Bajo el Penoco – El Día
Tiene mucha razón el Gobierno cuando pone como meta central de su administración la distribución de la riqueza. Pero la manera cómo se reparte y, sobre todo, el origen de los recursos habla mucho del estilo de gobernar y más que nada de los objetivos que se han propuesto.
Por ejemplo, no es lo mismo repartir un botín, como lo hacen los asaltantes, pues en realidad eso es usufructuar de un golpe que ha dejado mal parado a un tercero por la pérdida de algún ingreso, un patrimonio o, peor todavía, una vida.
Ningún padre en su sano juicio le daría plata en efectivo a su hijo para que él mismo decida si lo invierte en educación, en salud o en comprarse una cama decente para dormir. Eso es repartir riqueza, pero más que nada socializar la estupidez. En el caso del padre, si se presentara alguna emergencia con el hijo, seguramente saldrá en su auxilio, algo que el Estado jamás haría porque “ya cumplió”.
Los únicos Estados que actúan como el jefe de familia responsable son los que piensan en el largo plazo, en conseguir sociedades maduras, bien educadas, democráticas y comprometidas. Son sociedades que jamás elegirían a un gobernante que regala plata en efectivo, porque sabrían que su finalidad es mantenerlos toda la vida con la mano extendida.
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El Día – Santa Cruz