Jinetes del Apocalipsis

Editorial – El País (Uruguay)

hamas11 El Profeta ha dicho "El Día del Juicio Final no llegará hasta que los musulmanes maten a todos los judíos que se esconden detrás de piedras y árboles. Las mismas piedras y árboles dirán, `¡Oh, musulmanes! Hay un judío detrás de mí. Ven y mátalo", reza el artículo 7 de la Carta Fundacional de Hamas. Mientras que su artículo 13 ahonda en este concepto y dice: "No hay ninguna solución para la cuestión palestina, excepto el Jihad. Todas las iniciativas, propuestas y conferencias internacionales son en vano y constituyen una pérdida de tiempo".

Estos objetivos de Hamas tal vez no descifren todo lo que pasa en Medio Oriente ni el largo conflicto de Israel con los palestinos ahora y los países árabes antes, desde su regreso al viejo territorio, por mandato de las Naciones Unidas. Pero deja algo muy claro: es muy difícil, si no imposible, conversar, negociar y llegar a un acuerdo con alguien cuyo único objetivo es destruir a la otra parte y que, desde su fundación, expresa que "no hay ninguna solución", que "todas las propuestas son un pérdida de tiempo", porque su misión en este mundo es la Jihad (guerra santa) y matar a los judíos, allí donde se encuentren. Sobre esta base, ¿hay mucho margen para negociar?



Durante años, Hamas ha disparado sistemáticamente misiles sobre las distintas ciudades israelíes. El daño era menor, porque se trataba de artefactos en desuso o de fabricación casera, pero en los últimos tiempos, al amparo del apoyo de Irán, el parque ofensivo no solo se modernizó, sino que aumentó en número: de 510 que se estima fueron disparados en 2001, se llegó a 2.248 en 2012. Llegan sin aviso, solo las sirenas lanzan su aullido para avisar a la población (niños, mujeres y hombres, más jóvenes o más viejos), que tienen escasos minutos –y a veces ni tanto– para alcanzar un refugio aéreo. Israel ha modernizado sus escudos de defensa, pero no son garantía total y absoluta de inmunidad.

La respuesta siempre ha sido complicada, porque se lanzan desde cualquier lado: desde la cercanía de una escuela (o dentro de ella) o desde el centro de la ciudad. Tampoco hay uniformes que identifiquen a los jihadistas; van todos como si fueran civiles, con su misma vestimenta. Y cuando viene el contraataque con el objetivo de silenciar esas baterías, las víctimas se cuentan por su ropaje y no por lo que han hecho ni lo que han provocado.

El conflicto de Israel con Hamas recrudeció violentamente en las últimas semanas y el fantasma de la guerra, de gente que muere, las víctimas, sobre todo los niños, han vuelto a sacudir las conciencias del mundo. Pero Hamas, que ha llevado la peor parte, ha vuelto a romper la tregua pactada hace escasas horas, como lo hizo días atrás. ¿Por qué?

¿Por qué entonces la dureza de muchos países, incluso con regímenes democráticos (Uruguay por ejemplo), en juzgar, vilipendiar y condenar sistemáticamente a Israel como responsable de todo lo que ocurre? Se acepta el argumento de ataques indiscriminados y se niega que se "planten" víctimas estratégicas. La verdad es que todo eso solo oculta al viejo antisemitismo de siempre. Podrá disfrazarse, retocarse o desfigurar bajo la irreprochable bandera del pacifismo, pero en el fondo, es otro (y vergonzante) el motivo.

Lo único que puede reclamarse a Israel, que es una democracia y como tal, ferviente creyente de los derechos humanos en toda su extensión, es la necesidad de redoblar una y mil veces sus esfuerzos en busca del diálogo. En no decaer y menos abandonar sus esfuerzos para lograr sentarse en una mesa de negociación, para insistir en el camino de la paz. Pero no puede quedar sola en este esfuerzo: Naciones Unidas y las principales potencias deben estar presentes en forma permanente porque lo que ocurre en Medio Oriente es responsabilidad de todos. Resulta un desprecio a la inteligencia que desde hace años y más años la gente se mate allí, sin que los hombres, como tales, encuentren algún medio de acercamiento.

Dos décadas atrás, Yasser Arafat, líder nacionalista palestino, jefe de Al Fatah y presidente de la Autoridad Nacional Palestina recibió junto el junto con el Primer Ministro israelí Isaac Rabin el Premio Nobel de la Paz, por sus esfuerzos a favor de la paz en Oriente Próximo. Los Acuerdos de Oslo que precedieron esa distinción, quedaron documentados para la mejor historia de la humanidad en las manos estrechadas de ambos dirigentes. Demostraron que se puede. La historia cambia y aquellos hombres ya no están, pero ¿no será posible que otros recojan su legado o debemos resignarnos a que los jinetes del Apocalipsis lleguen por Medio Oriente?