¿Seré yo? ¡No, sos vos!

Elio Pedraza Vargas

elio-pedraza Son incontables las veces que el señor presidente y sus portavoces han acusado a la prensa como los causantes del debacle en el que se encuentra o de ser sus opositores, porque -según él- no hay más quien se le cruce en el camino.

Vaya afirmación y temeraria infidencia, porque desde ya demuestra la falta total de confianza en quienes le apoyaron para que llegue al trono de la desdichada patria, ó nos preguntaremos si antes de llegar a la silla del palacio quemado, ¿él compró a los periodistas, a los jefes de redacción o a quienes se sintieron enamorados por su lucha contra los ricos en beneficio de los pobres, de los descalzos, de los indígenas de los campesinos, para que lo conviertan en el paladín, en el Robin Hood de los marginados y necesitados de la República de Bolivia?



Porque si es así, tiene todo el derecho de despotricar contra los que por su convicción se vendieron ante impostor sobresaliente de la nueva estrategia de política colonial, camuflada en el socialismo del S XXI, y ellos, por supuesto, no tienen nada que decir.

Pero si, ya es tiempo que el doctor Honoris Causa comprenda, entienda o escuche al pueblo que exige sea coherente con su discurso humanista y de salvador de la pachamama. Que en verdad sea el avatar de la nueva generación y no el avatar defensor de la coca ilegal y de la droga.

El presidente y sus allegados exigen objetividad de la prensa, porque según él, muchas cosas se han inventado con la represión de los indígenas por parte de la policía, como la muerte de un bebe o que hubieron nueve muertos o que los medios de comunicación mintieron con la supuesta deforestación de 310 kilómetros, cuando en realidad –decía- son apenas 60 kilómetros y que para pavimentar un kilómetro necesitamos deforestar tres hectáreas, mientras que en Santa Cruz -nuevamente, su enfermizo odio- se deforestan 200 mil hectáreas por año. ¿Por qué dicha comparación?

Ahora haciendo una retrospectiva, las imágenes que se mostraron del matonaje policial no fue un montaje, no hubo la fantasía de la edición o del plano cerrado para que haya más gente como su concentración del día de la raza en la sede de gobierno, dónde se veía la desesperación por mostrar lo que no se tenía, como la famosa foto publicada durante la dictadura banzerista con el título “La Paz dijo sí” (El delito de ser Periodista).

Ahora ¿podemos negar la cinta de embalaje en la boca de los indígenas, el laque como arma de persuasión, los gases lacrimógenos como armas paralizantes y de escape a la vez? Por supuesto que no, no podemos negar el maltrato físico y psicológico a los niños del Tipnis, no dejaremos de lado la gran herida causada en quienes creyeron en el proceso de cambio y que sus derechos estaban siendo reivindicados. Y ¿ahora? Y ahora están ahí, esperando la arremetida de las SS (Sectores Sociales) del presidente Morales.

Quiero creer que el doctorado del presidente Morales, que orgullosamente lo recibido de varias universidades, le hace comprender que la imparcialidad o la absoluta objetividad sale de un conocimiento exacto y cierto, de una reflexión consciente y de una realidad intachable de intenciones y que la verdad para el periodismo es móvil de acuerdo a las circunstancias que se reflejan en los acontecimientos. Por eso es que hoy se muestra una realidad y mañana otra, porque la información no es inerte, es dinámica.

Y la actitud resentida, racista y de desprecio por otros departamentos –como lo han denunciado los marchistas (quemaron la bandera del Beni) – por parte de la policía (la mayoría son de origen quechua-aimara), ha permitido que el periodismo boliviano nos muestre su esfuerzo por ser creíble, tomándose en cuenta que la credibilidad supone un permanente esfuerzo sostenido en el tiempo, ya que la confianza y el prestigio no se consigue de un día para otro y no lo regala un presidente con su discurso de apoyo o de rechazo.

¿Seré yo? ¡No, sos vos!, es el acto reflejo de quien no se siente culpable por su accionar, sino que prefiere responderle a su reflejo en el espejo de su realidad distorsionada y de una nubosidad cerebral que nos muestra turbulencia en el recorrido desastroso que conlleva su desconocimiento de que el periodista actúa como un guía a través de la información, porque le permite a la sociedad identificar sus propósitos, porque crece en importancia el deber de ofrecer una información libre.

Y porque deben reconocer quienes apuntan con un dedo a la prensa –siendo que ellos se apuntan con tres- que toda noticia cumple una función política, con todo lo que ello significa en términos de poder, de interacción de la sociedad y de orientación de su historia.