Brad Pitt: «Soy obsesivo y perfeccionista»

Lindo muchacho este Brad Pitt. Imposible no notar cómo las miradas de todo el mundo se depositan en él, cómo cuando se agacha a buscar algo todos se agachan a ver qué busca, cómo cuando hace silencio todos contienen la respiración. Magnetismo, que le dicen. El pelito largo y rubio onda Björn Borg 1978, una barbita de días, colorcito de tomar sol con cronómetro, anteojos que salen más caros que un departamento, el bueno de Brad -que está por cumplir 48 años- estuvo en Cancún presentando El juego de la fortuna , la película que protagoniza.

No fue una película fácil de hacer y no es fácil de vender. Pero su presencia ayuda, claro, lo mismo que -aún antes del estreno- ya se hablase de que la suya era una actuación digna de ser nominada al Oscar.

Tras ver el filme hay que decir que es cierto. La película cuenta la verdadera historia de Billy Beane, manager del equipo de béisbol de los Oakland Athletics, uno de los más pobres de la liga estadounidense. Beane fue el primer hombre en adoptar un sistema para adquirir jugadores distinto al tradicional, que consiste en complicados cálculos estadísticos de la performance de cada jugador hasta elegir los que son, a la vez, más consistentes y menos reconocidos.



Brad se sentó con Clarín a hablar de su carrera y de cómo hace para que sus hijos puedan mantener una vida, digamos, normal.

¿Por qué te interesó este proyecto?

El guión (de Aaron Sorkin y Steven Zaillan) era muy bueno, pero lo que me convenció fue la forma en la que Bennett Miller (director de Capote ) quería hacerla, con un estilo semidocumental, buscando algo auténtico. Muchos de los que ves en la película son jugadores, scouts reales de béisbol. No son actores diciendo un texto, son sus palabras. Las vienen diciendo hace años, saben de lo que hablan. Eso le dio un atractivo extra, tener que reaccionar en el momento a sus palabras.

¿Te interesaba el béisbol antes de encarar la película?

Director de la película Bennett Miller

No soy fanático de béisbol, nunca lo fui. Pero agarré el libro de Michael Lewis ( Moneyball ) y me obsesioné con él. Lo recomiendo mucho, es cautivante. Y lo bueno de Bennett es que le dio esa autenticidad a una trama que podía haber ido hacia esos lugares que ya transitamos tantas veces, la película deportiva convencional. Si logra no ser eso, todo el crédito es suyo.

Lo que pone en práctica tu personaje consiste en no contratar estrellas, sino jugadores que sirvan para lo que cuenta: ganar partidos. ¿Qué pasaría si eso se aplicara en Hollywood?

Se han hecho pruebas. Michael y Billy dieron charlas a ejecutivos de estudios y de ahí apareció la idea de hacer la película. Obvio, al final me contrataron a mí, así que esa técnica que usan en el béisbol no funcionó (risas). Pero, bueno, era un proyecto difícil de financiar y necesitaban “venderlo”…

¿Cuándo decidiste cambiar el rumbo de tu carrera y trabajar en películas un poco más desafiantes artísticamente?

Siempre busqué hacer cosas diferentes, películas no convencionales. Crecí viendo cine de los ‘70. En esa época no todas las películas tenían personajes que aprendían una lección al final y todo era feliz, ni las historias eran tan lineales. Los personajes de esta película no cambian mucho al final. Lo que logran es cambiar las cosas a su alrededor.

Billy triunfa de una manera particular. ¿Cuál es tu idea de lo que es ser un triunfador?

Te cuento una historia. A principios de los años ‘90 estaba mirando gimnastas en los Juegos Olímpicos. No sé por qué, pero lo veía (risas). Y salió una chica rusa, la favorita. A los diez segundos de empezar, se cayó. Tremendo momento, lo peor que te puede pasar. La chica se levantó, siguió con su rutina y fue algo mágico, increíble, emocionante. Cuando terminó, todos los comentaristas hablaban de la caída, la humillación, la vergüenza. Nadie reconoció lo que hizo después. Yo sentí que era testigo de una verdadera victoria. Y me interesa más eso que los trofeos.

¿Tuviste en tu vida algún episodio así? ¿Una victoria silenciosa, íntima?

Algunos momentos chicos, no grandes terremotos emocionales (risas). Por ejemplo, El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford es una de mis películas favoritas y anduvo muy mal. Pero es un gran filme y estoy orgulloso de él. Me importa más la calidad de la película, su longevidad, su originalidad. Nadie se da cuenta del nivel de dificultad que hay en una película como El árbol de la vida . Me gustan esas cosas. Me movilizan mucho más que la taquilla o los premios.

En una escena de la película

¿Trabajar con (David) Fincher te parece un riesgo? Para mí, no. Para mí es una decisión inteligente. Creo que mi inteligencia consiste en rodearme de gente más talentosa que yo. Ellos me hacen quedar bien. Escriben las historias, son los verdaderos responsables. A mí me gusta probar, avanzar. Cuando estaba en la secundaria probé todos los deportes. Bah, menos béisbol (risas). Hice fútbol americano, tenis, básquet, natación, lucha. Era más o menos pasable en todo, pero no era genial en nada. Podría haber sido muy bueno en un deporte de haberme quedado haciéndolo. Pero no podía. Siempre me estoy moviendo para adelante. No puedo volver. Ni sé cómo hacerlo. Si me olvido la licencia de manejar en casa viajo sin ella, no vuelvo a buscarla. Es raro, es algún tipo de bloqueo… (risas). No está en mi naturaleza quedarme haciendo siempre lo mismo. No sería bueno para mí.

Ahora se habla del Oscar, por esta película y/o la de Malick. ¿Cómo te llevás con eso?

Está bueno que te mencionen, pero no es el foco de mi carrera. Si te obsesionás con eso, te va a ir mal. Las películas que me marcaron son las que aguantaron el paso del tiempo, más allá de si tuvieron o no premios.

Atrapado sin salida , Dr. Insólito , Apocalypse Now , Todos los hombres del presidente . Esas son las películas que amo.

Brad Pitt, Philip y el actor Seymour Hoffman con quien actua en la película

¿Preferís acaso no hacer secuelas?

No me interesan tanto. Trato de generarme mis propios proyectos. Es difícil hacer películas originales como está la industria ahora.

El juego…fue muy difícil de financiar. Son tiempos económicos duros, nadie quiere arriesgar. En los ‘60 la gente se jugaba más. Pero a la vez, con las cámaras digitales también hay mucha gente filmando ahora que antes no podía. Todo el tiempo salen cosas nuevas. En ese sentido, también soy optimista. Jugar al juego de la taquilla es absurdo, es como tirar los dados en el casino. No me gusta. No podría trabajar bien si pienso en eso.

En la película, Billy le dice a su hija que no entre a Internet, que no lea los diarios. ¿Con Angelina le dicen lo mismo a sus hijos?

No pueden “googlear” a mamá y papá. Está bloqueado. En serio. Lo demás está OK. Pero es un tema muy difícil. Tratamos de que no entren mucho en eso. Es peligroso también.

¿Juegan deportes con sus hijos? ¿Salieron a vos en ese sentido?

Lanzo un poco la pelota con ellos, esa clase de cosas. A veces vemos deportes por televisión. Carreras de motos. Pero más que nada fútbol americano. Es lo que más nos gusta.

Fuente: www.clarin.com