Las potencias se entienden

Manfredo Kempff Suárez

Finalmente, Penélope logró concluir el tejido de su tapiz, que demoró tres años. El Canciller, luego de varios intentos fallidos por las persistentes trabas que ponía S.E., pudo finalizar la negociación para normalizar las relaciones con Estados Unidos. Por fin se acabarán los titulares de prensa hablando del “establecimiento” de relaciones diplomáticas o “restablecimiento” y hasta de “reanudación” de las mismas, cuando sólo se pretendía una “normalización”, es decir que se intercambiaran embajadores y se acordara trabajar sobre asuntos que interesan a las dos naciones. Nada más. Al no existir una ruptura de relaciones entre Bolivia y EEUU no cabía restablecerlas.

Está muy bien que se llegara a un acuerdo con la primera potencia del mundo, y que la Unión hubiera admitido tratar de igual a igual con nuestro país, es decir de potencia a potencia, lo que no deja de ser un logro. Hay que tener una enorme habilidad negociadora y una diplomacia muy sagaz, que hasta ahora la Cancillería del Estado Plurinacional tenía oculta, para que la nación más pobre de Sudamérica, la más caótica, la más atrasada, la menos letrada, hable, desde ahora, de tú a tú con el Imperio. Hay que congratularse.



Lo que salta a la vista, no obstante, es el carácter absolutamente político que le ha dado el Gobierno a este hecho. Se ha hablado de la dignidad con que se ha manejado Bolivia en sentido de que no permitirá, por ejemplo, que retorne la DEA al país. La DEA ha sido el tema central. Lo que no advierte el Gobierno es que la DEA no se ha ido nunca ni se irá tampoco. Sólo ha quitado ése rótulo en su oficina que decía: DEA y listo. ¿O no ha sido la DEA la que capturó al célebre general Sanabria?

Esto de que la DEA no volverá por ningún motivo a Bolivia y que no le aguantará a EEUU pretender hacerlo, no es otra cosa que un mensaje subliminal a los cocaleros del Chapare; es para mimarlos. “Hermanos, hermanas: podrán seguir sembrando coca a montones sin que fastidien los gringos”. Claro que ese mensaje a los cocaleros es también una peligrosa garantía a los narcotraficantes que pululan por todos lados y que ya han burlado hasta la “intangibilidad” del TIPNIS.

Vemos, no sin cierta desazón, que el gobierno está jugando políticamente con esta normalización de las relaciones y no se la enfoca desde el punto de vista económico y comercial que es tan necesario. El canciller Choquehuanca ha dicho que se seguirá exigiendo la vieja cantaleta de extraditar, ahora sí, a Sánchez de Lozada. Sánchez de Lozada, además de la DEA, parece ocupar el centro de toda la relación con EEUU lo que es un disparate mayúsculo; una pérdida de tiempo.

Además el gobierno masista anda enloquecido detrás de Reyes Villa, Sánchez Berzaín, Berindohague, Guido Añez y otros y seguramente que eso estará como prioritario en la nueva agenda, lo que es atolondrado porque se trata de asilados políticos que Washington no va a entregar de ninguna manera. En una nación donde la justicia no está a las órdenes del gobierno – como es el caso boliviano – las extradiciones no se hacen como una gracia por normalizar relaciones, sino simplemente cuando la Suprema Corte así lo estima conveniente. Y allí no llegan emisarios de la señora Clinton ni del presidente Obama con amenazas o coimas a los jueces. Extraditables deberían ser los narcos bolivianos y extranjeros que aparecen por todas partes. ¿Hablarían de eso en las negociaciones Bolivia-EEUU o es indigno hacerlo para un país soberano como el nuestro?

El Canciller ha anunciado que también estará en la agenda el trillado tema de los misiles chinos que el Ejército Nacional entregó a EEUU para que fueran desactivados, seguramente porque resultaba un peligro que explotaran en el arsenal donde envejecían o porque algún grupo extremista afín con Irán o Libia los utilizara para derribar un avión de pasajeros, lo que hubiera sido catastrófico. En el fondo, quieren tener contra la pared, amenazado y acosado, al ex presidente Eduardo Rodríguez Velzé. Por si acaso.

No ha sido buena la presentación de este éxito real de la Cancillería que no podía vivir de espaldas a la primera economía mundial. Se debió empezar a hablar, antes que de los misiles chinos, de volver a obtener los beneficios de la ATPDEA. Antes que corretear por bufetes caros en busca de atrapar a Sánchez de Lozada, ¿no es más constructivo anunciar que nuestros productores de textiles de camélidos no pagarán aranceles en EEUU? ¿O que estarán liberadas las manufacturas, maderas, y joyería? ¿En vez de buscar el ajuste viejas cuentas que ya tienen sabor a venganza, no es mejor exportar productos y crecer económicamente? Claro que la ATPDEA tiene un “pero” y es la exigencia de la erradicación de cocales y la lucha frontal contra el narcotráfico.

Veremos cómo se interpretan por ambos lados éstos sanos propósitos de acercamiento, porque los norteamericanos ya han aprendido hasta a leer en chino, pero no todavía en aymara.