Plebiscito a la boliviana

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El presidente boliviano, Evo Morales, ha sufrido un grave traspié en su propósito de crear una democracia electoralista en la que la suma de sufragios determinara de manera casi absoluta la puesta en práctica de una u otra política. Y han sido, paradójicamente, los votos los que se han vuelto contra el líder indígena, que, sin embargo, había sido reelegido en 2009 con el 60% de la opinión a su lado.

Morales ha perdido la consulta -que se había convertido en algo muy parecido a un plebiscito- para elegir una cúpula judicial de 56 miembros que debería renovar, sin duda con criterios oficialistas, la totalidad de la magistratura boliviana. El propio órgano electoral ha reconocido que los votos nulos igualan o superan a los favorables, con poco más del 40% en cada caso, y si se le suman los votos en blanco -como pedía la oposición-, la derrota ya es muy abultada. Al mismo tiempo, el presidente tenía que pedir a la Cámara que modificara una ley para declarar intangible el parque nacional Tipnis, lo que equivalía a prohibir que lo cruce una carretera proyectada con financiación brasileña. Una gran parte de los pobladores de la zona, sobre todo indígenas, llevaban dos meses movilizados y unos 1.500 de ellos habían efectuado una marcha hasta La Paz para exigir la supresión de la obra. Ante la presión de un electorado en principio afín, la presidencia ha cedido, prometiendo elaborar una ley para que no se aprueben trabajos de esa índole sin consultar a los afectados.



El presidente sigue con gran probabilidad contando con una mayoría favorable, pero las urnas le han dicho que la democracia no comienza ni termina con el voto. La composición de la judicatura no se decide por sorteo, ni fuera de los cauces académicos y profesionales correspondientes, porque el Estado de derecho estaba ya inventado antes de que Morales llegara, sin duda de forma plenamente democrática, al poder.