El defensor del pueblo, que a nadie puede defender

Carlos Meleán*

Melean2 No es vinculante, es decir la pateadura no se dio por más de que lo hayamos visto…

No es vinculante, es decir la segunda guerra mundial no se dio por más que lo hayan visto….



No es vinculante, es decir que la paseada sobre la luna no se dio por más que la hayamos visto…

No es vinculante, es decir que la guerra (dizque revolución) en Libia no se dio por más que la hayamos visto…

No es vinculante, es decir que la victoria por absoluta mayoría en las elecciones de hace tantos años no se dio por más que hayamos hecho nuestras crucecitas…. pero acá si es vinculante, porque estaríamos hablando de su mamadera que seguramente no la quieren devolver.

Que jodidos habíamos sido los bolis che, nada es vinculante, aquí solamente se trata de meter no más pues, meter hasta donde se pueda y después sabremos crear la realidad que nos convenga para el caso particular y así volvemos a escribir un capítulo de la historia de Bolivia, que lentamente se va convirtiendo en un libro de ciencia ficción. Y como las funciones se pueden delegar hasta el infinito, entonces jamás tendremos a un culpable… porque hacer política en Bolivia es simplemente jugar al calzón sucio con una baraja con millones de cartas y el jefazo decide a quién le tocará la última carta.

Dice que después de Caranavi el informe tampoco fue leído, ¿entonces para qué gastamos plata haciendo escribir informes que no tienen ningún sentido o valor? ¿Entonces para qué existe un defensor del pueblo, si el pueblo no se lo quiere defender? ¿Entonces para que hacemos tanto teatro, para que los vecinos nos crean que realmente estamos jugando a ser los buenos demócratas? ¿Pero qué valor tiene una democracia si solamente se la juega y no se la vive? ¿Entonces de qué nos vale saber si el vandalismo le cuesta a La Paz 2,8 millones de pesos o si los Potosinos y Orureños se andan mostrando los dientes por cuestiones de límites, si al final la realidad es dictada desde el Palco Presidencial?

Y desde el Palco Presidencial se va imponiendo una realidad ajena a cualquier razonamiento humano, y fuera del Palco Presidencial se van escuchando los amenes, así como siempre en nuestra historia, donde aprendimos a bajar la cabeza y aceptar cualquier golpe, venga de donde fuere. Ok, si el defensor no me puede defender, si los abogados no me pueden defender, si los jueces no me deben defender, ¿entonces quién me podrá defender? ¿Quizás el Papa Noel? ¿O el Llanero Solitario? ¿El Hombre Araña? ¿Kalimán? ¿Y qué pasaría si empiezo a defenderme? ¿Hasta dónde llegaría la justicia comunitaria, podría convertirse en una justicia personal?

¿Será esa la meta… convertir al aparato judicial simplemente en una institución abstracta que no tenga ningún poder y solamente esté ahí de pantalla, mientras la justicia sea simplemente un conjunto de normas dictadas por un partido político, para afianzar su poder y alargarlo para siempre? ¿Seremos tan débiles, que ya perdimos hasta la convicción de lo que creemos y deberían ser los valores de nuestros hijos? ¿Serán esos los valores que deben heredar las futuras generaciones? ¿Entonces qué significa defender a la patria, cuando esta patria se convierte prácticamente en un peligro personal?

La dimensión de la palabra traidor llegó a extremos peligrosos… de que no nos damos cuenta, se sobre entiende, de que no queremos darnos cuenta también… ¿pero si ningún criminal tiene un nombre, entonces por qué seguimos creyendo en nuestra justicia? ¿Será que somos tan cristianos que damos todas las mejillas que tenemos para que nos pateen y listo? ¿Qué tal si por ahí no existe el cielo, con su paraíso, entonces de que nos valió a jugar a los hechos a Su Semejanza?

¿Hasta dónde son nuestros pocos valores todavía vinculantes? ¿Y cuando ya no los sean, podremos meternos bala sin el menor de los remordimientos? ¿Tan bajo hemos llegado o podremos caer más profundo?

*Hamburgo, Alemania