Socialismo del siglo XXI y megalomanía


Rubén Camacho Guzmán culto a la personalidadEra la década de los 90, tiempos inolvidables como dirigente universitario de la FUL en La Paz, donde hacer política era una actividad que retroalimentaba y las ideas no eran reprimidas ni perseguidas, sino que tenían la posibilidad de ser rebatidas con ideas; a eso le llamábamos universalidad de pensamiento. Nuestro frente de izquierda tenía un lema para derrotar al enemigo ideológico en las urnas y era: “recibe con la derecha y vota por la izquierda”. Ojo, aquí no se trataba de recibir dinero de la derecha, era una forma de rechazar la abrumadora cantidad de panfletos que inundaban los predios universitarios.¡Qué tiempos aquellos!! Hoy por hoy hacer política en nuestras universidades y en nuestro país, supone andar con mucha cautela. Expresar ideas libremente se convierte en una amenaza para los dueños del botín/país o como quiera llamarse, quienes en nombre de su mentado socialismo del siglo XXI se han propuesto castrar ideas disonantes en todos los niveles, incluidas las redes sociales. Parece que su objetivo es convertir a la gente en un rebaño de borregos obedientes que balen y aplaudan sus propuestas aberrantes; que los endiosen y erijan museos en su nombre o cambien nombres de aeropuertos, para luego tratar de lavarse las manos aduciendo que a ellos no les metan en esos bailes.Hoy en día los socialistas se han dado a la tarea de pintarnos el panorama como les viene en gana. Nos muestran cifras de pura bonanza; sobre todo cuando de viajar se trata; quieren convencernos que su política de estatizar empresas es la mejor receta; cuando todos incluidos ellos sabemos que el Estado es el peor administrador que tenemos. Nos sugieren que para aprobar las leyes hay que meterle nomás convirtiendo lo ilegal en legal. Quieren hacernos creer que son antiimperialistas de cepa y que son capaces de portar símbolos patrios ajenos en los brazos. Nos hablan de combatir la pobreza creando bonos a diestra y siniestra, etc., etc. En fin, toda una nube utópica en la que flotan los paladines mesiánicos bolivarianos.Su discurso vacio no tiene asidero, porque la realidad en el país es contraria a su utopía: Bolivia ocupa todavía el sitial del segundo país más pobre de Latinoamérica y seguimos peleando la cola con Haití. La estatización está generando acumulación de poder y niveles de corrupción incomparables y alejando inversores. Meterle nomás no había sido una buena idea porque crea redes de extorsión.Autodenominarse antiimperialista no sirve de nada si más del 90 por ciento de nuestras exportaciones van a parar a manos del imperio sin que el imperio nos obligue a venderles. Los bonos no tienen ninguna sostenibilidad porque crean dependencia. Los pobres siguen siendo tan o más pobres que antes y no han sido insertados en aparato productivo alguno, pero mucho se habla de ellos. De los alarmantes niveles de criminalidad e inseguridad ciudadana es mejor ni hablar.El tiempo les está mostrando a estos paladines de la utopía, que no se trata de venerar a personajes como Bolívar, Castro o al ahora extinto Chávez y aferrarse al poder apoyados en todo tipo de artimañas; tratando de convencernos que son insustituibles. Si de insustituibles nos hablan, de muestra basta un botón y ahí tenemos a los Castro y a Cuba con sus 50 años de socialismo, ¿algo para envidiar? Cuando mentan el nombre de Simón Bolívar deberían saber que él dijo “Nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo a un mismo ciudadano en el poder”. De Chávez mucho no nos pueden contar ya que su discurso antiimperialista flotaba en el aire; porque en la realidad las arcas del Estado venezolano se llenaban con petrodólares provenientes del imperio, a quién le vendía nada más y nada menos que el 95 por ciento de la producción de petróleo. Ahí la cosa se acabó porque una vez terminado el juego, rey y peón vuelven al cajón.Los Tiempos – Cochabamba