Hay un doble martirio cuando se busca justicia en Santa Cruz

Cada día, entre 5.000 y 6.000 personas ingresan al edificio y se topa con problemas de retardación de justicia y con dramas provocados por la infraestructura. Una inmersión en el lugar donde se cocina la vida judicial de una ciudad que demanda mejores servicios

Si la fila es muy larga, es posible que la espera sea de media hora para subirse a un ascensor

Si la fila es muy larga, es posible que la espera sea de media hora para subirse a un ascensor

Luciana siente un ardor en la panza cuando sabe que al día siguiente tendrá que acudir al Palacio de Justicia. No será un día fácil, dice entre dientes antes de acostarse y, ahora que está en el piso 14 de esta mole de cristal y cemento, siente que ya no tiene escapatoria y que aquí sufrirá por partida doble: “La mora procesal y la incomodidad de este edificio me están matando”, dice, acezando.



Luciana, una litigante que lleva a cabo un proceso judicial, está literalmente con la lengua afuera porque ha llegado hasta este piso a pie, por las gradas, porque, como ocurrió varias veces ya, cuando quiso tomar el ascensor se topó con una larga fila que podía demorarla por lo menos media hora. El miedo que tiene ahora, es que cuando llegue a la ventanilla del juzgado, el funcionario público le diga que el expediente de su proceso aún sigue con demora.

“Estamos viviendo una tremenda mora procesal, que se ve mayormente en los casos penales y se debe a múltiples factores”. Eso lo dice el propio Mirael Salguero, presidente del Tribunal Departamental de Justicia de Santa Cruz, que desde su oficina del segundo piso detalla que un juez tiene más de 1.000 causas al año y que, como llegan muchos procesos, a veces se pierde el control de los plazos.

“Hay procesos de 2006, 2007 y 2008. Hay detenidos preventivos desde 2006 (en la cárcel de Palmasola)”, dice la autoridad, que lamenta que el número de jueces no acompañe el crecimiento vegetativo de la población. “Hace 11 años (cuando la cantidad de habitantes no superaba el millón), había 11 jueces cautelares, ahora tenemos el doble de habitantes y solo aumentaron cuatro magistrados”, lamenta.

En los pasillos y en las gradas del Palacio de Justicia, los litigantes se quejan de esa mora procesal que causa una fuerte retardación de justicia. Eso hace que muchos, como Luciana o como Marioli H, estén obligados a visitar el Palacio de Justicia a menudo y padecer en carne propia la pesada burocracia jurídica, perdiendo tiempo y dinero.
La señora Marioli, por ejemplo, está pendiente de un procedimiento de divorcio que está llevando a cabo. “Está demorando demasiado y estoy gastando mucho dinero” por la demora, se lamenta.

Los abogados también se quejan. José Inturias, uno de ellos, está en el piso número siete, apoyado en la baranda de las gradas, tomando aire para seguir camino a otro piso. “Por lo menos yo subo 10 veces estas escaleras, necesito hacerlo para agilizar los procesos que se acumulan por la falta de jueces que generan una retardación en los juicios. A la falta de jueces se suman los problemas estructurales del edificio”, se queja.

Un gigante de 104 metros
El edificio del Palacio de Justicia empezó a construirse en 1989 y fue inaugurado en 1996, tiene 21 pisos, mide 104 metros de altura y tiene seis ascensores. De los tres que están disponibles para los 6.000 visitantes que llegan a diario, uno es compartido por los reos cuando llegan para estar presentes en sus audiencias.

El presidente Salguero dice que al poco tiempo de inaugurarse el edificio quedó en evidencia que los ascensores no abastecían y que en un momento se pensó en colocar aparatos panorámicos, pero eso quedó en el camino, porque costaban cerca de $us 2 millones.

Cuando los visitantes necesitan satisfacer sus necesidades fisiológicas se enfrentan a otro problema: los baños. Algunos tienen un olor agrio, otros están inhabilitados: los inodoros no tienen tapa o los urinarios están descompuestos y forrados con bolsas nailon.

Eso lo evidenció EL DEBER en su recorrido por las entrañas del edificio, y en el trayecto confirmó la queja con testimonios de visitantes, abogados y del presidente del Tribunal de Justicia de Santa Cruz, que dice que no solo hay problemas con los baños, sino que también existen problemas con goteras y filtraciones en época de lluvia. “En general, en techo y paredes. Tapamos en un lado y aparecen en otro lado, son parte de la estructura, cuesta mucho mantenerlo (el edificio)”.

Ronald Daga, encargado de infraestructura del Palacio de Justicia, explica que se acaba de invertir Bs 446.811 en el pintado, limpieza de los vidrios de la fachada y sellado con silicona de las filtraciones de vidrios.
Sobre la situación de los baños, Daga sostiene que se trata de un problema educativo, porque asegura que es la gente que los deteriora. “La gente no cierra los grifos, tironea el chicotillo de los tanques. Otros incluso llegan a la situación de utilizar los pisos para que sus hijos hagan sus necesidades, o de tirar su toalla higiénica en la taza del baño”, se queja, y puntualiza que la limpieza de los sanitarios se la hace bien temprano, a las 6:00 de la mañana.

“Pero no todos somos destructores”, dice una abogada que cuestiona la malacrianza de la gente y que también lamenta que haya baños que están arruinados desde hace varios días.

Las fotocopiadoras son otro nido de problemas. Aquí la gente se queja de que no están en cada piso y que en horas pico el asunto se hace insoportable, porque la demanda genera filas y hace perder por lo menos media hora.

Se ha firmado un convenio con el Colegio de Abogados, que es el encargado de brindar servicio con las fotocopiadoras.

Ellos se comprometían a renovar sus máquinas porque eran obsoletas, tardaban mucho o no sacaban las fotocopias y el mundo litigante se quejaba”, enfatizó Mirael Salguero. En las fotocopiadoras, ahora se puede leer un papel que informa que se han adquirido nuevas máquinas.

José Rivera, un muchacho que trabaja en una de ellas, dijo que en las jornadas más exigentes se sacan hasta 3.000 fotocopias al día.
Son las 11 de la mañana, y se ve a gente subiendo o bajando las gradas; hay otras que están sentadas, descansando o aguardando que su proceso jurídico deje de estar estancado

Fuente: eldeber.com.bo