21F: El quid de la cuestión

yanezArturo Yáñez CortesDe manera interesada, apresurada o tal vez por aquella tendencia a simplificar las cosas quedándose sólo en su cáscara, tengo la impresión que estamos cayendo en el grave error de simplificar el 21F al sí o no: al antojito de los, a esta altura del partido, eternos candidatos, para que sigan siéndolo, for ever…Pues bien, sostengo que aunque como efecto de lo que la propaganda ha estado insistiendo en estos días, puede resultar difícil huir de aquella simplificación bastante tendenciosa por cierto, dada la absoluta imposibilidad de justificar, desde cualquier perspectiva medianamente razonable, que unos ñatos por muy populares que sean, hasta capísimos sí fuera el caso (que no lo creo…) e incluso sumándole cualquier otro adjetivo fabricado por el llunkherio plurinacional, se eternicen en el poder aun usando al soberano, al extremo de no tener el menor reparo en hasta hacerse organizar un referéndum (con todo lo que ello implica en cuanto a gastos, energías, etc.), para simple y llanamente, intentar seguir satisfaciendo su angurria. El quid de la cuestión es otro y no sólo depende de coyunturalmente quienes sean los aspirantes.Consiste, desde mi punto de vista, en que el 21F le brinda al ciudadano la oportunidad –ojalá no sea prostituida por las estrategias envolventes de los expertos en el rubro y con la complicidad (para [email protected] cojudez…) de su “Tribunal” electoral– para rescatar la esencia de un régimen genuinamente democrático, en caída libre desde hace varios años por la doctrina del meterle nomás, aunque sea ilegal.Para ello no estoy considerando como el único ni el más importante de los elementos de un régimen de esa naturaleza el que así sea semanalmente vayamos a votar y/o elegir según el caso, sino pienso en muchos otros elementos de relevancia que más allá de las urnas (si es que hubo fair play antes, durante y después) caracterizan lo democrático de un régimen. Es decir, no basta el origen del mismo sino, fundamentalmente, su desempeño.Piensen por ejemplo, en una real división de poderes, muy diferente a que el legislativo se limite a levantar la mano para aprobar sin lugar a pensamiento o discusión las órdenes de su jefazo; a que el judicial ponga límites al ejercicio arbitrario del poder y no sea más bien –para vergüenza– el primero en vulnerar los derechos ciudadanos a quienes debiera proteger del estado y del gobierno que lo administra (y ahora sirve); en el adecuado respeto de los derechos de todas las personas, incluyendo a los de las minorías (que siempre son circunstanciales); el garantizar a [email protected] (oficialistas, opositores o al ciudadano común incluyendo al sospechoso de cualquier delito) el debido proceso formal como substancial en todos los ámbitos y especialmente, en los actos de poder y, hasta en huir de convertir la administración pública en una cleptocracia, con pretensiones de impunidad indefinida. Naturalmente, también implica la alternabilidad en el ejercicio del poder. Elementos que formulo, sin pretensiones de exhaustividad.Por tanto, eso es lo que está en liza el 21F, por lo que según ese entendimiento, a usted le toca elegir en la cabal expresión de ese término si quiere tener dictadores así sean “electos” (Hitler también fue electo y hasta se eligió a Barrabás antes que a nuestro Señor Jesucristo) para que ejerciten el poder por los siglos de los siglos, metiéndole nomás por encima hasta de sus propias normas. A propósito, Laje dice: “…para sobrevivir a su propia lógica interna, la democracia precisa de límites al poder y garantías de libertad para los ciudadanos. Aquí entra en escena el componente republicano del cual precisa toda democracia moderna para no autodestruirse. Los límites al poder político, que resultan de una fragmentación de poderes en permanente control recíproco, evitan que de la democracia surja, sin más, el totalitarismo o autoritarismo de un poder autocrático”.El Día – Santa Cruz