Álvaro Riveros Tejada
Con la renuncia irrevocable, el conato de fuga y la teatral reaparición de su principal conductor y fiscal de la acusación Marcelo Soza, el tan mentado caso terrorismo y separatismo que se inició con una carnicería en el Hotel Las Américas y terminó enjaulando y extorsionando a medio Santa Cruz, ha llegado al punto del que nunca se debió haber movido. ¡Una simple y llana pantomima!
Hoy, después de ese peregrinaje de cuatro años, por en medio de una senda de actitud inerme donde la indefensión y el abandono se hicieron moneda de curso legal, ante su sorpresiva reaparición, sólo nos resta preguntar al huidizo: ¿Cuánto pesan sus muertos compadre? ¿Ha sentido Ud. que se le suben los muertos alguna vez? De ser así, insisto en preguntarle: ¿Se pudo imaginar esa sensación de terror e inmovilidad? Si usted lo pudo imaginar, insistiré en mi pregunta: ¿Cuánto pesan tres muertos y centenares de presos y exiliados?
Con todo ese enorme séquito de presos, refugiados y extorsionados que aún le temen y con cada uno de esos muertos, a los que la parca les llegó de manera súbita, en una cama, en una esquina; sin oportunidad de rezar, de correr, de decir adiós por última vez, sin lágrimas ni despedidas, asistimos a un cortejo donde la única asistente es su conciencia. De ahí que, si nos resistimos a preguntarle cuánto pesan los muertos, terminaríamos convertidos en unos zombis sepultureros a los que la propia patria ya no les importa nada.
Todo ese enorme contingente de acusados que Ud. nos mostró en un juicio ímprobo, que ya dura cuatro largos años y recorrió todas las latitudes de Bolivia, para radicarse finalmente en Santa Cruz, donde debió comenzar y de donde nunca debió haber salido, claman por una elemental respuesta a la pregunta que les sacude el alma con una pertinacia irrefrenable. ¿Era necesario acribillarlos? ¿No habría sido mejor detenerlos con vida, para que el país y el mundo entero sepan de nuestro profundo respeto a los derechos humanos? Y también para demostrar fehacientemente, si alguna vez los cruceños optaron por el camino del terrorismo, para separarse de Bolivia.
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Recogemos el emplazamiento que el Ministro de Gobierno acaba de formular al desertor, en una entrevista con la radio Erbol: "Emplazo al ex fiscal Marcelo Soza a presentarse ante la opinión pública para responder las interrogantes y cuestionamientos en su contra, a partir de la difusión de una grabación en que se oye presuntamente su voz donde se refiere al caso terrorismo". Donde también esperamos que explique, que significa eso de que: “si el caso cae, Evo también caería”
A más del dinero que dizque extorsionó ¿Qué le gustaría llevarse cuando muera? ¿Qué tipo de ofrenda? ¿Lo que apercolló será suficiente para pagar a Caronte su pasaje por la laguna Estigia? Todos los pueblos tienen sus formas de despedida. ¿A qué pueblo pertenece usted? ¿Qué rito le espera cuando muera? ¿Qué son va a bailar? Lo que es nosotros, los que aun quedamos indemnes de su sevicia y su cínica indiferencia, sólo nos resta gritar ¡Detengan el caso terrorismo, Queremos bajarnos!