La odisea de vender una casa en Cuba

Desde el 10 de noviembre, tras más de medio siglo de prohibición, el régimen castrista reabrió el mercado inmobiliario en la isla. Los cubanos ya pueden negociar sus propiedades. Al menos, en teoría...

Roberto López madrugó temprano en el Registro de la Propiedad de Arroyo Naranjo. Tiene planes de dividir su casa. Una parte la donará a su única nieta, la otra la venderá. A sus 70 años, necesita recursos para sobrevivir. Alcanzó el número diez en la cola, pero cuando lo atendieron le informaron que no podía inscribir su casa.

Con la entrada en vigor de las normas decretadas por el Consejo de Estado que modifican la legislación en materia de vivienda, los propietarios cubanos corren en masa a las Notarías y Registros de la Propiedad, para poner sus títulos a tono con las nuevas exigencias legales.

Las ya tradicionales colas para ser atendido en estas instituciones comienzan en la madrugada y siempre quedan personas sin atender al final de la jornada. Es que todo no está resuelto. Se acortó el tiempo para realizar los trámites, pero el Estado no cuenta con una adecuada infraestructura, ni con el personal suficiente para enfrentar la demanda de servicios jurídicos que requiere la nueva normativa.



No importa, los cubanos ya están acostumbrados. Con una paciencia increíble, aguardan su turno para ser atendidos. Sin embargo, no son pocos los disconformes. No es fácil, después de esperar cuatro horas en la cola, recibir la noticia de que no puede realizarse el trámite por omisiones y errores que no son culpa de los ciudadanos, sino de la autoridad que emitió la documentación.

«Usted debe actualizar su título, para poder inscribir su casa en el Registro de la Propiedad» le informa el especialista a Roberto. El trámite es obligatorio para los que pretendan vender, permutar o donar sus casas. ¿Qué significa eso?, preguntó el anciano desconcertado.

«A la descripción de su casa le faltan las medidas, los linderos y también la superficie», respondió el abogado que lo atendió. Una omisión que padecen la mayoría de los títulos de propiedad, emitidos antes del 2003.

«Primero, usted debe ir a la oficina del arquitecto de la comunidad y solicitar sus servicios para que le realicen un dictamen técnico y de tasación, después, con el documento de Arquitectura debe presentarse en la notaría para que subsane las omisiones y luego regresa a solicitar la inscripción de su propiedad», agregó el especialista.

Suena sencillo, pero el trámite implica madrugar y perder un día de trabajo haciendo una cola para ver al arquitecto, otra para el notario y una tercera para el Registrador de la Propiedad. Sin contar el tiempo que insume cada trámite. «Al parecer, mis planes demorarán, por lo mínimo, tres meses más», comentó sin entusiasmo el señor López.

Pero el comprador de la casa de Roberto no está dispuesto a esperar. Planea pagar para agilizar los trámites. La premura vale en cualquier parte del mundo, pero para el gobierno cubano significa corrupción, una de sus enconadas luchas en el plano interno.

Es así como comienza la aplicación de la normativa aprobada recientemente en la isla. Permite la compraventa de viviendas y eliminó una de las fuentes de ilegalidades. También aumentó el volumen de trabajo de funcionarios estatales, pero dejó intactos sus salarios. No cabe duda de que la corrupción y prevaricación de estos agentes, queda como tarea pendiente.

Fuente: www.infobae.com