Brasil, ¿hermano mayor o “gran hermano”?

Maggy Talavera

maggy-talavera Lunes 29 de agosto de 2011. Un emocionado Evo Morales da la bienvenida al ex presidente de Brasil Lula da Silva, que llega sorpresivamente a Santa Cruz de la Sierra para asistir a dos eventos poco promocionados: un encuentro con jóvenes y líderes de movimientos sociales afines al Gobierno en el coliseo Don Bosco, y un foro empresarial sobre integración en la Cámara de Industria, Comercio, Turismo y Servicios de Santa Cruz.

Morales y Lula se muestran animados e intercambian halagos. Lula ratifica públicamente su apoyo a Evo, dice que “un problema de Bolivia debe ser un problema de Brasil” y no titubea al sostener que “Brasil debe financiar el desarrollo de Bolivia”.



Morales no se queda corto en devolver los halagos. El primero es el más llamativo, por la carga de humildad que revelan sus palabras, un rasgo no común en el Presidente. “Brasil es un hermano mayor. Reconocemos su liderazgo en la región”, dice y anuncia que ambos trabajarán para “fortalecer la integración y las políticas sociales en la región”. El tono se asemeja al que caracteriza a cualquier reunión oficial entre dos jefes de Estado. Sólo que, curiosamente, éste no es un encuentro formal entre dos presidentes. Evo sí lo es, Lula no. ¿Por qué, entonces, el Gobierno boliviano hace cuestión de darle estatus oficial a lo que no es una reunión entre mandatarios, sino sólo un encuentro informal entre dos amigos?

Nadie hace esa pregunta. Nadie explica cuál es el verdadero motivo de la imprevista visita de Lula a Santa Cruz. Menos aún quién financia y cuánto cuesta el viaje, incluyendo el detalle de las dos disertaciones hechas por Lula en menos de 24 horas. Hay que esperar días e hilar fino para descubrir que la constructora brasileña OAS es la patrocinadora del viaje y de las charlas de Lula en la capital cruceña. Unos hablan de 300 mil dólares, otros de 500 mil. ¿Tanto dinero para improvisar una visita y dos charlas sobre integración? ¿Tan bondadoso es el ‘hermano mayor’? En este momento, la duda se transforma en sospecha y la sospecha en certeza: Lula llega a Santa Cruz obligado por la VIII marcha indígena.

En efecto: 14 días antes de la visita de Lula, un millar de indígenas del oriente boliviano inicia en Trinidad una marcha hacia La Paz en defensa de sus tierras y territorios, sobre todo del Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro-Sécure (TIPNIS), amenazado de muerte por la construcción de la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos, cuyo trazo parte en dos al TIPNIS. Los indígenas exigen anular el proyecto. Éste es defendido como “razón de Estado” por el Gobierno, que lo aprueba sin la consulta previa a los indígenas, violando la Constitución, y lo adjudica de manera directa -modalidad “llave en mano”- a OAS. Evo responde a la marcha con una arenga: “La carretera se construirá ¡sí o sí!”. La movilización indígena se masifica, gana respaldo y pone contra la pared al Gobierno.

Entonces aparece Lula en el escenario. Llega y afirma que “un problema de Bolivia es un problema de Brasil”. Sostiene reuniones privadas con Evo. Se reúne con los empresarios. No atiende a los indígenas que reclaman la defensa del TIPNIS. Y se va. Pero el conflicto por el parque, lejos de aplacarse, crece y se agudiza. Viene la represión policial contra los indígenas en Yucumo, la ola de indignación ciudadana se extiende por todo el territorio nacional, cruza fronteras, regresa recargada de energía para alentar a los marchistas hasta su ingreso triunfal en La Paz, su vigilia en la plaza Murillo y la victoria de su demanda, traducida en una ley que los indígenas arrancan al Presidente y que anula el proyecto vial por el TIPNIS.

Pero esta historia está lejos de acabar. El “hermano mayor” no parece estar dispuesto a dejar de lado un proyecto que trasciende al que puso en jaque a su “hermano menor”. Y éste, el “menor”, tampoco parece estar resignado a perder la batalla frente al TIPNIS. No porque se trate de una “razón de Estado” frustrada, sino porque afecta a intereses creados en torno a megaproyectos millonarios que alientan los grandes monopolios y oligopolios “de cada uno de los sectores que ya están instalados en el continente y que tienden a expandirse con fondos públicos”, como afirma el sociólogo brasileño Luiz Fernando Novoa Garzon en la entrevista dada a O Correio da Cidadanía. En el caso del TIPNIS, con fondos del Banco Nacional de Desarrollo de Brasil y del TGN de Bolivia.

Página Siete – La Paz