Demasiado pronto o demasiado tarde (los hay insaciables). Desde el punto de vista del madridismo militante, el primer Clásico de la temporada (el último podría ser el 19 de mayo, en la final de la Champions, reserven hotel en Múnich) llega en el momento perfecto. La pretemporada madridista ha sido "impecable", citando palabras del propio Guardiola. Recuerden: siete victorias en otros tantos partidos por uno y otro confín. 27 goles a favor y sólo cinco en contra.
En resumen, sensación de poderío, de que el uniforme sienta bien. Hasta el bronceado acompaña. La pretemporada del Barcelona, en cambio, ha resultado dubitativa, impropia: tres victorias, dos empates y dos derrotas. Once goles en contra y sólo ocho a favor. Números de concursal. Es como si el equipo no terminara de sintonizar las nuevas rayas de la camiseta. Hay quien asegura que todo se explica fácilmente, sin dramas, con la ausencia de Messi, incorporado el 9 de agosto y sin minutos en los partidos de aperitivo. Tampoco faltan los que afirman que si el tren ha ido despacio ha sido, simplemente, para que Cesc se montara en marcha. Interpretación ferroviaria y optimista.
Fuente: As España