Tuvo un hijo con un espía encubierto y la indemnizan con 500 mil euros

Reino Unido.Un chica del East End de Londres se enamoró perdidamente de un agente secreto en los 80, que se hacía pasar por activista de izquierda. Un día él desapareció. Y ella lo reconoció muchos años después en una foto del Daily Mail.cuarteles-policia-metropolitana-inglesa_La acción se desarrolla en 1984, en el East End de Londres. Una chica llamada Jacqui conoce a Bob Robinson, un progre melenudo carismático y de buena planta que detesta con toda su alma a Margaret Thatcher, y se enamora perdidamente de él. Y piensa que él también de ella, un flechazo en toda regla. Es su primer amor, y al cabo de un año tienen un hijo. Él está presente en un parto difícil, con inyección epidural, que dura catorce horas. Una prueba de compromiso.Pasemos el video hacia delante, un par de años. Bob le dice a Jacqui que tiene que huir del país y desaparecer, perseguido por la justicia por su participación en acciones violentas en defensa de los derechos animales, y que ya dará señales de vida. Pero ello nunca pasa, es como si se lo hubiera tragado la tierra. La chica no entiende nada. ¿No se llevaban tan bien? ¿No tenían un hijo juntos? ¿No era el amor maravilloso?Fast forward otros 24 años. Jacqui reconoce a Bob en una foto del periódico, que lo identifica como un ex agente encubierto de la SDS, de una unidad ultrasecreta de Scotland Yard dedicada al espionaje de grupos medioambientales, antisistema y de extrema izquierda. La relación con ella había sido una pantomima. Tenía una mujer y un par de hijos en el condado de Surrey, a unas decenas de kilómetros de distancia. Ello explica muchas cosas que en su momento, cegada por el amor, no había entendido.A los espías se les admite la seducción, es algo que va en el DNI, y en caso contrario no hay James Bond que valga. Un tío o una tía buena es la recompensa de jugarse la vida por la patria, y una manera de obtener información. Pero que policías encubiertos establezcan relaciones sexuales con una identidad falsa no es aceptado por la sociedad, se considera un engaño y un abuso de autoridad. Por ello, tras un largo y traumático proceso judicial, el Gobierno ha accedido a pagar a Jacqui medio millón largo de euros (425.000 libras).La única verdad de su amante es que se llamaba Bob. Pero no Robinson sino Lambert, infiltrado en grupos radicales por un periodo de cinco años. No es que tuviera que cambiar de identidad, que se dejara crecer una barba o un bigote, se tiñera el pelo de rubio o emigrara a la Patagonia, sino que regresó a las oficinas de la Policía Metropolitana para ser ascendido a inspector y convertido en jefe de la unidad de agentes encubiertos (SDS), cargo que ejerció durante la mayor parte de la década de los noventa.Jacqui no es la única víctima de este tipo de engaño. Scotland Yard asegura que sus hombres y mujeres no están autorizados a entablar relaciones sexuales al amparo de una identidad falsa, pero ello ocurre. Otra docena de casos están en los tribunales, aparte de centenares más que no han salido a la luz porque las mujeres nunca han llegado a saber que sus novios eran agentes encubiertos. Simplemente creen que el amor se desvaneció.»Me siento violada por el Estado -dice Jacqui, que ha quedado traumatizada y precisa atención psiquiátrica-. Lo mínimo que podía esperar era una disculpa, pero nadie me ha pedido perdón. Han pagado lo que ha dicho el juez y punto». Sin embargo su hijo, a punto de cumplir 30 años, ha entablado una «estrecha relación» con el padre que lo abandonó, en una historia propia de culebrón televisivo. Algo es algo.La ministra británica de Interior, Theresa May, ha ordenado una investigación sobre el comportamiento de los agentes encubiertos, pero más de boquilla que otra cosa. Vivimos tiempos de creciente intromisión del Estado a expensas de las libertades individuales, con el pretexto de la lucha contra el terrorismo.»Pero una cosa es que policías se infiltren en una célula islámica radical y otra que seduzcan a chicas de izquierda y tengan hijos con ellas», señala Jules Carey, el abogado de Jacqui. Bob Lambert fue desenmascarado en 2011 por activistas que denuncian los abusos de autoridad, después de haber dejado la policía y emprendido una nueva carrera académica, dando lecciones de moral en colegios y universidades. Un año después Jacqui vio su foto en el Daily Mail y se quedó con la boca abierta, y un disgusto que aún no se le ha pasado. Asegura que el dinero no es compensación suficiente, aunque a nadie le amarga un dulce. Fuente: clarin.com