El rugido del león


Por Jaime Iturri, periodista

El próximo 21 de agosto se recordará un nuevo aniversario de la muerte de León Trotsky, el mítico revolucionario ruso que supo renunciar al poder cuando creyó que la revolución no iba por buen camino. Puede que su pensamiento tenga huecos en la actualidad, pero la figura sigue incólume. Lo testimonia el hecho de que dos de los más importantes novelistas de América hayan escrito novedosas biografías sobre él en los últimos meses.

Primero fue el cubano Leonardo Padura, padre del investigador Mario Conde, uno de los más entrañables personajes de la literatura policial de este lado del mundo. La novela del autor de Pasado perfecto se llama El hombre que amaba a los perros. En ella se construyen dos figuras: la del revolucionario ruso que dio vida al ejército rojo y la de Ramón Mercader, quien le dio muerte. Trotsky y su asesino creían en la revolución. Ambos coincidían en que el otro era un contrarrevolucionario, pero los igualaba, también, su amor por los perros.



Mercader es retratado por Padura como un hombre de fe, formado por la familia para seguir órdenes y combatir al enemigo que, después de los años de cárcel soportados por matar al autor de la teoría de la Revolución Permanente, sale a la libertad para descubrir que su sacrificio fue en vano, tras comprobar que el socialismo real era un sueño convertido en pesadilla.

La otra biografía se llama Liova corre hacia el poder, del argentino Marcos Aguinis, autor de La gesta del marrano. Aguinis trabaja sobre los primeros años del joven Trotsky hasta la llegada al poder. Pone especial énfasis en los orígenes judíos de Lev Davinovich Bronstein que luego tomaría el nombre de Trotsky como seudónimo inspirado en el apellido de un carcelero en Siberia.

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El joven Lev no soportaba las injusticias, tenía una sensibilidad muy grande y una rebeldía muy fuerte que provocaron su expulsión del instituto, como a Lenin y como a tantos y tantos revolucionarios. Y luego, entre dudas y apuestas en las que la vida está en juego, ese muchacho hijo de campesinos se convirtió, con Lenin, en el principal teórico de una revolución que dio inicio a una nueva era.

Finalmente, Padura es un crítico muy fuerte al régimen cubano, aunque es militante de la Unión de Escritores de su país. Aguinis, en cambio, es muy conservador. Pero ambos no pudieron dejar de escuchar el rugido del león y lo convirtieron en literatura.

Fuente: www.la-razon.com