Colonialismo

José Gramunt de Moragas

Por Jose Gramunt de Moragas Más de una persona se me ha acercado para contarme sus dudas sobre lo que predican algunos sacerdotes católicos. Es frecuente que la cuestión se refiera a si los misioneros católicos de los siglos pasados, los de las reducciones jesuíticas y franciscanas, los constructores de hermosos templos en toda la América Latina, fueron unos colonialistas. Excluyo a quienes -los hubo- no se dejaron tentar ni por la riqueza ni por el poder. Me refiero aquí, en concreto a los misioneros de todos los tiempos que predicaron el evangelio en medio de la pobreza y de la hostilidad e incluso de la persecución y del martirio.

¿Colonialistas los que enseñaron a rezar el Padre Nuestro? ¿Colonialistas quienes construyeron hermosos templos para adorar a Dios? ¿Colonialistas quienes -ayer y hoy- se ocupan de los pobres y desamparados? Insisto en la palabra colonialista porque algunos políticos a la moda la utilizan para contraponer las culturas autóctonas a la fe católica. Antes de seguir adelante debo confesar mi más sincero respeto por aquellas culturas en las que algunos de sus estudiosos y amigos quieren ver profundas semejanzas -si no identidades- con lo que Jesús nos enseñó y que los hombres y mujeres santos de todos los siglos practicaron para buen ejemplo de generación en generación.



Mucho me temo que algunas de las especulaciones sobre la fe católica y las tradiciones -algunas de ellas recién inventadas-, más que afianzar a los fieles cristianos en su fe, les confunden y perturban con mil dudas. ¿Será que hoy día hay que seguir predicando la buena nueva de Jesús, tal como la enseñaron los apóstoles y los santos y sabios que les han seguido, o será más “moderno” especular sobre otras experiencias religiosas o meramente folklóricas? ¿No estaremos sembrando más confusión, añadida al materialismo, la indiferencia, el hedonismo que van posesionándose del mundo católico?

Si en el concepto amplio de cultura, remarcamos el lenguaje, me cuesta creer que hoy día, alguna de las lenguas autóctonas sirva de instrumento mundial de comunicación, como lo es el castellano. Por este motivo creo que es un error confundir la preservación y perfeccionamiento de las lenguas autóctonas, con su utilidad como medio de comunicación universal. Aclaro que, no es igual dominar una lengua originaria que poseer, de entrada, un idioma hablado y escrito por más de 400 millones de seres humanos, en continuo crecimiento.

Insisto en la interpretación laica de la colonización, versión que resulta la más apropiada. Los reales colonialistas de hoy día son los grandes capitales que explotan las riquezas de los otros países, y los dejan en su pobreza milenaria. Colonizadores, como su propio nombre indica -colonos-, son los que invaden territorios ajenos. Es más, el colonialismo tiene mucho parecido al caudillaje: ambos someten a los demás al poder del gran jefe.

Alternando lo temporal con lo espiritual, no es justo calificar a la iglesia de colonialista, cuando en ella militan tantos hombres y mujeres que dan ejemplo de vida y no persiguen ni el enriquecimiento ni el poder.

ANF