Santa Cruz, víctima del odio y la venganza

Víctor Hugo Velasco*

velasco El polémico tema del Tipnis, en el que los poderosos han vuelto a hacer derroche de su esencia tirana, ha dejado establecido con meridiana claridad que la verdadera motivación que hace funcionar hasta el último engranaje de la estructura del actual gobierno es el poder.

Acá no hay razón que valga, pues ese es el único Dios que alumbra los pasos de los actuales gobernantes, que con tal de acumularlo son capaces de las cosas más inverosímiles en política, como ir en contra de sus propias bases, aún a riesgo de perder su respaldo y de actuar de una manera completamente distinta a aquella que pregonan, corriendo el peligro de perder credibilidad ante los ojos de sus votantes.



En el tema del Tipnis no tuvo la más mínima relevancia que los pobladores y legítimos propietarios de esas tierras tengan la razón en todos los terrenos, ni que el pueblo boliviano les haya dado su total respaldo; lo único que importó para los todopoderosos gobernantes fue que éstos osaron representar la decisión casi imperial que tomó el Presidente de construir una carretera por el medio del lugar en el que vivieron desde siempre y que se hayan atrevido a pedirle que respete su territorio.

Imagínese el mundo entero: un pueblo indígena que le pedía a un Presidente supuestamente indígena que respete los derechos de la madre tierra que él mismo consagró en su propia Constitución. ¡No se podía permitir tanto atrevimiento! Y que encima hayan decidido marchar para defender su derecho, contrariando una decisión del Supremo Mandatario… ¡Nooo, ya no! ¡Había que acabar con la marcha y meter presos a sus instigadores!

Fue así que el primer intento por acabar a los marchistas del Tipnis fue el uso de la propaganda: desde el propio Presidente hasta los voceros oficialistas en la Asamblea Plurinacional los insultaron, los vincularon con quien pudieron y los denigraron, pero como no pudieron eliminarlos de esa forma, recurrieron a otra arma que les es más conocida: la violencia.

Así fue que desde las esferas más altas del Gobierno se emitió la orden de intervenir la marcha indígena. Y, como tampoco así pudieron acabar con los marchistas de esa forma, los maquiavélicos tácticos del gobierno los engañaron para desmovilizarlos y luego caerles con todo a los dirigentes y provocar sufrimiento a esos que se les pararon al frente. Hoy día la gente del Tipnis es nuevamente víctima de la venganza del gobierno.

Así funciona esto. Lo primero que hacen los miembros del MAS es darle rienda suelta a su odio y si no pueden destruir a sus ocasionales opositores con él, recurren a la venganza para acabar con quienes considera sus “enemigos”. Ese es su camino. Así es su proceder.

Y yendo un poco más atrás, no otra cosa ha sucedido con el pueblo cruceño, que en su momento se unió para decirles a los gobernantes que no quería su odio. Desde el primer momento Santa Cruz le propuso al pueblo boliviano que en vez de aceptar ese odio busquemos juntos el bienestar común, el progreso y el desarrollo, en paz y armonía, a través de la autonomía. Eso hicimos: le dijimos al todopoderoso gobernante que todos podíamos construir una Bolivia mejor. ¡Qué atrevimiento el nuestro! Y uno de esos impulsores fue Branko Marinkovic.

En ese momento, el odio especial del gobierno hacia Santa Cruz ya se había manifestado de muchas formas: con insultos de todo tamaño y color en contra de nuestros dirigentes y con dañinas acciones de difamación. El ya conocido mote de separatistas comenzó a funcionar en la propaganda del gobierno en nuestra contra y fuimos, como los marchistas del Tipnis, insultados, denigrados y vinculados con no se qué agrupaciones internacionales que sabe Dios si existen.

El Gobierno pasó del odio a la venganza en un santiamén cuando supo que la demanda legítima del pueblo cruceño por autonomía ganaba respaldo en toda Bolivia. Fue cuando algunos de sus militantes con experiencia en los quehaceres del terrorismo, nos tendieron una trampa a los cruceños y empezaron a destruir nuestra institucionalidad. Actuaron sin compasión, como se actúa con los enemigos más enconados.

El 16 de abril, un cuerpo de élite de la Policía atacó a un grupo irregular que supuestamente desarrollaba acciones terroristas en Santa Cruz y asesinó cruelmente a tres de sus supuestos integrantes, cuando en realidad, por lo que se sabe en los medios de comunicación, podía haberlos detenido. Hoy, a la luz de los acontecimientos, la intención del gobierno con esta acción quedó desenmascarada con nítidos resultados: nuestros líderes fueron inculpados de “terrorismo” y “separatismo”, y de haber financiado a ese grupo sin que hasta ahora se haya presentado una sola prueba en su contra y sufren, hoy por hoy, de una cruenta y vil persecución política que no tiene nombre. Y lo peor es que la verdad ha sido asesinada, pues los muertos –esos tres acusados de terrorismo– no pueden decir su verdad.

Entre los acusados dizque de financiar ese grupo irregular se encuentra, por ejemplo, nuestro líder cívico Branko Marinkovic, quien soportó en carne propia el odio del gobierno, siendo insultado y denigrado públicamente en la televisión estatal y en otros escenarios, como también padeció y aún es víctima de su infinito afán de venganza. Branko Marinkovic, recibió toda la furia del ataque del gobierno, porque fue el único líder cruceño, que no negocio, que no transo sus principios. Es más desde que asumió la presidencia del Comité pro Santa Cruz, este líder, recibió todo tipo de acusaciones falsas, miles de segundos en spots, solicitadas en todos los periódicos del país, ministros y vice ministros acusándolo de todo. Millones de dólares se gastaron para calumniar, denigrar y expulsar de Bolivia a este nuestro líder.

Habrá que preguntarle a los poderosos del gobierno qué más nos van a hacer a los cruceños y qué más les van a hacer a nuestros líderes, como al que menciono arriba, que se encuentra perseguido por todo el aparato judicial del MAS junto a su familia.

Ya no podemos permitir tanto pisoteo. Los cruceños dignos –no como los que ya se vendieron– tenemos que decirle basta de tanto atropello del gobierno; ya alcanza de tanta persecución ilegal y de tanta acusación infundada. Volvamos a unirnos y volvamos a plantear autonomía para Bolivia, pues, como a los grandes marchistas del Tipnis, no nos van a acallar para siempre.

Su táctica ha podido funcionar hasta ahora. El odio y la venganza han tenido prisionera a Santa Cruz, pero no podrán en contra de este valeroso pueblo para siempre. Que lo sepan.

*Director del Comité pro Santa Cruz