Adolfo Castells MendívilHace más o menos un mes, María Corina Machado fue inhabilitada por 12 meses para el ejercicio de cargos públicos, según le notificó la Contraloría General de la República bolivariana, sin dar detalles sobre las causas. Corina es una de las figuras con más carisma de la oposición venezolana y de mayor reconocimiento entre los candidatos que iba a presentar la oposición en las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre.Recordemos que ya Machado, en marzo de 2014, fue destituida de su cargo de diputada en la Asamblea Nacional por «traición a la patria» al haber aceptado ser «Embajadora alterna» de Panamá ante la Organización de Estado Americanos (OEA).Sigue así organizándose el fraude pre-electoral que desde hace tiempo está pergeñando el gobierno de Nicolás Maduro y es otro eslabón más de la cadena de prisiones, proscripciones y destituciones de opositores como la más notoria la de Leopoldo López, que se complementaría con la presión sobre los funcionarios públicos, el miedo que procuran inculcar a los ciudadanos que se manifiesten en contra del gobierno, complementados por el fraude electoral directo: el voto de los muertos, las trampas en las actas y el sufragio electrónico y tantas cosas más,En efecto, Maduro denunció una emboscada realizada por desconocidos, en la que habrían resultado heridos tres soldados de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB). Y luego, el pasado 18 de agosto, anunció que cerrará durante 72 horas el paso de la frontera de su país con Colombia, específicamente en el área de San Antonio del Táchira y Ureña.Según la Cadena Telesur (bolivariana y frenteamplista), los heridos son los tenientes Alexis Rodríguez de 28 años, quien fue tiroteado con armas largas, Daniel Veloz Santaella de 23 años y el soldado Miguel Núñez, de 22 años.Con Hugo Chávez de un lado y Álvaro Uribe del otro, evidentemente las relaciones entre Caracas y Bogotá fueron malas pero con altibajos, ya que Chávez era mucho más sutil que su sucesor y pese a que en su discurso Colombia ocupaba un lugar recurrentemente maléfico, también jugó alguna carta discreta para el acercamiento a las FARC y presentaba a Venezuela, como una víctima del conflicto colombiano y del narcotráfico.Mas luego, resulta que un chófer de metrobús toma las riendas por deceso del “dios” bolivariano, y lo que era una política exterior censurable, pero con metas e implementaciones imperial-populistas definidas (como el fortalecimiento del ALBA y la financiación de los amigos) se convierte en una mala copia del bolivarianismo inicial y el tema colombiano se convierte en la cortina de humo preferida por Maduro, a más del siempre presente antiamericanismo, pero su implementación es digna de un paranoico de pocas luces.Dice al respecto el politólogo Carlos Romero, en El Tiempo: “Al igual que señala a EE. UU. por el antiimperialismo, Colombia es un trapo rojo para su política exterior y para la conducción del presidente Maduro, quien cree que con eso puede movilizar a su favor a la población y mantener los apoyos que tanto necesita en este momento de crisis y antesala electoral”.Entonces convierte a Colombia en el centro del torbellino de su huracán internacional y de su agenda política. Por ello, además, del cierre de fronteras y la declaración el viernes del estado de excepción en cinco municipios de Táchira, buscando —según Maduro— “extirpar los tumores malignos del paramilitarismo colombiano, las bandas criminales de Colombia que han sido traídas a Venezuela, vinculadas con el contrabando y un plan de desestabilización política”.Recordando la política colombiana de Maduro, en mayo de 2013, el Presidente Santos recibió a Henrique Capriles (ex candidato opositor, pero también Gobernador de una estado venezolano). Maduro lo calificó como una “puñalada por la espalda a Venezuela” y eso le sirvió. para afirmar que se preparaba una atentado en su contra en Colombia. “Llegó a Colombia un grupo de expertos americanos con un veneno y están preparados para venir a Venezuela a inocularme el veneno a mí. No para que me muera un día, no, para enfermarme”.Luego el Presidente venezolano acusó al expresidente Álvaro Uribe como el jefe de un plan para asesinarle e infiltrar paramilitares: “Cuidado Venezuela, cuidado, que detrás de esto puede estar la mano de Álvaro Uribe”. Y para el gobierno venezolano el desastroso estado de las finanzas es consecuencia de una “guerra económica” en la que está implicada la derecha venezolana, pero también Colombia con el contrabando de extracción y las remesas enviadas por los colombianos residentes en Venezuela.Y su acusación de que el paramilitarismo organizó y ejecutó –apoyado por la oposición– el asesinato del diputado Robert Serra de la mano de un colombiano apodado el ‘Colombia’. Y así sucesivamente. En 2015, las quejas de Maduro sobre Colombia solo han empeorado. En febrero le tocó el turno a la prensa colombiana, a la que acusó de ejecutar una “campaña de manipulación, odio y mentiras contra Venezuela”.Mientras tanto, delegaciones de Colombia y Venezuela, encabezadas por sus cancilleres, comenzaron en Cartagena una reunión para discutir la crisis en la frontera común, detonada por la decisión de Caracas de cerrar el principal paso fronterizo y deportar a más de un millar de colombianos.Si a todo lo anterior le agregamos que la Asamblea Nacional venezolana, presidida por Diosdado Cabello, aprobó el estado excepción en la frontera con Colombia solicitado el viernes por Nicolás Maduro, para luchar contra el contrabando y el hampa, entendemos por qué la oposición acusa al gobierno de eludir con ello la crisis económica y forzar el retraso de las elecciones.Porque en el fondo de eso se trata, da la impresión de que ahora la cosa parecería cambiar y Maduro ni siquiera estaría dispuesto, con todas esas armas ilícitas que hemos enumerado, preelectorales y electorales, a arriesgarse a perder la elección parlamentaria y de ahí hace explotar con más fuerza “la crisis colombiana”. Quizás como excusa que la conmoción interna y la amenaza internacional no den garantías para llevar a cabo un acto electoral.Ojalá me equivoque. Pero conociendo la mentalidad de Maduro y bolivariana en general, más la pusilanimidad o complicidad de la mayoría de los gobiernos del continente, es una posibilidad a no descartar.Correo de los Viernes – Montevideo