Karen Arauz
Al final resultó que los empresarios privados aceptaron sin chistar (¿tenían alternativa?), la nueva escala salarial y para cuya tramitación no fueron siquiera convocados. Era obvio. Hace mucho tiempo que la Confederación de Empresarios Privados perdió totalmente su capacidad de negociación, mucho menos de reacción. Ésta que supuestamente reúne a las empresas privadas del país entero -lo que es falso-, ha quedado nomás reducido a un grupo de amigos alrededor de un gran mesa con buen café y sus propios intereses. El espíritu de cuerpo que esta asociación tuvo en otros momentos también difíciles, es tan solo un recuerdo perdido en la bruma de sus rimbombantes asambleas. Desde el atril presidencial hasta la sala de prensa de la Asamblea, les lanzan acusaciones y adjetivos peyorativos que no merecen una reacción corporativa considerando -supongo- que el maltrato es un costo menor que es esencial asumir.
En la cumbre multisectorial de Cochabamba, se advirtió con claridad que el pragmatismo ha remplazado del todo a sus declaraciones de principios de otros tiempos. No pasa desapercibido, que ciertas condiciones actuales son propicias para el surgimiento de pseudo empresarios, que ven en la ausencia de competencia, una laguna llena de peces que saltan dentro de sus botes. Aquel gremio empresarial que embanderaba ideología, principios y que en más de una oportunidad, dejaron de tener una mejor ubicación en su relacionamiento -por cierto lucrativo- con el Estado, se debió a la férrea defensa a la iniciativa privada y a la exigencia de reglas de juego estables, ambas el leitmotiv de su razón de ser.
Digamos que dadas las circunstancias de lo que está pasando, esto no da para asombrarse. Lo más gráfico que me viene a la mente, es la consistencia de la gelatina. De todo. Excepto por la prepotente firmeza con la que el oficialismo acomoda la realidad a sus intereses y para sus propios fines. Y la habilidad tan extraordinaria que ha desarrollado de crear la mayor cantidad de conflictos posibles, de modo que logran por lo pronto, eliminar la capacidad reflexiva y la toma de decisiones acertadas de ciertos actores sociales que en otro momento y en las mismas circunstancias, tendrían mucho que decir.
Es innegable que -afortunadamente algo devaluada a estas horas-, la ofensiva gubernamental tendiente a crear temores e inseguridades, ha calado en la psiquis de los bolivianos. La tecnología convertida en otras latitudes en eficaz herramienta para la expansión del conocimiento, en esta, está más al servicio de una especie de siniestra saga que ha incluido desde la confiscación sin compensación, hasta la penalización de rifas, concursos y sorteos que no tenían más intención que disputarse leal y legalmente el mercado para sus productos. La autoridad de juego, comete excesos de los que nadie se atreve a hablar. Traer un artista de nivel internacional, se ha convertido en una verdadera pesadilla, ya que impuestos internos "supone" que se defraudará y se cobra los impuestos por adelantado dejando al insomnio el cálculo de obscenos costos financieros.
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Todo está prohibido y todo está penalizado. Sobre todo las libertades de pensamiento y acción. Han encontrado que emitir leyes como si de una máquina de tallarines se tratara, es una dispersión muy propicia para no dejar margen a la mínima distracción o error, a fin de aprovechar inmediatamente y convertirlo en delito.
Escándalos como las denuncias de la revista Beja sobre los vínculos de ciertos estamentos del gobierno con la mafia del narcotráfico internacional pisan y pasan gracias a la sobresaturación de temas que intranquilizan hasta al ciudadano común, en una soberbia estrategia que más que envolvente, es disolvente de instituciones y de la sustancial libertad de la que en algún momento hicimos gala.
Todavía está fresco en mi memoria el significado cabal de lo que significaba una "renuncia irrevocable". Sin vuelta atrás, de nada valían los arrepentimientos. Claro, era en esas épocas pretéritas donde la palabra empeñada tenía algún valor. Irrevocable significaba definitivo, inexorable. Hoy, gracias al tan mentado fiscal, lo inexorable es una sandez dependiendo de la conveniencia. Es que de verdad, qué complicado se ha vuelto la utilización de conceptos que parecían inamovibles. Democracia es uno de ellos. Respetar y hacer respetar la Constitución, era algo comparado con el mandamiento de Dios que señala "honrar a padre y madre". Hoy, absolutamente todo está en función de una revolución y un proceso de cambio, que por los síntomas, nos está convirtiendo en una sociedad deshabitada de noción del bien y del mal.
La guerra de audios, ocasiona insólitas declaraciones de siniestros caraduras por todos conocidos. Y como en la danza de los siete velos, se trata de dejar a la imaginación lo que de verdad ocultan tantas volutas de humo. Oímos mentar la ética como si no nos diéramos cuenta que la utilizan como lo que les significa, una hueca palabra sin ningún contenido.
Todo este entorno, es amenizado por un laxo Tesoro General y decenas de mansas ovejas que acuden al galope tan pronto son convocados por el aroma del concentrado de poder que se cocina en la vieja casona, la cual, al parecer han olvidado, ya se quemó alguna vez.