Patricia Gosálvez
Escuela de San Sebastián de los Reyes (Madrid). / Luis Sevillano
Una cocinera da esforzadamente vueltas al potaje con una espumadera del tamaño de una raqueta de bádminton. En cada marmita —hay cuatro— cuecen unas 1.000 raciones de garbanzos con arroz. En esta cocina central que la empresa Serunion tiene en Málaga se preparan al día 20.000 menús escolares que podrán pasar semanas refrigerados y recorrer cientos de kilómetros para llegar a colegios de Tarragona o León.La cocinera lleva guantes, gorrito y mascarilla. “Ya verás, más que cocinar parece que están tratando el ébola”, ha avisado con malicia Pablo Alconchel, de la Plataforma por unos comedores escolares públicos de calidad, que aglutina asociaciones de padres y madres de alumnos (AMPAS), siempre recelosas del catering. “¿Tú qué preferirías, comida recién hecha o recalentada, insípida y aburrida?”, pregunta.
Piensen lo que piensen los padres, cada vez más colegios sirven comida preparada fuera del centro. En comunidades como Andalucía o Castilla y León, la mayoría de centros nuevos se construyen ya sin cocina, con un office que alberga solo nevera y horno para conservar y “regenerar” (recalentar, en la jerga del sector). En el País Vasco el 72% de los comedores ya sirven catering. En Andalucía y Castilla y León —donde las Juntas apuestan por el sistema de línea fría (comida refrigerada en vez de transportada caliente en el mismo día)—, los colegios con catering llegan al 67% y el 47%. Por el contrario, en Madrid el 85% de los centros conservan sus cocinas, y en Galicia, lo hacen el 80%.
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Cocina vs. ‘catering’
» JOSÉ MANUEL ÁVILA. Fundación Española de la Nutrición. “El catering de línea fría tiene ventajas higiénico sanitarias. A nivel nutricional, el reparto de ingredientes es más homogéneo y cumple mejor las fichas técnicas, porque en la cocina in situ la mano del cocinero puede modificar la receta. Los inconvenientes: la comida es menos variada, sobre todo en cuanto a técnicas culinarias —no hay plancha, ni texturas crujientes—. Es más monótona, todo sabe y huele más o menos igual, se pierde placer. Si desde pequeños no nos acostumbran a colores, sabores y olores distintos, de mayores no los demandaremos” .» JESÚS ROMÁN MARTÍNEZ. Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación.“Sanitariamente la línea fría es más segura. Si está bien hecha y bien recalentada, la diferencia gustativa es mínima. A la gente le parece de plástico, pero es un prejuicio basado en algunos escándalos con mucho impacto mediático. Es una decisión económica, de sabor no hay diferencia”.» JOSÉ MANUEL MORENO. Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría.“El método es secundario, lo importante es que la comida tenga todas las garantías y que sea variada, apetecible y sabrosa, ello se puede conseguir con la línea fría y en las cocina in situ. Otra cosa es la sensación que despierta la comida recién hecha. A mis pacientes con bebés les recomiendo que cocinen los potitos. Los que se venden son perfectamente buenos, pero al cocinarlos los padres se involucran… Si compras algo, sabes que está bien, pero si lo cocinas, te sientes mejor. Ver al cocinero, ponerle nombre, conocer su toque tiene un valor educativo. La línea fría garantiza la higiene, la calidad y la uniformidad, pero pierde esos matices”.» YOLANDA SALA. Asociación Española de Dietistas Nutricionistas.“La ventaja de la cocina in situ es psicológica. Los niños la huelen, ven que alguien la prepara… En lo gastronómico, todo dependerá de la mano de los cocineros y de cómo se retermalice la comida. En los catering el nutricionista tiene más control”.» BÁRBARA GUIDALLI. Observatorio de la Alimentación.“Sería importante mirar más allá de la comida y del debate catering/cocina in situ. Hay otros factores que olvidamos, por ejemplo que el comedor sea agradable, luminoso, bien ventilado. ¿Cuánto ruido hay?, ¿cuánto tiempo tienen los niños para comer? Que los niños coman depende tanto del sabor de la comida como del trabajo
Los detractores del catering —principalmente los padres— apelan al sentido común. Lo recién hecho es más casero y más rico, dicen. “Las instituciones externalizan el servicio para quitarse el problema de encima, y las multinacionales del cátering convierten la alimentación de nuestros hijos en un negocio”, se queja Jesús Salido, presidente de la Confederación de AMPAS. “Si ves algunas fotos que suben los padres a Internet se te cae el alma a los pies: raciones ínfimas, comida nada apetecible”.Los defensores del catering —-las propias empresas y las instituciones— apelan a su eficacia. “Garantiza la seguridad y el servicio, la economía de escala permite comprar mejores materias primas y, cuando hay pocos alumnos por colegio, en zonas de baja densidad, es la única solución viable”, afirma el Director de Política Educativa Escolar de Castilla y León, Fernando Sánchez-Pascuala.¿Y que dicen los expertos en nutrición? Básicamente que si se hace bien, da igual el modelo. Solo tienen claro que la línea fría es más segura que la transportada en caliente. Afirman que los nutrientes no se “pierden”, como temen muchos, con la refrigeracion, y que la única diferencia con la recién hecha podría ser el sabor, pero tampoco demasiado.A continuación, un menú con los distintos modelos que coexisten en los colegios públicos. Primero, una cocina industrial que hace el catering de miles de centros, segundo, la cocina in situ de un colegio donde se sirve comida recién hecha, y de postre, un experimento de comedor sostenible.
PRIMER PLATO: Garbanzos de ‘catering’
En las marmitas los garbanzos hacen chup chup y huele a puchero. La cocina de línea fría no es tan laboratorio como han advertido los padres. Se parece mucho a la cocina de cualquier colegio grande, con un par de llamativas ausencias: no hay plancha ni sartenes (todo se cuece o se guisa). Tampoco tablas ni cuchillos: para reducir la manipulación la verdura llega congelada y troceada.Las cocineras están acostumbradas a las visitas. Los inspectores de Sanidad llegan tres o cuatro veces al año, pero padres y profesores son invitados cada semana. Sobre todo cuando saltan a los medios noticias como el hallazgo, el pasado otoño, de larvas de gorgojo en la sopa servida en seis colegios de Castilla y León. “Nunca debió de haber ocurrido”, dice Isabel Jimenez, portavoz de la empresa, “pero por un incidente no hay que criminalizar un modelo que funciona”. La Junta de Castilla y León no rescindió su contrato con Serunion (como pidieron las AMPAS), pero la multó con 134.601 euros. Una sanción ejemplar: en 2014, cuando apareció una cuchilla en un plato, la empresa tuvo que pagar solo 908 euros.Serunion es líder en la restauración colectiva, un sector muy concetrado en el que 10 grandes empresas copan el 50% del mercado (según HostelMarket). La mayoría forman parte de multinacionales. Serunion es de la francesa Elior y cocina para 2.000 colegios (250.000 comensales): al 20% les surte con línea fría, al 12% con línea caliente, y gestiona la cocina in situ del 68% restante. “Nosotros ofrecemos lo que necesite el cliente, pero la tendencia en Europa es la línea fría, por seguridad sobre las otras dos”, dice la portavoz de la empresa. ¿Qué modelo es más rentable? “Depende” es la única respuesta disponible.Incluso dentro de la línea fría el tema del precio es complejo. En los colegios públicos, lo que pagan por menú los padres oscila entre los 6,80 de Aragón y los tres Asturias. En los privados puede llegar a 10 euros. Sin embargo, la comida que sirve el catering es la misma para todos. “Con unos se gana más que con otros, pero nun- ca se negocia con la calidad”, di- cen. Para que un colegio elija una empresa sobre otra, estas ofrecen cosas como menús gratis para profesores o más monitores.
SEGUNDO PLATO: Merluza recién hecha
“A final de curso vienen comerciales de empresas de catering ofreciéndome el oro y el moro… Pero en este colegio primamos la confianza y la comida recién hecha”, dice Julia Frías, directora del colegio público Antonio Buero Vallejo de San Sebastian de los Reyes (Madrid) que lleva 25 años renovando a la empresa Cutasa para que le gestione la cocina.Es el modelo más frecuente para las cocinas in situ: una empresa de restauración colectiva, contratada por colegio, AMPA, Ayuntamiento o Gobierno regional, organizar menús, hace la compra y contrata cocineros y monitoras. (Otros colegios gestionan directamente sus cocinas y los menos tienen personal público).En el Buero Vallejo han delegado en una empresa, sí, pero están muy encima. Cada par de semanas, un padre se pasa a comer con los niños, y todos los meses se reúne la Comisión del comedor (portavoz de la empresa, directora, un maestro y una madre). En una de esas reuniones se decidió que el chorizo se sacase de las lentejas y se repartiese a rodaja por plato para ser más ecuánimes. En otra, se cambió a un cocinero que no gustaba a los niños.Desde hace años cocina Moises (muchos niños le conocen por su nombre). Su especialidad, como buen marroquí, es el cuscús. No le molesta que los padres sean exigentes: “Me motiva, significa que valoran el trabajo
POSTRE: Fruta ecológica y local
Otros creen que la gran olvidada es cómo se compra. “Yo soy el antimodelo: una empresa muy pequeña que se gasta mucho en alimentos ecológicos y de proximidad, pero si aun así yo gano dinero

