Pese a tragedias, reina el descontrol aéreo en Beni


Riesgo. Los mecánicos usan cableados de motos y repues-tos usados en las avionetas. Pilotos y pasajeros vuelan sin medir consecuencias. Las autoridades aeronáuticas de la región se quejan por la falta de presupuesto, equipos y personal para dar las garantías necesarias. En los últimos seis meses, al menos 10 personas murieron en accidentes.

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Autos, motos, chatarra y avionetas. El aeropuerto de Riberalta esparte de la calle. Foto: JORGE UECHI

Rolando Aparicio Velasco – [email protected]

A un costado del aeropuerto de Trinidad (Beni) están asentados cerca de 20 hangares. Aunque en más de la mitad de ellos el movimiento es intenso porque hay avionetas en mantenimiento y reparación, solo dos de ellos cuentan con autorización de la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC).

Los mecánicos que no cuentan con el permiso de la DGAC aseguran que no hay diferencia entre ellos y los registrados, y que si “las auditorías y revisiones anunciadas por las autoridades fueran reales, ninguno tuviera autorización”, explicó un mecánico que avala su trabajo con 30 años de servicio.

“Hay algunos negligentes que incluso usan cableado de motocicletas y repuestos usados vetados de otros países, pero la mayoría hacemos lo mejor posible con lo que disponemos”, agregó el mecánico.

El director de la DGAC de Beni, Eloy Tanaka, afirmó que se están haciendo auditorías en los talleres y que después elevará un informe a la dirección nacional, para que defina acciones. La revisión a los talleres surgió después de que hubiera tres aeronaves siniestradas en dos semanas. Primero una avioneta matrícula 1479 (con más de 30 años de antigüedad), que salió de la comunidad La Asunta, zona del Tipnis, con destino a Trinidad, pero nunca llegó. A 20 días del hecho, la aeronave todavía no aparece.

El 23 de mayo volvió la tragedia con un avión Beechcraft, que despegó del aeropuerto Selín Zetum, de Riberalta, rumbo a Santa Cruz, pero se precipitó a tierra a 55 km de Trinidad. El piloto, Mirko Elorza, y una pasajera fallecieron en el siniestro. Un día después, una avioneta Cessna C-206 aterrizó de emergencia en la hacienda San Rafael, próximo a Trinidad, a consecuencia de desperfectos. Esta nave también partió de Riberalta con destino a El Trompillo. “Sobre los recientes accidentes, todavía se llevan a cabo las investigaciones. Las auditorías también son para los talleres y mecánicos a fin de descartar una responsabilidad técnica en estos hechos”, informó Tanaka.

La DGAC no precisó si las auditorías se extenderán a toda la región, aunque dijo que desde los accidentes se hace un riguroso control, sobre todo en Riberalta.

Riberalta, el control invisible

“Esas inspecciones solo son un protocolo donde revisan el papeleo. No miran las condiciones en las que tenemos que trabajar, la falta de repuestos en el mercado ni la falta de una escuela específica de mecánicos técnicos”, explicó un mecánico aéreo no autorizado de Riberalta.

En otro hangar muy cercano, Nicolai Guendler, piloto y único mecánico autorizado por la DGAC en Riberalta, comparó la situación de toda la aeronáutica en Beni con la de un circo pobre. “El dueño es quien vende las entradas y también el presentador, el domador y el chofer. Además, toda la familia está en el negocio porque solo así puede sobrevivir, y al león se le da de comer pollos muertos”.

Guendler afirmó que los controles son severos y que la parte mecánica está muy bien regulada”; sin embargo, en la DGAC solo hay un inspector en la ciudad, que por lo general se encuentra sentado en una banca al costado del caluroso aeropuerto donde ni los ventiladores de techo funcionan.

Lucio Suárez, único inspector de la DGAC, aseguró que existen controles, pero no se puede obligar a los particulares a ser más precavidos. “El trabajo de la DGAC es ver que se tenga en orden las bitácoras de pilotos, hélices y motor, que los talleres hagan su trabajo en regla y nada más”, explicó.

Destinados a lo obsoleto

El hermano de Guendler, Ariel, tiene una empresa de aerotaxis y detalló la imposibilidad de conseguir aeronaves en óptimas condiciones. “Una avioneta nueva en Estados Unidos se consigue en $us 200.000, pero hay que duplicarle el precio ($us 400.000) por cuestiones de aduana y transporte. En cambio una avioneta usada, de hace 20 años, cuesta $us 180.000 ya puesta en Bolivia. Los bancos no dan créditos para una avioneta por el estigma del narcotráfico. Para comprar mi última avioneta tuve que hipotecar mi casa”, contó.

Los pilotos consultados aseguran que hay solo una avioneta nueva en todo el norte de Beni y que es de Cola-Cola. La Asociación de Pilotos Privados de Riberalta explicó que lo mismo corre para los repuestos. ”Todo lo que hay en el mercado es usado porque para la DGAC es más fácil hacer supervisiones de rutina que plantarse frente al Gobierno y exigir las condiciones para un recambio real de equipos”, afirmaron mecánicos.

Aasana, en emergencia

“Venimos pidiendo cambio de instrumentos hace 15 años”, dijo René Villarroel, jefe de operaciones aéreas de Aasana regional Beni. “El aeropuerto de Trinidad tiene el mayor número de operaciones aéreas en Bolivia, no significa mayor afluencia de pasajeros, sino más número de despegues y aterrizajes (por las avionetas); sin embargo, es uno de los más inseguros del país. Nuestros instrumentos tienen más de 30 años de antigüedad”, aseguró. “Somos el único país de Sudamérica que no tiene radares. Las rutas de los aviones las tienen trazadas en la mente los operadores de las torres de control. Usamos tecnología obsoleta. Esto incide directamente en los accidentes”, dijo Daniel Márquez, operador aéreo.

Máquinas de escribir en las torres de control, avionetas con huecos en los paneles de control donde debería haber instrumentos de navegación, y falta de personal y presupuestaria crónica es la realidad de una región donde la aeronáutica es la única forma de transporte intercomunal

Fuente: eldeber.com.bo