunta. Tengo información que hay instrucciones precisas de que no participen los obispos de base”.

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Recordemos al redactor de la noticia que no existen obispos de altura y obispos de base, sólo obispos. Luego, cualquier acto religioso convocado, organizado y patrocinado por el Estado es una violación a la Constitución y al principio de independencia y separación del Estado Plurinacional con cualquier religión, culto o cosmovisión. (Artículo 4º, CPE.)

De todas maneras, millones de católicos oramos siempre por nuestro gobierno, país, hermanos y naturaleza que generosamente nos regaló nuestro Señor. A veces pedimos milagros.

La Prensa – La Paz