Vida de los Indígenas en el TIPNIS: Trabajan para colonos y 2 de 10 niños mueren antes del año

Una comisión de legisladores, asambleístas, miembros de ONG ecologistas y periodistas llegó el sábado a la comunidad para verificar las condiciones de vida de la gente.

La Razón – A.Melgarejo – Ichoa

Indígenas en el TIPNIS viven de vender productos a colonos

Conflicto por el TIPNIS. Los indígenas de al menos siete comunidades del Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS) dependen de los colonos que se instalaron en él. Trabajan en el cultivo de la hoja de coca por 20 bolivianos el jornal y en el comercio de pescado fresco y charque.



Las indígenas viven en la zona de Ichoa, en el área del tramo II de la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos.

Una marcha indígena rechaza la construcción del tramo II por el TIPNIS, que va de Isinuta a Monte Grande (170 km).

image Foto: Población. Los indígenas de la comunidad 3 de Mayo viven en casas construidas con materiales del lugar. La comunidad está en parte del TIPNIS.

Los colonos contratan y compran la pesca de sus vecinos. “Nos pagan 20 bolivianos por cosechar un cato de coca (1.600 m2). Con el dinero compramos cuadernos y lápices para hacer estudiar a nuestros hijos”, cuenta Milton Rosendi Noza, indígena de la comunidad 3 de Mayo.

Una comisión integrada por legisladores, asambleístas, representantes de diferentes organizaciones ecologistas y periodistas llegó hasta la comunidad el sábado para verificar las condiciones de vida de los habitantes y conocer los accesos carreteros a la región.

Una senda conduce hasta la población. Ni bien vieron a los ocasionales visitantes salieron de sus viviendas para ofrecer charque de pescado, único producto que pueden comercializar.

TRABAJO. “Con la venta del charque ganamos de 200 a 300 pesos por mes; no es mucho”, explicó Rosendi. Ante esta situación, habitantes de las comunidades de Fátima, San José, San Antonio, San Jorgito, Puerto Pancho, El Carmen y 3 de Mayo se ven obligados a ir hasta los sindicatos cocaleros en busca de trabajo.

Abraham Musua es de Puerto Pancho, pero vive en San Antonio, a 56 kilómetros de su pueblo natal. Se trasladó para que sus hijos continúen sus estudios escolares. “Para que se adelanten en la educación me he venido a San Antonio.

En Puerto Pancho se quedaron mis hijos mayores; queremos que mis hijos menores estudien porque no quiero que se queden como yo; con profesión podrán ganarse algo”, sostiene. Zacarías Noza Huasi, de la comunidad mojeña de El Carmen, cuenta que debe caminar mediodía hasta Ichoa para intercambiar o vender el producto de la pesca.

“Antes todo era artesanal, pero ahora conseguimos el hilo y el gancho (anzuelo) para la pesca de los colonos. Llevamos pescado y lo cambiamos”, explicó. En El Carmen también se hace charque de carne de jochi (chancho de monte), que se utiliza para la venta o el intercambio.

“Cuando nos falta anzuelo, machete o cartuchos para las armas, llevamos al pueblo charque de sábalo o jochi para intercambiar con lo que necesitamos. Utilizamos un camión que entra hasta nuestra comunidad para salir hasta Santo Domingo; no nos cobran porque entran a comprar carne de pescado”. relató Noza.

MADEREROS. Otra forma de conseguir dinero es autorizar a los madereros a talar árboles. El denominado plan de manejo supone dar autorización para la explotación de madera, lo que provoca algunos problemas entre las comunidades cuando el dinero de la “autorización” no llega a todos.

Gumercindo Pradel, presidente del Consejo Nacional Indígena del Sur (Conisur), entidad que aglutina a 20 comunidades, aseguró que es importante que la construcción de la carretera entre Villa  Tunari y San Ignacio de Moxos pase por el parque TIPNIS, porque traerá desarrollo a la zona.

“Cuando haya la carretera, habrá mejores condiciones para mi gente, para mi pueblo. Por nosotros los hijos de los indígenas ya van al colegio, están estudiando, pero el pueblo indígena sigue arrinconado”, explicó.

La carretera que unirá Cochabamba y Beni está dividida en tres tramos, Villa Tunari-Isinuta; Isinuta-Monte Grande, y Monte Grande del Apere-San Ignacio de Moxos. La constructora OAS inició obras en el primer y tercer tramo, mientras que en el segundo se suspendió el proyecto hasta tanto se consolide una consulta.

Rosendi también afirmó que la carretera traerá desarrollo a los pueblos indígenas. “No quiero que mis hijos vivan igual que yo, que salgan a estudiar, y si tenemos más plata podemos llevarlos a internados para que se superen, no van a ser como nosotros que trabajamos en el chaco soleándonos”, expresó.

Mosua recordó que en muchas ocasiones intentaron sembrar coca para mejorar su situación, pero no lo lograron debido a la oposición de los colonos. “Quisiéramos acceder al cultivo de coca y cosechar, pero no nos lo permiten los colonos”, denunció y reiteró que la situación en la que viven actualmente es precaria.

Registro para bono escolar

Un grupo de militares del Regimiento 31, con base en Santa Rosa de Chipiriri, ubica en el TIPNIS unidades educativas para censar a la población estudiantil que en próximas semanas recibirá el bono Juancito Pinto. “Estamos sentando presencia en las comunidades, estamos haciendo un estudio de campo para la entrega del bono Juancito Pinto (Bs 200)”, informó el coronel Gonzalo Sanjinés, comandante de la unidad militar.

Hasta 2 de 10 niños mueren antes del año

El centro de salud de Ichoa, ubicado en la zona de 170 kilómetros del tramo II de la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos, atiende a indígenas de diferentes zonas.

image Tramo. Asambleístas y representantes de otros sectores viajaron hasta las comunidades del TIPNIS.

La Razón – A.Melgarejo – Isinuta

Hasta dos niños de cada 10 mueren en el primer año de vida, como consecuencia de enfermedades prevenibles como las infecciones respiratorias y las infecciones diarreicas. Algunos mueren en las comunidades, mientras que otros en las sendas y ríos camino al centro médico.

Grover Araníbar, médico del Centro de Salud Ichoa, posta construida por el padre Erick Willener y la hermana Ingrid Pencer, presta ayuda a los colonos e indígenas, que viven en al menos 10 comunidades monte adentro.

El centro de salud está a una hora de caminata de la población indígena más cercana. Los habitantes de Fátima, San José, San Antonio, San Jorgito, Puerto Pancho, El Carmen, 3 de Mayo y otras comunidades acuden al centro de salud. Ichoa está en el área del tramo II (TIPNIS) de la vía Villa Tunari-San Ignacio de Moxos.

“La muerte es algo común en la zona, ya que la tasa de mortalidad es alta. Uno o dos niños menores de un año mueren de cada 10 nacidos vivos; la mayoría por infecciones respiratorias agudas (IRA) e infecciones diarreicas agudas (EDA). Tal vez por la cantidad de niños que tienen las familias no los traen cuando enferman”, explicó.

Uno de los factores para esta situación es la distancia entre las comunidades y los centros de salud. Marina Vilche, de 42 años, caminaba de San José de la Angosta —donde vive con una parte de sus hijos— a Puerto Pancho para ver cómo estaba una de sus hijas a la que dejó al cuidado de sus hermanos.

“Hace un mes que he dejado, con sus hermanos, a mi hija de 13 años enferma. Estoy yendo a verla, su pie se ha hinchado y no puede caminar, dicen que no sanó y ahora tengo que llevarla cargada en mi espalda hasta el médico de Ichoa (dos horas de caminata de Puerto Pancho)”.

MORTALIDAD. De 15 hijos, 11 viven. “Cuatro han muerto de la enfermedad. A mi primera hija muerta no pude sacarla de la comunidad al médico. Su barriga se ha hinchado y no ha podido comer, temperatura fuerte tenía, no le hemos podido calmar con nada y al final en canoa le estábamos llevando al médico pero no ha aguantado, a medio río hemos llegado y se ha muerto”, relató.

Según Marina, sus otros cuatro hijos fallecieron antes de cumplir un año. “Se han muerto de diarrea, vómito, eso rápido los mata”. En San Antonio, otra comunidad indígena, esta vez yuracaré, Gabriela Morales cargaba a su hijo de menos de un año de edad, que no dejaba de llorar. “Está enfermo”, respondió cuando se le preguntó por qué lloraba.

“Se ha asustado, por eso casi se muere. Estábamos en el río y se ha ch’ultido (caído al río), su sombra se ha ido y cuando lo hemos llevado a la posta no le han podido curar”, explicó.

Morales tiene tres niños y asegura que continuamente se enferman. “Cuando eso pasa no sabemos qué hacer, nos fatigamos también, hay que salir hasta Ichoa caminando y cuando no podemos ir aquí los curamos”.

Araníbar informó de que ayudan a los indígenas con medicamentos para combatir enfermedades como la leishmaniasis y otras que los aquejan.