Muammar Gadafi “vive” en América Latina

Emilio J. Cárdenas

emilio-cardenas-118 Luego de que el despiadado tirano libio, Muammar Gadafi, fuera muerto por su propio pueblo –harto de sus crímenes de lesa humanidad– logró sin embargo subir a algunos altares políticos latinoamericanos donde algunos lo veneran como si fuera un héroe.

El curioso universo en el que ahora se lo ha canonizado –post mortem naturalmente– es pequeño y sumamente patológico. Se trata del conjunto de “líderes bolivarianos”, que en nuestra región siguen sumisamente a Fidel Castro y Hugo Chávez, como si fueran verdaderos profetas. Mientras, con sus acciones, sumen a sus pueblos en un profundo atraso relativo.



El venezolano Hugo Chávez y el nicaragüense Daniel Ortega se solidarizaron abierta y reiteradamente con Gadafi todo a lo largo de su esfuerzo de represión contra un pueblo valiente, que simplemente decía: “Basta de autoritarismo”. Ambos presidentes expresaron así su deseo de que Gadafi pudiera someter por la fuerza a su pueblo, una vez más, lo que felizmente no ocurrió.

Evo Morales, por su parte, aprovechó el día nacional en el que su país recuerda a los muertos para dedicar y difundir toda suerte de extrañas loas a la memoria del déspota libio luego de que fuera depuesto y muerto en acción mientras procuraba escapar, el pasado 20 de octubre de 2011.

Por esto, el representante del Consejo Nacional de Transición de Libia, Mansour A. Layfalnasr, seguramente atónito por la reacción de ese pequeño grupo de líderes latinoamericanos, hizo un llamado a la cordura, dirigido a Hugo Chávez y Daniel Ortega, específicamente, solicitándoles que “se reconcilien con su país”.

Sus dichos a un buen noticiero colombiano (NTN-24) merecen ser específicamente reproducidos:

“Venezuela y Nicaragua fueron países que apoyaron a Gadafi en su guerra contra su propio pueblo. Nosotros le decimos a esos dos países, cuyos pueblos respetamos….que la realidad está frente a ellos, Gadafi ya está, su régimen ha terminado…Ya es tiempo que Uds. den vuelta la página y se reconcilien con sus hermanos libios…”

Layfalnasr, sin embargo, no se quedó simplemente en esos dichos. Agregando:

“El Sr. Chávez va, yo creo, por el mismo camino que Gadafi y veo que Venezuela va hacia el culto a la personalidad. Hoy el Sr. Chávez está enfermo y creo que ya es tiempo que repose y espero que se recupere…”

El paso al costado que el nuevo líder libio sugiere, difícilmente se produzca. Pero Layfalnasr, que tuvo que vivir bajo la furia caprichosa de Gadafi, sabe bien lo que significa sacudir el yugo de un tirano.

Agregando leña al fuego, Hugo Chávez ha reiterado que su gobierno se hará cargo de los gastos y honorarios de los profesionales que defienden en los tribunales franceses a uno de los terroristas más sangrientos del mundo: Carlos “El Chacal”, como el propio Chávez, también venezolano. Nada importa que el criminal se haya autodefinido como un “revolucionario profesional”, ni que haya reconocido ser responsable directo de la muerte de “unas 1.500 a 2.000 personas… entre las cuales puede haber habido un par de centenares de civiles inocentes”. Ocurre que Chávez, que ha apoyado a las FARC colombianas ostensiblemente, cree que el terrorismo es legítimo. De esta posición a las loas a Gadafi hay muy poca distancia. Sin embargo, los latinoamericanos no han reaccionado horrorizados ante los dichos de Chávez sobre Gadafi, o sobre Carlos, “El Chacal”. Quizás porque en las últimas décadas han sido objeto, y lo siguen siendo, de la siembra del odio y los resentimientos por parte de Fidel Castro, Hugo Chávez y sus congéneres.

Venezuela puede tener una clara oportunidad de hacerlo sin tener que recurrir a la violencia para recuperar la dignidad perdida. Ocurre que el 7 de octubre del año próximo, sus ciudadanos y ciudadanas concurrirán a las urnas desde las que podrían liberarse de Chávez.

Para ello la oposición, haciendo gala de responsabilidad, se ha unificado. Si las elecciones no terminan siendo fraudulentas, la democracia podrá ser recuperada. Así lo sugieren las encuestas más recientes. De lo contrario, habrá más días sombríos para el país caribeño y su pueblo.

Mientras tanto, Daniel Ortega está emulando a su ídolo Muammar Gadafi. En distintos lugares de Nicaragua los simpatizantes del Partido Liberal Independiente están saliendo a la calle para protestar contra el fraude electoral con el que Daniel Ortega se habría hecho reelegir. Como respuesta, a la manera del dictador libio, Daniel Ortega ha comenzado a reprimirlos utilizando para ello turbas y grupos de choque que tiene a sueldo, con la presencia de la Juventud Sandinista. Esto sucedió en Jinotepe y en Managua. A su vez, en Río Blanco y Matiguás, Ortega desplegó amenazadoramente al ejército de su país, portando armas largas. Una vez más, las protestas se reprimen con violencia. Pero esto ya no sucede en Libia, sino en Nicaragua. En paralelo, la Organización de Estados Americanos está investigando las irregularidades denunciadas, que incluyen duplicación de votos, obstrucción abierta de la tarea de los fiscales y entrega selectiva de las cédulas necesarias para poder votar. Por todo esto el título de esta nota: Gadafi vive en América Latina.

El Diario Exterior – Madrid