El ex ministro del gonismo, Carlos Sánchez Berzaín, abrió la polémica con sus declaraciones en CNN. Dijo el “Zorro” que Bolivia ya es un Narco-Estado en el gobierno de Evo Morales y que los cocaleros del Chapare -alineados en sindicatos presididos por el primer mandatario- no sólo producen hoja de coca sino también pasta base.
La respuesta oficialista no se hizo esperar y vino del vicepresidente Álvaro García Linera, alias “Qananchiri” en sus tiempos de guerrillero del EGTK.
Dijo el vice que “Sánchez Berzaín no tiene autoridad moral para criticar al gobierno” y que “esto es un intento de tapar sus crímenes”.
De nuestra parte, creemos que, por más cuestionable que pueda ser el mensajero, el mensaje está dando en el clavo.
Las cifras de los organismos internacionales son incuestionables, en cuanto al aumento descontrolado del narcotráfico durante la última administración gubernamental, respaldando la tesis del “Narco-Estado”.
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Respecto al debate en ciernes, todo apunta a que el derribo de más de un gobierno constitucional parece haber obedecido a la intención de crear un ambiente adecuado para la proliferación de cultivos ilegales de coca.
Otra historia es que determinados actores de esos gobiernos puedan haber actuado de manera equivocada, facilitando el acceso al poder del régimen cocalero.
Pero lo cierto es que, por más defectuosas que puedan haber sido las administraciones precedentes -como lo fue la república de Weimar respecto a la dictadura de Hitler-, nada justifica el intento de instalar un régimen autoritario con una duración de 50 años…