Katherine Escóbar. Se especializó en petróleo y gas, vivió y trabajó en Argentina, en una ciudad petrolera; regresó a su tierra natal para apostar por completo a su mejor inversión: su propio hogar. está feliz con la decisión

Parece serena en las fotos. Y las imágenes no hacen más que reflejarla. Katherine Escóbar de Suárez es como las aguas mansas: quietas y capaces de relajar con solo ser contempladas. Es blanca como la leche, delgada, de caminar tan suave como sus maneras, cual gacela.
Tiene 36 años, desde hace siete está casada con el español Eduardo Suárez Milford, con quien tiene un hijo, Mateo, y actualmente está embarazada de su segundo bebé y primera mujercita, Sofía.
Estudió Ingeniería Comercial e hizo cursos de Evaluación de Proyectos Petróleo & Gas en Argentina, donde vivió durante cuatro años junto a su esposo, que fue destinado a la ciudad petrolera Comodoro Rivadavia. Allí tuvo la oportunidad de trabajar en Repsol YPF. “Me parece un rubro apasionante y la experiencia en el sector ha sido muy positiva”, aseguró.Regresó a su tierra natal hace tres años y no se arrepiente de apostar nuevamente por Santa Cruz. “Volví por trabajo y no me arrepiento de la decisión, estoy feliz, aunque no puedo negar que extraño ciertas cosas de Argentina, como las buenas amistades que hice, pero Santa Cruz es una ciudad linda, que ha crecido y cambiado mucho, con gente alegre y amable. Y Bolivia es un país tan diverso y hermoso”, opina.
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Cuando pisó la urbe cruceña aumentó su apuesta por el hogar. Desde que fue mamá quiso dedicarse completamente a su familia y dejó de lado la faceta laboral; dice que no se arrepiente, y que es temporal: “fue una decisión difícil, pero siempre soñé con ser mamá, y la posibilidad de dedicar el tiempo necesario a mi hijo es algo increíble”, asegura quien por ahora se concentra en disfrutar su segundo y último embarazo (al menos esa es la idea), aunque más adelante se ha puesto en mente retornar a la esfera profesional. “Desde joven fui muy independiente”, asegura Katherine.
Esta decisión le ha dado, en poco tiempo, más que sacrificios, muchas satisfacciones. “Mi vida se modificó por completo; antes trabajaba, tenía mucho tiempo para mí, con lo cual podía tomar cursos de francés, de cocina y viajar. Siendo mamá las prioridades cambian, es una etapa muy linda y diferente. El amor de madre es lo más maravilloso que se puede llegar a sentir. Y en cuanto al matrimonio, para mí ser esposa es ser compañera, es compartir las cosas buenas y malas del día a día con mucho amor y respeto. Llevo siete años haciéndolo”, dice con entusiasmo.
Familiera como es, no se abandona a sí misma. Todos los sábados se escapa al salón de belleza, su cara ya es conocida ahí. Dice que esta rutina la relaja bastante, pero lo que no dice es que así, ama de casa, siempre la hace lucir perfecta, junto con sus prácticas de Power Plate y Pilates. Otra actividad que para ella no es trabajo, sino deliciosa pasión, es la cocina

Fuente: sociales.com.bo