¡Narcos en el TIPNIS!

Manfredo Kempff Suárez

manfredokempff21_thumb Si algunos ponían en duda los miedos de los indígenas yuracarés, mojeños y chimanes, en sentido de que el parque Isiboro-Sécure se convirtiera en territorio cocalero y guarida de narcotraficantes, han fallado. Si otros pensaban que era exagerada la advertencia del candidato derrotado a la presidencia de Brasil, José Serra, sobre que la carretera de Villa Tunari a San Ignacio de Moxos, se convertiría en la “rodovía de la cocaína”, se han equivocado también. Y el equívoco ha sido muy grande, porque se pensaba que aquello de la producción de droga sucedería en el futuro y resulta que el futuro es hoy. Hoy está, por lo menos, un cartel colombiano produciendo cocaína en grande.

Tras largas horas de combate, que se produzcan, dos muertos, dos heridos, y alrededor de una veintena de narcotraficantes escondidos en el monte, es algo para preocuparse. Fusiles Galil, M-16 y Fal, en manos de los mafiosos dan la pauta de una total decisión de matar. Cuatro helicópteros con tropas de élite debieron movilizarse hasta las proximidades de Santa Rosa del Isiboro, para encontrarse con gran cantidad de “precursores” – éter, ácidos, bicarbonato de sodio, cal – además de varios microondas para secar la pasta base y un generador de electricidad. Esto demuestra la existencia de una inmensa industria donde vivía bastante gente.



Calculan las autoridades nacionales que se podrían fabricar 100 kilos de cocaína diarios en el lugar, es decir tres toneladas al mes, 36 toneladas al año. ¿Es eso posible? Y se supone que la factoría producía estupefaciente desde hace dos o tres años. Al parecer los mafiosos utilizaban la vía fluvial para sacar el producto de la selva y llevarlo hasta algún lugar de donde era transportado fuera del país en avionetas. Si pensábamos que Huanchaca era la fábrica de cocaína más grande que se había encontrado en Bolivia hasta hace poco, estábamos errados. Hay que reconocer que con la superabundancia de coca existente, con la oferta que producen miles y miles de “catos” graciosamente otorgados , con la “republiqueta” cocalera que se ha creado en el centro de Bolivia, habrán hoy en nuestro país decenas de Huanchacas, con centenares o miles de narcos armados hasta los dientes. Eso este gobierno lo toma como una superchería.

Cayó en cumplimiento de su deber, por el certero disparo a la cabeza de un francotirador, el subteniente de la Policía, Steven Medrano. Otro policía más resultó herido. Y fue abatido, asimismo, un narcotraficante colombiano, y capturado uno más. Tarea muy difícil será atrapar al grueso de los narcos que se internaron en la espesura del monte. La selva tupida es el mejor escondite para los prófugos y el lugar más traicionero para los perseguidores. En el caso presente, los bandidos tienen muchas ventajas en su favor y la más importante es el conocimiento de un terreno laberíntico que lo han transitado continuamente, que lo conocen como la palma de su mano.

Es una paradoja que mientras los indígenas hayan marchado más de 500 kilómetros a pie hasta La Paz, para decirle a S.E. que temen porque la carretera de marras vaya a partir su territorio en dos, despoblando la región de árboles, vegetación, flora y fauna, a cambio de la germinación de mortíferos cocales, el gobierno manifieste que ese temor es absurdo. Recién ahora, quienes no hemos estado en el Isiboro-Sécure, empezamos a comprender que lo de la “rodovía de la cocaína” no era parte de un discurso político de José Serra, sino un temor justificado. Lo que nos tiene que alarmar y apenar a todos es que no hubiera sido un boliviano en funciones de gobernante quien advirtiera del peligro, y que, por el contrario, se lo tomara a broma. Está clarísimo que ninguno de los ministros actuales se atrevería a sugerirle siquiera a S.E. de que el negocio inmundo está asentándose hasta en los parques nacionales de Bolivia. ¡Cómo decirle eso al presidente de las seis federaciones de cocaleros del Chapare!

Pues bien, estamos en un brete sin salida. S.E. y el MAS parcelaron el país al aprobar la nueva Constitución – la más nefasta Constitución de la vida nacional – y ahora quieren pasársela por el forro. Han repartido Bolivia entre pueblos, etnias, tribus, y hasta entre familias. Lo hicieron demagógicamente, con el ánimo de amedrentar unas veces y de escamotear en otras. Pero el objetivo era ganar votos adulando a los indígenas. Ahora que no se quejen. Ahora que no digan que la Constitución está siendo mal interpretada. Ahora tienen que pedir permiso si quieren hacer una carretera, un gasoducto, una represa, o un proyecto turístico. Ese es el producto del gran logro de S.E.: la Constituyente y su engendro.

Los paceños, generosos y valientes, han recibido a los marchistas como a héroes, con toda razón. Pero los gobernantes que ostentaban alardes de amor y generosidad ahora están elucubrando cómo contentar a los indígenas para que se vayan lo antes posible.