El conflicto del TIPNIS es el aspecto más visible, la punta del iceberg de un fenómeno mucho más amplio: el desmarque de los pueblos indígenas del gobierno de Evo Morales.
Llegado al poder con un discurso indigenista, en parte construido por el vicepresidente Álvaro García Linera, el régimen utilizó esa bandera con cierto éxito durante su primer periodo, cuando manipuló las aspiraciones originarias para imponer la nueva Constitución y diluir las autonomías departamentales entre múltiples niveles político-administrativos.
Una vez afianzado, el gobierno fue mostrando su verdadera cara, olvidando el derecho de consulta establecido en el propio texto constitucional, acusando a las organizaciones indígenas de ser usadas por USAID y las ONGs, y atentando contra el medio ambiente de chimanes, yuracarés y moxeños, al impulsar la construcción de una carretera que diseccionará al Territorio Indígena del Parque Isiboro Sécure (TIPNIS).
El malestar indígena no se ha dejado esperar, al punto que la principal organización del occidente, el CONAMAQ, ha denunciado el autoritarismo gubernamental. De igual manera, los indígenas del oriente, nucleados en el CIDOB, han puesto de relieve el alejamiento anunciando una marcha para el 15 de agosto contra la “carretera maldita”.
La disidencia ya ha llegado a los asambleístas nacionales elegidos por las circunscripciones indígenas. Es el caso de Pedro Nuni, quien ha anunciado su participación en la marcha.
=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas
Otro tanto pasa con los asambleístas departamentales. Tanto en Tarija como en Santa Cruz, los indígenas se han desmarcado del partido de gobierno a la hora de conformar directivas en las asambleas departamentales. Incluso la representante “yuracaré-mojeña”, Rosmery Gutiérrez, posesionada mediante presiones judiciales del Movimiento Al Socialismo, ha confesado su decepción con el oficialismo.
La creciente fisura gobierno-indígenas tiene una explicación: estamos ante una administración basada en la defensa de los intereses cocaleros, que utilizó al discurso originario como simple marketing electoral.
Ya lo dijo García Linera en su entrevista con Página 12 de Buenos Aires, cuando reconoció que ese indigenismo instrumental “no surgió como muchos piensan del mundo campesino sino del mundo urbano, apoyado en una intelligentzia, en una intelectualidad frustrada por no encontrar el ascenso social prometido”. Clase media urbana que hoy nutre la burocracia de gobierno.
A confesión de partes, relevo de pruebas…