Razones por las que detestamos que «ellos» se enfermen

El día en que mi marido tuvo sus primeras enfermedades después de casarnos, caí en cuenta de una diferencia enorme entre ellos y nosotras: cómo se comportan cuando se enferman.

Para reír un poco, te comparto las razones por las que nosotras detestamos que “ellos” se enfermen.

La gripa los tira



Creo no equivocarme al decir que a todo mundo nos ha dado una gripa, incluso nos pasa de dos o tres veces por año o hasta más cuando tenemos niños pequeños.

Sin embargo, con gripa y todo, las mujeres seguimos haciendo las mismas cosas: levantarnos, hacer el desayuno, arreglar a los niños para la escuela, limpiar la casa, comprar lo necesario para la comida…

Pero si ellos empiezan a sentir los síntomas del resfriado, entonces sí, el mundo se detiene. Avisan en su trabajo que están enfermos, se acuestan en la cama y todavía tienen una peculiar voz para decirnos cuando necesitan que les acerquemos algo, como si nosotras no tuviéramos suficiente qué hacer (les confieso que cuando esto sucede, he tenido ganas de hablarle a mi suegra para que atienda a su hijo, pero luego recuerdo que yo soy su esposa y se me pasa).

En fin, mujer con gripa no pasa nada, hombre con gripa ¡cuidado! O huyes de casa, o tendrás que ser la enfermera en las próximas horas.

Nunca quieren ir al doctor

¿Qué problema tienen los hombres con acudir al doctor?

Cuando mi esposo se siente mal me lo hace saber y mi primera respuesta es que hay que ir con un especialista, pues no es bueno automedicarse, sin embargo, muchas horas después, sigue quejándose pero no toma medidas.

Si ellos se quejan de que no vamos al baño solas, pues yo me quejo de que ellos no son capaces de ir al doctor y menos sin acompañante.

No soportan tanto dolor

 

Un día estábamos sentados todos en la mesa disfrutando nuestra comida, cuando de repente mi marido se agacha a recoger algo que uno de mis hijos había tirado y ¡oh no! un dolor repentino en la espalda le impide levantarse… mi primer pensamiento fue agarrar a los niños y decirle que había olvidado que tenían una fiesta infantil y salir huyendo.

Sin embargo, realmente le dolía, por lo que tuve que empezar con los primero auxilios de siempre: ayudarlo a caminar hasta la cama, a recostarse para descansar y prenderle la tele para que no se aburra.

Todo esto me hizo recordar que yo he tenido tres partos (dos de ellos cesáreas) y con todo y los puntos aun me tenía que levantar, lavar biberones, atender a mis otros hijos y procurar la lactancia con el más pequeño. Con tantas actividades, pocas veces tuve oportunidad de que alguien me “prendiera la tele” para no aburrirme.

Fuente: www.imujer.com