The Wall Street Journal: enfrentamiento entre cocaleros e indígenas desata crisis política en Bolivia

justa_cabrera01 En Bolivia, un enfrentamiento entre indígenas del Amazonas y cultivadores de plantas de coca sobre la construcción de una carretera ha sumido al gobierno del presidente Evo Morales en una crisis política.

Líderes indígenas dicen que la carretera, que partirá en dos su reserva en la parte oriental del Amazonas, abrirá la puerta para que los poderosos sindicatos de cocaleros ingresen a su territorio. Los indígenas agregan que los cultivadores empezarán a plantar coca en sus tierras, lo que perjudica el medio ambiente e invade su cultura.

En un esfuerzo por detener la construcción, los indígenas empezaron a marchar desde agosto desde su reserva, el Parque Nacional Isiboro Sécure, y están ahora a unos 160 kilómetros de La Paz. El fin de semana, los manifestantes rechazaron la oferta de Morales de sostener un referéndum sobre la carretera.



En Bolivia, las marchas indígenas tienen mucho peso. Morales, cuya tribu Aymara es de la región andina, logró desbancar a su predecesor liderando una serie de marchas hacia la capital.

La llegada de los indígenas a la capital, esperada para esta semana, ha planteado la posibilidad de enfrentamientos violentos. La marcha ganó un apoyo más amplio en días recientes cuando la policía que fue enviada a detenerla fue grabada golpeando brutalmente a los manifestantes. La marcha y la violenta respuesta del gobierno ha hecho a Morales blanco de críticas de que no ha cumplido lo decretado en la misma Constitución que el apoyó, en la que las tribus indígenas tienen garantías de autonomía. Varios grupos indígenas que en el pasado apoyaron a Morales se han puesto del lado de los manifestantes, y al menos un miembro del gabinete ha renunciado en protesta.

La controversia es un claro recordatorio del inmenso papel que la industria cocalera juega para Morales, que además de ser presidente, sigue siendo el líder del sindicato de cocaleros. Aunque el cultivo de la planta es legal en Bolivia, la mayor parte de la coca que es sembrada en la región donde se planea la carretera termina en el procesamiento de cocaína que es enviada a Estados Unidos y otros mercados, dicen expertos. Desde que llegó a la presidencia, Morales expulsó a las autoridades antinarcóticos estadounidenses que estaban en su país.

"Esta es una carretera para el tráfico de droga", dijo Justa Cabrera, una de las líderes indígenas en la marcha.

Algo que complica las cosas es el hecho de que la mayoría de los cultivadores de coca son indígenas que emigraron de las altiplanicies hacia los valles de clima cálido en Bolivia en los años 80. Morales formó parte de ese movimiento.

"La carretera debería ser construida porque ofrece integración y desarrollo para nuestros hermanos indígenas que deberían tener los mismo privilegios que nosotros", dijo la senadora

Leonilda Zurita, una poderosa congresista cercana a Morales, y quien se autodescribe como una "alta ejecutiva de los cocaleros".

La pelea por la carretera ha contribuido a un declive significativo en la popularidad de Morales, especialmente entre los indígenas que no participan en el cultivo de coca y quienes están aterrados de la acción violenta de la policía, bajo órdenes del gobierno, contra los indígenas. En un sondeo realizado antes de que se publicaran las imágenes de las autoridades golpeando a los manifestantes, la popularidad del mandatario se ubicaba en 40%. Los analistas dicen que sus índices de aprobación probablemente cayeron aún más después de la acción policial.

En un esfuerzo por desactivar la protesta, Morales ha ordenado una suspensión temporal de la construcción y también convocó a un referéndum sobre la carretera. Los líderes indígenas han rechazado el referéndum sobre la base de que demasiados cultivadores de coca tendrán la oportunidad de votar.

Entre tanto, el enfrentamiento podría resultar embarazoso para Brasil, que está financiando la carretera a través de su banco de desarrollo, BNDES, como parte de una estrategia que busca ayudar a las empresas brasileñas a ganar contratos en el extranjero e influencia regional.

El gobierno brasileño ya está bajo presión por sus decisiones sobre préstamos de dinero.

The Wall Street Journal