Importancia. La reconocida directora argentina habló con Brújula acerca de su corta pero influyente carrera cinematográfica. Polémica, sagaz, aguda, como sus filmes
Lucrecia Martel, una de las cineastas más importantes de la última década en Latinoamérica, respondió vía e-mail al cuestionario que Brújula le envió para hablar de todo lo concerniente a su carrera, aunque se excusó de hacer algún comentario sobre su próxima producción, basada en la novela Sama, del escritor argentino Antonio di Benedetto.
Martel, con solo tres películas, ha logrado trazar una nueva línea de lenguaje cinematográfico.
En esta entrevista habla sobre su proceso creativo, el concepto de familia, la importancia (o no) del sonido en los filmes y de las críticas hacia sus películas.
La ciénaga irrumpió en 2001, una película que sorprendió tanto por la trama como por la estética ¿Cómo la ve hoy, 12 años después?
No he vuelto a ver esa película desde el 2001. Lo que recuerdo son las dificultades de cómo se hizo. Estoy muy agradecida a esa película porque me permitió pensar sobre el lenguaje del cine y sobre la construcción del sentido que uno le va dando a la vida.
=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas
¿Cómo le caen las críticas a usted? Le pregunto porque un día La ciénaga es nombrada la mejor película de la década en su país, y otro día su filme La mujer sin cabeza es abucheada en Cannes…
Este es un trabajo muy hermoso. Entramos en lugares que serían imposibles con una excusa que no sea la del cine, la gente nos cuenta cosas muy íntimas que no nos contaría si no fuéramos personas del cine. El cine es todavía la patria de los sueños y he escuchado los sueños más dulces y más salvajes de personas que no hubiera podido conocer si no fuera por el cine. Los malos tragos en el cine son los abucheos, la baja taquilla. Hay trabajos en los que se le puede caer un techo de piedra en la cabeza mientras barren a una veta de estaño. Ésos son malos tragos. No puedo quejarme. Siempre ante esta pregunta recuerdo unas palabras que leí antes de hacer cine: la alabanza y los insultos ejercen en uno el mismo grado de violencia.
También tuvo algunos reclamos por La niña santa, muchos decían que trataba el abuso sexual, ¿es difícil para usted tener que dar explicaciones sobre sus películas?
Afortunadamente no he tenido que dar tantas explicaciones. Del abuso me han preguntado menos que de la vaca muerta en mi primera película. Un hombre que abusa de su poder sobre otro, este es mi parecer, es un mequetrefe, un infeliz, un personaje patético, no un monstruo. Convertirlo en un demonio es darles demasiado poder. Hay que quitarles poder a estos personajes. Todo abuso es un crimen, pero ningún abuso es irreversible. Eso es condenar a muchísimas mujeres y niños al sufrimiento eterno, a la vergüenza. Hace poco escuchaba a un padre desesperado de dolor diciendo: “arruinaron a mi hija para siempre”. El único arruinado es él.
¿Usted es muy cuidadosa a la hora de hacer sus películas, es por eso que solamente ha hecho tres hasta ahora? ¿le gustaría haber hecho más?
Soy lenta y, por encontrar alguna virtud en mi lentitud, creo que la necesidad de hacer una película por año es más del mercado de oportunidades que de la necesidad de compartir algo con los espectadores. Yo he perdido muchas oportunidades de hacer más películas, pero casi ninguna de hacer una película que quería hacer.
Algunos califican sus películas como de terror, al menos psicológico ¿Cuál es su opinión al respecto?
Más bien diría películas de miedo. Porque para mí las de terror no puedo ni verlas, justamente por eso, porque me dan terror. Y paso meses durmiendo con la luz prendida. El miedo que a mí me interesa es el miedo que sentimos cuando la realidad deja de ser algo objetivo, y estable, y comienza a generarnos sospechas. De esas sospechas uno puede dar un paso atrás o zambullirse en ellas. Es un miedo que da la posibilidad de actuar, no paraliza. El terror paraliza. Para que se entienda mejor, es el miedo que de niños nos daba subir a los árboles que sin embargo subíamos. Un miedo que la curiosidad puede soportar.
El eternauta era un gran proyecto, iba a ser un cine muy diferente al cine que estuvo haciendo ¿Le pesa mucho no haberla realizado?
Es un buen ejemplo de falsa oportunidad de mercado. Para filmar una película de esas características hace falta mucha complicidad con los productores, porque es un proyecto muy ambicioso. Lamentablemente no hubo esa complicidad.
Siempre menciona el sonido como lo más importante de sus películas, o al menos un detalle que las define ¿Cuánto trabaja en eso durante la realización? ¿Cómo escoge la banda sonora?
No creo que el sonido sea lo más importante del lenguaje audiovisual.
Es lo menos considerado. Nuestra cultura occidental se lanzó locamente detrás de la imagen y concebimos la narrativa en el cine priorizando el punto de vista y la palabra como sentido y no como sonido.
En este hallazgo extraordinario de la humanidad que es la perspectiva visual, nos quedamos sordos y solos. Siendo que la experiencia sonora nos sumerge, nos rodea, nos contiene. Es el único aspecto táctil del cine, porque el sonido es vibración y nos toca, nos atraviesa.
El sonido es más indomable, está más asociado con la oscuridad que con la luz. Y la luz, como ya sabemos, siempre ha sido una buena metáfora de la verdad.
Y ahí empiezan todos los desaciertos filosóficos de nuestra civilización. Si Cristo hubiera dicho yo soy el camino y la oscuridad, las cosas andarían mejor.
¿Qué director actual destaca? Ya sea argentino o de fuera de su país, ¿usted a qué director ve mucho ahora?
Respecto del cine actual argentino, hace poco he visto gran parte de la producción 2009/2012 de mi país y puedo darle nombres de algunos directores para tener muy en cuenta: Anahí Berneri (Por tu culpa), José Campusano (Vil romance), Gaston Sheuer (Samurai), Santiago Giralt (Antes del estreno, y Ulises Rossell, cuya última película es el documental El etnógrafo, que es excelente.
¿Qué películas ve antes de arrancar la realización de un nuevo proyecto de cine?
Para la película que estoy preparando ahora, que sucede en el siglo XVIII, me sirve más leer que ver películas. Así que estoy leyendo muchas crónicas de los siglos XVII, XVIII y XIX, sobre todo de los que anduvieron por el Gran Chaco (noreste de Argentina, sureste de Bolivia). No tengo televisión y veo mucho Youtube. Como hace todo el mundo, comienzo viendo la vida microscópica en el agua y termino descubriendo nuevas e impensables formas de fetichismo.
¿Cuál es la importancia de la literatura dentro de su cine? ¿Cómo la ha nutrido ese arte en el transcurso de su carrera?
Bueno, no soy una gran lectora de ficción. Ahora por ejemplo estoy leyendo mucho sobre historia de la técnica, sobre lingüística, sobre filosofía. Me gustan los libros que intentan explicar cosas muy concretas como una clepsidra o muy abstractas como el tiempo en la narración. Me parece un error leer esos libros como si fueran ensayos. Yo los leo como ficción.
¿Qué se plantea a la hora de escribir un guion?
Trato de armar un mecanismo absurdo que me permita acercarme a algo que casi nunca encuentro, pero vislumbro.
Sus tres películas se realizaron en locaciones fuera de Buenos Aires, en pueblitos, ¿esto se debe a que vivió hasta joven en una provincia o por qué?
Es raro cómo funciona la ciudad natal. Es un lugar del que me fui feliz y que añoro todo el tiempo. Filmar ahí es una forma de volver sin los conflictos de volver.
¿Cómo ha sido el trabajo de María Alché con usted este tiempo? Ella participó en sus películas, incluso en su corto para Miu Miu.
Solo participó como actriz en La niña santa y en el cortometraje Muta. Ahora escribimos algunas cosas juntas. Es una gran amiga. Compañera de aventuras. Nos gusta la ciencia y las clasificaciones. Podemos estar días pensando en base de datos y categorías espaciales, o remando en el río.
¿Cuál es la importancia de la familia en sus películas?
La familia es ese viejo invento que veneramos por flojera. Está más definida por las enfermedades que nos hereda, la intención de acumular capitales y un plan defensivo inútil que por el amor y el deseo de protección.
Yo creo profundamente que es el origen de la corrupción estatal, de la mezquindad, y de muchas otras cosas nada halagüeñas.
Me parece que es mucho más lo que excluye que lo que incluye. A esta altura de la civilización debiéramos probar con otro tipo de asociaciones. Creo que existe una felicidad mayor, donde un chico durmiendo en la calle sería inadmisible, pero para eso la idea de familia debiera ser otra.
¿Cuánto le cuesta plasmar el trabajo final en la pantalla? ¿Está conforme con todas sus películas?
Mire, no creo que nadie esté conforme con lo que ama hacer, porque si no dejaría de hacerlo. No siento que me cueste plasmar lo que quiero, más bien me cuesta entender que la gran mayoría prefiere otras cosas.
Finalmente, ¿conoce algo del cine boliviano?
Del cine boliviano he visto muy poco. Siempre los directores latinoamericanos terminamos las entrevistas diciendo: qué lindo sería si pudiéramos compartir más nuestras películas, nuestros libros, nuestro teatro, nuestra música. Bueno, por lo menos aquí llega el singani.
Me voy a preparar un chuflay
“Este es un trabajo muy hermoso. Entramos en lugares que serían imposibles con una excusa que no sea la del cine”
“El miedo que a mí me interesa es el miedo que sentimos cuando la realidad deja de ser algo objetivo”
“Creo profundamente que (la familia) es el origen de la corrupción estatal, de la mezquindad”
Fuente: www.eldeber.com.bo

