Ismael Schabib Montero*
Seguramente que les resultó desbastador a los hermanos Castro, enterarse de que el presidente Hugo Chávez padecía de un cáncer mortal, porque significaba la posibilidad de que se les acabe la mamadera de 120 mil barriles de petróleo al día y, por lo menos 10 mil millones de dólares anuales a cambio de médicos y milicianos para defender la revolución. Ante esta realidad se supone que de inmediato imaginaron un plan para que la situación continúe.
En ese plan o planes ha debido surgir la figura de Nicolás Maduro, “dizque”, con nexos antiguos con estos personajes y bien ubicado como canciller del gobierno de Venezuela; ahora se puede inferir que no era una mera casualidad que tuviera ese cargo sino que pudo ser una instrucción venida de Cuba. Una vez que con la salud del presidente ocurría lo inexorable el plan se cumplió, como ser ocultar los hechos anteriores a la muerte y posteriores a ella para darle forma a un futuro seguro para la dictadura y así fue, con la complicidad de los chavistas y gobiernos latinoamericanos.
Primero se maltrató vergonzosamente al presidente moribundo y después fallecido, mediante un grotesco show. Pero también se ignoró a la Constitución y las leyes venezolanas y, por supuesto a la democracia.
Maduro nunca debió ser nombrado vicepresidente por segunda vez, ni Presidente Encargado, porque en Venezuela no se elige al Vicepresidente, lo designa a dedo el presidente en funciones, y a Maduro nunca lo designo el presidente Chávez por segunda vez porque ya estaba muerto, no pudo re- reasumir como presidente de Venezuela; ante esta situación debió tomar el mando el Presidente de la Asamblea el Sr. Diosdado Cabello y convocar a elecciones, pero posiblemente no estaba en los planes de los hermanos Castro.
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Una Asamblea Nacional y un órgano electoral totalmente subordinados al gobierno, violando las leyes del Estado venezolano, han sido instrumentos que legalizaron una falsa transición del moribundo Chávez a Maduro, hecho que es un golpe de Estado y el 14 de abril se llevó a cabo una elección fraudulenta cuyos resultados fueron aceptados por la UNASUR; con este acto convalidó automáticamente los otros hechos irregulares.
Hasta ahora como van las cosas la dictadura cubana es la que gana, Venezuela y la democracia más antigua de Sudamérica, pierden.
Si Capriles no es prudente, a esa dictadura no le va a temblar el pulso para generar un baño de sangre en Venezuela utilizando los miles de milicianos cubanos que viven en Caracas, con la complicidad de los entreguistas chavistas y los gobiernos fariseos de Latinoamérica, porque para ese régimen la presidencia de Maduro es un asunto de vida o muerte, aunque sea una indignidad para la patria del Libertador.
Todo aquello puede ser un antecedente que abra la puerta de otros futuros golpes de Estado en la región, pero esta vez contra los gobiernos de la ALBA, los inventores del modelo, en el caso que quisieran replicar lo de Venezuela. Los bolivianos no somos los venezolanos. Para evitar esto que es indeseable, las elecciones del 2014 deben ser transparentes.
*Vicealmirante de la República de Bolivia