En las puertas…


Elio Pedraza Vargas

elio-pedraza Cuando el presidente Morales conquistó la administración de la República, indiscutiblemente obtuvo el apoyo de mayorías descontentas con la administración del país. Y entre sus promesas era acabar con los millones de pobres, marginados, discriminados y olvidados del acontecer económico, social y político.

Bolivia, según el análisis del MAS se encontraba en manos de las transnacionales, de los extranjeros, de los delincuentes, de los corruptos, de los oligarcas y de quienes por décadas usufructuaron del país y quienes se encontraban protegidos por los partidos políticos o agrupaciones ciudadanas y, no cabe la menor duda que también miraron las instituciones estatales y privadas para evitar que continúen agazapados quienes tanto –a su entender- mal le habían causado al Estado.



Ahora, cuando ya han pasado varios años -por si no se dio cuenta el presidente- continúan las condiciones de pobreza económica, y no hay que olvidarse que la pobreza viene a constituirse en una de las principales causas de los conflictos armados más duraderos.

Y lo grave es que el gobierno del presidente Morales ha institucionalizado la represión política y permite la degradación de los recursos renovables, como la erosión de los suelos, fomenta la deforestación con sus sectores sociales y desde ya ayuda a la escasez de agua.

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De igual manera, Bolivia tiene una diversidad de grupos étnicos, los cuales en principio intentaron unir esfuerzo para ser uno solo que sea capaz de organizar un nuevo Estado sustentado en lo pluricultural.

Pero ahora, cuando el conflicto aflora y hay fundamentales diferencias políticas, sociales y económicas, que son marcadamente notorias en los diferentes sectores de bolivianos, nos encontramos con la exclusión de ciertos grupos del poder central, como está sucediendo con los indígenas del oriente boliviano y esa actitud nos puede empujar a movilizaciones permanentes, en donde florezca la conciencia de lucha y donde la injusticia sea el permanente alimento de un levantamiento.

Lo que ocasionaría que ante la ceguera del grupo gubernamental y la constante aplicación de la injusticia, las movilizaciones de corto y largo plazo, según la motivación de las mismas, nos puede empujar a la aparición de líderes que resisten y que busquen consolidar su poder mediante la explotación de ese sentimiento de injusticia.

Por esa razón es que a pocos días de una elección aparentemente administrativa de la justicia boliviana, el gobierno del presidente Morales hace aguas por la implicancia política y la incredulidad en la que cayó dicha elección, porque hay que recordar que la justicia es la clave para que se genere un conflicto armado o se mantenga por muchos años la paz.

Y la realidad nos está mostrando de manera alarmante que estamos en las puertas de acontecimientos que no son esperados pero que pueden darse, y para ello tomaremos puntos referenciales como lo que sucedió en Nicaragua; cuando la prepotencia de autoridades militares y algunos cuerpos mal llamados de seguridad (policía) tenían potestad de golpear a campesinos por una mínima cosa (aquí es a los indígenas del oriente), y el peligro inminente en el nuestro es cuando los cuerpos militares quieren actuar como policiales y el presidente se rodea de una seguridad sindical, porque ya no confía en la policía y se restringe la formación de sindicatos de trabajadores (solo se aceptan los afines del gobierno).

Ahora lo que sucede en nuestro país, cuando la represión sustituye a las leyes, la justicia es ineficiente y servil al Ejecutivo, el gobierno pretende eliminar los espacios políticos, existe una especie de seguridad nacional en marcada en el socialismo del siglo XXI, hay una búsqueda al estilo inquisición de los supuestos enemigos internos, la supremacía, al estilo del superhombre, de dos grupos étnicos, lo que denota un racismo comprobado con la actitud policial del domingo negro, cuando se criminaliza a las víctimas, cuando existe complicidad con grupos civiles utilizados como choque de los que protestan, cuando la impunidad se campea, cuando las instituciones y las organizaciones sociales se debilitan por el amedrentamiento o la prebenda.

Y cuando existe una notoria solidaridad del pueblo a pesar del terror, la pasividad y el silencio cómplice del gobierno hacia sus Sectores Sociales (SS), es que considero que estamos en las puertas… y solo hace falta que cruce el portal uno que se anime.