Calumnia, calumnia, que algo quedará


Álvaro Riveros Tejada

Riveros Desde los albores de la república hasta nuestros días, casi todos los gobiernos que se entronizaron en el mando de la nación y se enviciaron con éste -sin excepción- se dieron a la tarea de crear y atacar a fantasmas para distraer al pueblo, que nunca vio con agrado esa manía de los quedadizos. Tales espectros, si posible gigantescos, debían ser imperturbables e indiferentes a cualquier tentación de repeler dichos ataques, a fin de evitar el fiasco que sufrió la Argentina con Inglaterra, cuando al beodo Leopoldo Galtieri se le ocurrió quedarse mandando en la Casa Rosada.

Nuestros duendes preferidos son: los Estados Unidos, Chile y la Iglesia Católica, en ese orden, para citar unos cuantos, con quienes vamos librando una eterna guerra de diatribas y amenazas que, gracias a Dios, no llegan a los hechos, como con el Paraguay, que nos costó 60.000 muertos, una enorme cantidad de heridos, mutilados, desaparecidos y 235.000 Km2 de territorio, seis veces el área de Tarija.



Como si de una recurrente tragedia shakesperiana se tratara, frente a la comenzada campaña re-electoral, hoy estamos inmersos en una campaña contra los EE.UU. recientemente traducida en la expulsión de USAID la cual, si bien no llegará a acciones bélicas, tendrá la cualidad de privarnos de muchos proyectos de educación, salud y otros productivos que tendrá el mismo efecto de aquel marido que se hace castrar para vengarse de su mujer.

Esgrimiendo dudosos argumentos y argucias legales que justifiquen la violación de la actual Constitución Política del Estado, que en su disposición transitoria, párrafo segundo, prohíbe expresamente la reelección presidencial por otro período, en una actitud lindante con la parajoda, nos presentamos ante el Tribunal de Justicia Internacional de La Haya, solicitando que Chile honre su palabra y sus tratados. Esperamos que estos rotos no echen mano a esos argumentos que nos harían quedar en ridículo, perjudicaría la reelección de S.E. y, lo peor, decretaría que el reclamo marítimo pase hasta las calendas griegas. Providencialmente el gobierno de Piñera no goza de la popularidad de la que solía gozar el presidente Aníbal Pinto cuando ordenó la ocupación de Antofagasta y a modificar los mapas existentes.

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Finalmente, a poco de haberse perpetrado el robo de las joyas de la Virgen de Copacabana, uno de los actos sacrílegos más detestables que se tenga memoria, y antes que los organismos policiales hubiesen iniciado sus investigaciones, S.E. se apresuró en señalar a dos obispos y algunos sacerdotes, como los directos autores de ese hecho. Pocas horas después, como desmintiendo al mandatario, la policía informó que la propietaria de un hostal aledaño al santuario fue aprehendida por estar supuestamente involucrada en el robo y a los pocos, dichos incriminados se presentaron en los medios de comunicación desmintiendo dicha versión y protestando su inocencia. ¿Qué está pasando? ¿Puede ser que un capricho de perpetuarse en el poder nos esté llevando a la máxima goebeliana de calumniar, calumniar que algo quedará?