Aldo y Evo, el pretexto para una reflexión urgente


Maggy Talavera

maggy-talavera Un gran alboroto provocó en Santa Cruz ver y escuchar al músico Aldo Peña cantando una cumbia de su autoría dedicada a la reelección del presidente Evo Morales. Había motivos para ello, más allá de la valoración de Peña como artista.

Es conocida su activa y hasta militante participación en las campañas y cabildos autonómicos cruceños a lo largo de la última década -defenestrados por el Gobierno central y su partido, el MAS-, pero también, al menos entre los círculos más íntimos, su radical posición regional en la confrontación camba/colla. No exagero en la lectura, ni estoy inventando nada.



Por eso, cuando vi el reporte de los noticieros de televisión, exhibiendo a Peña como el cantor invitado especial en el cierre de una de las actividades precumbre G77, realizada por el Gobierno en Santa Cruz de la Sierra, mi primera reacción fue de sorpresa.

"Oír a Aldo Peña cantar loas a Evo sorprende tanto, como sorprendería leer un artículo de María Galindo halagando a Gloria Limpias, ¿o no?”, tuiteé entonces, guardando, por supuesto, las diferencias entre los aludidos (dicen que nada ya debería sorprendernos, al menos en política, pero cultivo la esperanza de no dejar de sorprenderme nunca).

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Hubo una avalancha de reacciones, en todos los tonos posibles y marcados, sobre todo por dos extremos: el del furibundo rechazo que llegó al absurdo de llamarle "traidor” y hasta de desearle "muerte civil”, y, del otro lado, la ciega defensa con argumentos que confundían libertad al trabajo con la ausencia de coherencia e integridad.

Ambos casos repudiables. El primero, porque recuerda la intolerancia y el autoritarismo con los que actúan los que abusan del poder que ostentan, y el segundo porque raya en otro gran mal, la permisividad ante un pragmatismo también abusivo que alienta el "todo vale”.

Ninguno de esos extremos permite ver más allá de los fuegos artificiales que estallan con la noticia, ni superar el ruidoso estruendo para escuchar "entre líneas” qué sentido tiene el hecho y todo lo que le rodea.

Por ejemplo, que el MAS ha sumado otro "trofeo” en la guerra declarada hace ocho años para imponer una hegemonía político-cultural en el país. Porque, guste o no, Aldo Peña y su música carnavalera son uno más de los muchos referentes que hacen a la cultura cruceña (no digo que sea "el ícono” de la cultura cruceña, pero hace parte de ella).

Ahora se puede decir que Peña ya es parte del inventario de "trofeos de guerra” al que el MAS sumó antes a miembros de la defenestrada Unión Juvenil Cruceñista, amén de haber tomado prácticamente posesión del también vilipendiado campo de Fexpocruz. Hay más para añadir a la lista, pero no viene al caso. Me parece de mayor interés descubrir qué es lo que no se quiere ver tras la cantada de loas a Evo por parte de Aldo.

Y lo que cuesta enfrentar es una verdad: que por la plata baila el mono. Ya no importa si es cantante o empresario, reina de belleza o deportista, dirigente cívico o periodista… hay una facilidad asombrosa para olvidar ideales, luchas o valores ante la tentadora oferta de prebendas que llegan desde el poder.

Hay que aclarar: no es sólo frente al poder del MAS que el mono baila, diciendo que de algo tiene que vivir, que sólo hace uso de su derecho al trabajo, un trabajo que le niegan sus poderosos platudos locales. ¡Vaya impostura! Si fuera así, no habría qué criticarles a los profesionales que burlan sus normas éticas "porque de algo tienen que vivir”, o a los funcionarios y autoridades que aluden a la "obediencia debida” para justificar los atropellos (e incluso muertes) provocados por "órdenes superiores”.

Algo más: no es saludable querer vaciar de contenido político a cualquier ciudadano, menos a uno que hace y vive del arte. Peor en un momento de definiciones políticas, en el que corren serios riesgos de ser mutiladas esas doñas que les dan sentido a nuestras vidas: las libertades democráticas.

¿Exagero? No creo. Que lo digan el alcalde y los vecinos de San José de Chiquitos, en alerta desde hace días tras la denuncia de manipulación y fraude en el empadronamiento electoral en ese municipio. Pero este tema da para otra columna.

Página Siete – La Paz