Obispos venezolanos señalan al marxismo como responsable de la crisis

Emilio J. Cárdenas*EMILIO-CARDENAS-GRANDELa situación social en Venezuela es francamente desesperante. Todo falta o escasea. Dramáticamente.La gente dedica -diariamente- horas interminables simplemente a hacer cola. No tiene otro remedio. El alza constante de los precios generad por una inflación que está desbocada y supera el 60% anual y la necesidad obligan. Y está abiertamente disconforme.Por esto la popularidad del ineficiente -y primitivo- Nicolás Maduro está por el suelo. De donde nunca debió salir, presumiblemente. Al menos a estar a los datos que nos aporta algo tan indiscutible como es la realidad. Ocurre que obviamente Maduro carece ciertamente de capacidad para gobernar. Lo que ya es imposible de ocultar. A pesar de su grotesco aspecto de matón.Es hora de buscar las razones de lo ocurrido. Y de sacar conclusiones, para evitar que el desastre se repita. En Venezuela o en otros lares. La Iglesia Católica, el ejército del Papa Francisco, acaba de hablar. Y es tiempo de hacer conocer su posición. De difundirla a los cuatro vientos. Porque es inequívoca y valiente.Para La Conferencia Episcopal Venezolana, en una exhortación a la que se tituló “Renovación ética y espiritual frente a la crisis”, es hora de dejar de lado “concepciones ideológicas rígidas y fracasadas, así como el afán de controlarlo todo”.Su vocero, Monseñor Diego Padrón agregó que es necesario dar “seguridad jurídica y fomentar empresas eficientes”. Porque lo que sucede, nos dicen los valientes prelados venezolanos, es consecuencia de: “imponer un sistema político-económico de corte socialista, marxista o comunista” y de “atentar contra la libertad y los derechos de las personas y asociaciones”. Juicio clarísimo, por cierto. Y muy certero, por demás.Para los obispos, que representan al Papa Francisco, es necesario dialogar. Lo que es distinto de conversar. Porque el diálogo debe producir cambios que superen las angustias y los padecimientos de los venezolanos. Mientras, nos recuerdan, se respetan los derechos humanos y se descarta la violencia. Liberando, agregan, los presos políticos que los autoritarios -que se auto definen como “bolivarianos”- mantienen en las cárceles del país caribeño. Y no usar el sistema judicial sumiso al poder para amedrentar e inhabilitar -perversamente- a los adversarios políticos. A lo que agregan que también es necesario respetar la libertad de expresión y la existencia de medios independientes, coas que Maduro y los suyos no hacen, según es evidente. Para los obispos, el escenario del diálogo está listo. Es el Congreso de la Nación. La Asamblea Nacional de Venezuela.Para cerrar, los obispos repudiaron las recientes designaciones judiciales del gobierno de Maduro, en las que sólo se designan a sumisos, sin respetar la pluralidad política del país, ni las ideas de los demás, que hoy deben tenerse por mayoritarias, desde que Maduro sólo tiene el favor del 24% de los venezolanos. Nada.Alertas por las respuestas del gobierno, que suelen ser arteras, aclararon que es su deber hablar por su cercanía con un pueblo que sufre y por la misión pastoral que tienen, que los impulsa a ser “promotores de la dignidad humana y de la paz”.La valentía de los obispos venezolanos debe ser aplaudida. La certeza de su pensar también. Por esto nos hacemos eco de sus palabras, que encierran la verdad que los compañeros de ruta de los bolivarianos se empeñan en ocultar o disimular.*Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones UnidasEl Diario Exterior – Madrid