El cerebro, como un músculo, necesita ejercitarse, en Santa Cruz se abrió una unidad de memoria para ayudar a personas que enfrentan olvidos frecuentes

En apuros se ve María (nombre ficticio) cada vez que se encuentra con alguien que la saluda amablemente, pero ella no logra recordar ni el nombre ni de dónde conoce a esa persona. Eso la obliga a improvisar la charla disimuladamente para evitar ser descortés.
En similar situación se ve Marco, que a veces no se acuerda dónde deja las cosas, con lo que debe dedicar un tiempo extra a la búsqueda del objeto extraviado.
Las fallas ocasionales de la memoria pueden presentarse a cualquier edad y eso no significa necesariamente que la persona tenga un problema médico.
Sin embargo, es importante identificar qué está causando realmente esos olvidos eventuales para hallar una solución oportuna, aconsejan los expertos. Algunos de esos factores pueden ser el estrés, la depresión, la ansiedad, la tensión, la falta de actividad física o de ejercicio mental, entre otros problemas.
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El cerebro, al igual que un músculo que se entrena, necesita ejercitarse, por lo que frecuentemente hay que plantearle nuevos y mayores desafíos, coinciden en afirmar el siquiatra-sicoterapeuta Guillermo Rivera y la neurosicóloga Ninoska Ocampo-Barba.
Lo que se aconseja hacer
“La memoria es un ingrediente fundamental del pensamiento, de la creatividad y de la proyección en el futuro. Además puede proteger al cerebro contra el declive asociado a la edad o a las enfermedades que a veces acompañan”, explica Rivera. Por eso considera que es importante mantenerse físicamente activo, seguir una dieta saludable, disfrutar de las actividades sociales y preservar el cerebro ágil mediante diversos ejercicios mentales.
Por su parte, Ocampo-Barba recomienda dar más ‘tareas’ al cerebro. En su opinión, si bien la tecnología facilita muchas actividades de la vida cotidiana, esa practicidad está haciendo que ejercitemos menos la memoria.
“Debemos obligarnos a memorizar y a recordar nombres, números de teléfonos, direcciones o compromisos hechos. No tenemos que volvernos tan dependientes de la tecnología o de las agendas. Hoy en día nos confiamos en que todo lo tenemos registrado en el celular o anotado en un papel y no ejercitamos el cerebro. La lectura y las conversaciones frecuentes son buenas aliadas de la memoria. Llegar a casa por rutas distintas también ayuda a mejorar nuestra atención y a salir de la rutina”, puntualiza.
Para aprovechar adecuadamente los dispositivos tecnológicos, sugiere en el tiempo libre usar el celular para leer información útil por internet, jugar Sudoku u otro juego de concentración. Además, aconseja entrenarse en estrategias de resolución de problemas.
El sueño necesario
El siquiatra y sicoterapeuta Guillermo Rivera recuerda una vieja máxima que dice: “No basta aprender, es preciso memorizar y para memorizar es preciso dormir”.
Así remarca que la retención de lo que se aprende es mayor cuando el aprendizaje es seguido de un buen periodo de sueño. “Cuando uno duerme, el cerebro se aísla de las interferencias del exterior, manteniendo firmes los recuerdos recientes. En cambio un mal sueño aparejará al día siguiente problemas de memoria”, indica.
El efecto de las emociones
Por otro lado, Rivera explica que la emoción actúa como un amplificador del recuerdo. Es la que aporta consistencia y viveza a los acontecimientos del pasado.
“Tendemos a recordar lo que nos emociona y a olvidar lo que nos es indiferente”, asevera y lo ejemplifica con un dicho popular: “La gente olvidará lo que le digas, olvidará lo que hagas, pero jamás olvidará cómo la hiciste sentir”.
“El sueño o las emociones pueden verse afectados por el estrés, la ansiedad, la depresión, el uso de alcohol o drogas y la menopausia. Adicionalmente la hipertensión o las lesiones cerebrales también afectan a la memoria”, concluye este especialista.
Entretanto, la neurosicóloga Ninoska Ocampo-Barba enfatiza en que hay situaciones de alta tensión o de emociones fuertes que pueden impactar eventualmente en la memoria. Menciona, por ejemplo, el caso de niños o adolescentes que ante un examen sienten su mente en blanco, pese a haber estudiado, o el de jóvenes o adultos con conflictos de pareja, problemas de trabajo, de estudios o preocupaciones sobre su futuro que olvidan cosas muy a menudo.
Cuándo es preocupante
Cuando las fallas de memoria se acentúan y empiezan a interferir en la capacidad de estudiar o trabajar, en las actividades de la vida cotidiana o en las relaciones personales es momento de buscar ayuda, señala Guillermo Rivera.
En ese caso, recomienda acudir primero al médico de confianza y luego, si es necesario, visitar a un neurólogo, sicólogo o siquiatra.
“Y es que si el impacto del problema de memoria persiste, la productividad baja. En los estudiantes sobreviene la frustración académica y en los adultos mayores puede desencadenar algún trastorno cognitivo mayor. Cuanto más pronto se trate, mejor pronóstico se tendrá”, insiste.
Por su parte, Ocampo-Barba cree que este tema debe preocuparnos desde que se presenta. “Los olvidos, por más que sean casuales, no aparecen por nada. Algo está pasando en nosotros y tenemos que descubrir qué es”, indica.
Hay que estar atentos a reacciones que pueden ser una señal de alerta: olvidar los nombres de los seres queridos o desconocerlos, desorientarse en lugares conocidos, perder constantemente la noción del tiempo, olvidar los compromisos, tener dificultad para retener información o aprender cosas nuevas, incapacidad para rellenar documentos, repetir las mismas frases, perder cosas, hablar mucho del pasado, etc.
Fuente: eldeber.com.bo