La sequía en el Chaco boliviano alienta el negocio privado por el agua

Daño. Perforadores de pozos y ‘cisterneros’ agravan la economía del ganadero. Hace tres años, los menonitas cobraban $us 30 por perforar un metro de pozo en Villamontes; hoy vale $us 100. En 2010, los dueños de cisternas, que llevan agua a las haciendas, pedían Bs 800, ahora el servicio cuesta hasta Bs 1.200.

image ESQUELETOS. En el cementerio de Ordóñez, en Villamontes, yacen restos de vacas. Foto: Jorge Quispe

LA SEQUÍA IMPULSA EL NEGOCIO DEL AGUA EN EL CHACO



La Razón – Jorge Quispe

En tanto, algunos campesinos de las comunidades intentan purificar el agua de los charcos con hojas de algarrobo. “En pleno siglo XXI, la gente no tiene agua para tomar. Estamos llegando al extremo de beber agua de los atajados, donde las vacas orinan”, protesta Javier Cuéllar, presidente de la Federación de Ganaderos del Chaco (Fegachaco) desde Villamontes.

Esta zona tarijeña es castigada anualmente por la sequía. Allí ya no es novedad que mueran centenares de vacas, tampoco que la temperatura supere los 45 grados centígrados, y mientras la sequía se acentúa más, desde junio hasta principios de diciembre, este fenómeno alienta un nuevo negocio: la pelea por el agua.

“No es por el dinero, yo lo hago porque a mí me da mucha pena ver morir a las vaquitas; por eso ayudo a los ganaderos llevando agua con mi cisterna”, dice Ruperto, un potosino dueño de una cisterna que por día cobra Bs 1.200 a los ganaderos.

En el chaco tarijeño, que comprende Yacuiba, Villamontes y Caraparí, existe un hato de al menos 120.000 cabezas de ganado, de los que unas 10.000, de acuerdo con Cuéllar, murieron en 2010 por falta del líquido elemento.

“Hasta estos días (última semana de octubre) debemos tener unas 1.500 vacas muertas y aún falta lo más difícil en noviembre”, precisa Aldo Ovando, vicepresidente de Fegachaco, organización que agrupa a 1.306 filiales conformadas en promedio por unos 35 puestos o haciendas.

Hay ganaderos grandes, medianos y pequeños, y estos últimos son los más vulnerables ante esta calamidad natural. “Antes no había cisternas, pero ahora hay varias y en muchos casos no tenemos otra que contratar sus servicios, porque nuestras autoridades (alcaldías y Gobernación) no se ponen de acuerdo”, se lamenta Alcides del Castillo, de la filial Palo Marcado, a unos 45 kilómetros de Villamontes.

En esa zona, el pozo se secó el 15 de julio y en otros sitios no llueve desde 2006.

Los ganaderos deben destinar hasta Bs 3.500 , incluido el combustible por mes, para comprar agua de los dueños de cisternas. “Si no tienes ese dinero, las vacas se mueren”, relata Cuéllar.

Fegachaco presentó un plan de mitigación para la sequía al Gobierno, cuyo costo llegaba a Bs 60 millones, de los cuales 20 millones iban a ser puestos por los ganaderos, pero, según dice, las autoridades hicieron oídos sordos. “Perdimos el año pasado Bs 16 millones por la muerte de nuestro ganado”.

Ganaderos como Benito Ordóñez, de la filial Alambrada, se resignan ante la cruda realidad. “Hay que sacar del bolsillo, ¡cumpa!, para pagar a los cisterneros, no queda otra”, lanza mientras el sol despunta y el termómetro llega a los 40 grados a la sombra.

Ruperto se defiende. “Si los ganaderos me llaman voy, lo único que les pido es la lista para hacer mi recorrido. Trabajo 20 días y después descanso”.

Eso le reporta Bs 20 mil de ingresos por mes.

Otros datos de la actividad

De acuerdo con la distancia de la hacienda ganadera, la cisterna puede hacer más viajes. Eso sí, no debe ser menos de dos días.

MENONITAS

Argumentan que los repuestos de sus máquinas se encarecieron y que por eso ahora cobran 100 dólares por metro. Los pozos deben tener al menos 100 metros de profundidad; los de 200 funcionan mejor. Eso demanda un gasto de 20 mil dólares.

UN POZO

Hacer construir y equipar un pozo de 200 metros costaría al menos unos $us 100 mil . La Gobernación construyó en 2010 unos 40 comunales en el Chaco.

Ortiz no puede utilizar un pozo comunal en Tigüipa

En 2010, la Gobernación de Tarija construyó 40 pozos comunales para el beneficio de los ganaderos, sin embargo, la ayuda no llega a todos.

“Hay un pozo comunal aquí en Tigüipa (a 37 kilómetros de Villamontes), pero no podemos sacar el agua, por la mezquindad de los dueños”, reniega Miguel Ortiz, propietario del puesto Los Pinos, mientras muestra uno de sus dos atajados: sin agua, seco y partido por la sequedad.

Los pozos comunales fueron hechos para beneficiar a cinco familias, pero el dueño del que está en Tigüipa, habría indicado que los cinco beneficiarios son sus hijos y su esposa, por lo que no le correspondería nada a los vecinos. “Hay por lo menos unos 10 pozos que no cumplen esa labor de solidaridad y eso es lamentable; Fegachaco es una entidad privada y poco puede hacer, por lo que la Gobernación debería normar esto”, reclama Aldo Ovando, de la Federación de Ganaderos del Chaco (Fegachaco).

“Voy a tener que gastar unos 1.000 bolivianos pasado mañana para que llegue una cisterna”, suelta, mientras espera la ayuda.

Miguel es un ganadero pequeño y pierde cada año por lo menos 40 cabezas de ganado. Cada una cuesta 2.000 bolivianos.

Ordóñez tiene su propio cementerio para las vacas

Los esqueletos de 20 vacas yacen a unos 100 metros del bebedero del ganado en el puesto Los Ángeles, de Benito Ordóñez en Sapirenda, a unos 100 kilómetros de Villamontes.

“Todas han muerto por falta de agua. Aquí las traigo cuando caen y fallecen. Todos tenemos un cementerio, porque lamentablemente siempre pierden la vida”, afirma con dolor mientras muestra uno de las osamentas.

Cerca del bebedero yace el cuerpo de un ternero de ocho meses que murió la última semana de octubre. “Este ternero tomó muy rápido el agua, le hizo mal y falleció”. Algo similar pasó con otra vaca, pero ésta última estaba preñada y perdió la vida con el feto incluido. “Quizá se deba a que bebieron agua soleada de golpe y por eso se enfermaron y murieron”, añade por su lado Aldo Ovando, de la Federación de Ganaderos del Chaco (Fegachaco).

Ordóñez se benefició de una membrana australiana para atajados; los técnicos de la Gobernación le dijeron que la cuidara y que siempre la tenga con agua, pero ahora se pregunta: “¿De dónde voy a sacar agua, esta membrana se va a fregar y eso va a ser peor? Yo pienso, ¡cumpa!, que debemos hacernos pozos para llenar con esa agua estos atajados”.

En Fegachaco apuntan a la construcción de un acueducto

La idea es captar agua desde el río Pilcomayo y llegar con una red así a las haciendas

A grandes problemas, grandes soluciones. Así reza un dicho y así también cree que se debe actuar ante la sequía en el Chaco el presidente de la Federación de Ganaderos del Chaco (Fegachaco), Javier Cuéllar.

“Creemos que hay que construir un acueducto desde el río Pilcomayo (a 180 kilómetros de la zonas ganaderas en Tarija) para llevar agua a un dique y luego a los puestos así solucionaríamos nuestro problema”, explica.

De acuerdo con este proyecto, la instalación sería similar a la que se hizo con el gas. “La idea es llegar hasta los mismos puestos con agua y así ya no tener que usar las cisternas”.

Llevar adelante esta propuesta significaría una inversión de más de 200 millones de bolivianos.

Para Cuéllar, la inversión valdría la pena ante los cerca de $us 100 mil que cuesta perforar un pozo o los Bs 1.200  diarios que deben pagar los ganaderos para comprar agua. “La perforación de los pozos es un recurso paliativo, al igual que la limpieza de cañadas, pero un acueducto podría solucionar de una vez el problema de la sequía en nuestra región”, detalla el dirigente chaqueño.

Crisis. De la misma idea son los ganaderos Benito Ordóñez y Alcides del Castillo. “Yo ya tengo dos atajados, pero no tengo agua, por eso creo que un acueducto puede resolvernos este problema”, señala Ordóñez, desde el puesto Iguazuru.

“No sabemos por qué Dios no nos echa agua, por qué nuestras represas siguen secas”, cuestiona Del Castillo, para quien la poca agua que queda en algunos pozos se agota cada día.

En el pasado, funcionarios del Ministerio del Medio Ambiente y Agua llegaron hasta el Chaco, prometieron soluciones, pero no

hay nada de ello. “Nosotros intentamos dar forraje a nuestros socios, sin embargo el problema es el agua; nuestras vaquitas pueden durar una semana sin beber, pero después se mueren”, dice Cuéllar.

Esperan la ayuda de la Gobernación

Hasta la anterior semana, los ganaderos del Chaco tarijeño, en particular de Villamontes, Yacuiba y Caraparí, aún esperaban la ayuda de la Gobernación para mitigar la sequía.

La Alcaldía de Villamontes ejecutó su presupuesto para la sequía, mientras que la Subgobernación, a pesar de tener recursos, necesitaba de una autorización desde Tarija para disponer de otro dinero.

“Nos han dicho que el 45% de los recursos de la Subgobernación van al sector productivo, pero sin ir más lejos en Argentina es el 50% y por eso también ellos exportan carne”, ejemplifica Aldo Ovando, vicepresidente de Fegachaco.

El ganadero Orlando Gallardo, de la filial Quintín Ortiz, a 85 kilómetros de Villamontes, advierte que si no llega la ayuda, se puede perder al menos 50 vacas en lo que resta de noviembre. “Hace cinco años que no llueve en mi zona y por eso nosotros estamos muy preocupados”, añade el pequeño ganadero.

La pasada semana llovió un poco en Villamontes, pero fue “como decimos aquí: sólo para mojar el polvo”, dice Ovando.

Delincuentes roban generadores de bombas

Hace dos años, que no funciona un pozo en Sapirenda, a unos 100 kilómetros de Villamontes. Ese 2009, un grupo de delincuentes se llevaron el generador eléctrico que bombea el agua para las familias de esa zona chaqueña.

“Ése es el problema de instalar un generador sin que haya un cuidador y, claro, por la noche se lo llevaron”, se lamenta, Aldo Ovando, vicepresidente de la Federación de Ganaderos del Chaco (Fegachaco).

El aparato, que los ganaderos lo adquirieron a medio uso, costó aproximadamente Bs 8.000.

Los comunarios compran generadores en esa condición, porque uno nuevo llegaría a costar unos $us 4.000.

Ahora existe otro en el lugar, pero es de una empresa de caminos que una vez que termine su obra por esa región se lo llevará. “Se hizo la denuncia, pero nada se pudo hacer, porque aquí no hay ni Policía”, apunta por su lado el ganadero Benito Ordóñez. Desde esa zona hasta la frontera con Paraguay sólo separan 80 kilómetros.

Al lado del generador, de los camineros, se encuentra el atajado cubierto de una carpa, con algo de agua. “Si no se le echa agua pronto, también perderemos la carpa, porque éstas no duran más de dos años”, precisa Ovando. Los robos de generadores son casi comunes en el Chaco, donde todo lo que sirva para extraer agua es valioso.