La noticia sobre “ex” integrantes de las FARC que brindan instrucción militar a sicarios en tres áreas del Norte Integrado de Santa Cruz reclama la máxima preocupación nacional, debido a que se estaría formando una fuerza irregular al servicio del narcotráfico en el país.
En estas áreas, o habría que decir campamentos de entrenamiento, entre otras cosas se enseña a los reclutas a perseguir a los peones fugitivos de las fábricas de refinación de cocaína, a quienes dan muerte y entierran en el monte.
Al mismo tiempo, se sabe de incursiones de miembros de las FARC en el norte de La Paz.
Por lo pronto, se trata de una “profesionalización” del sicariato, que eventualmente podría dar lugar a una narcoguerrilla.
La presencia de las FARC en Bolivia es de larga data y hay que recordar que según e-mails encontrados en la computadora de alias Raúl Reyes, esa organización estaba desarrollando vínculos con autoridades del actual gobierno.
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La proliferación de actividades en nuestro país, tanto de las FARC como del PCC y de los cárteles mexicanos, ha tenido un crecimiento exponencial luego de la expulsión de la DEA, a raíz de una decisión del presidente Evo Morales.
Esta ausencia de una fuerza eficaz de disuasión, junto a la expansión de cocales ilegales destinados a la cocaína, configura el caldo de cultivo perfecto para atraer a las narco-organizaciones, que parecen estar en proceso de consolidar bastiones de poder territorial en Bolivia…